Producir con ciencia y tecnología de cara al pueblo.

Alí Rodríguez Araque es un conocido combatiente revolucionario vencedor de mil batallas en la montaña de la burocracia. Entre ellas, fue victorioso timonel junto a Chávez en la tormenta del paro petrolero de 2002-2003. Escribió el libro Servir al pueblo, el desafío socialista, tomando como título la máxima conseja del presidente Mao “servir de todo corazón al pueblo”, en el devenir de la teoría y la acción. En dicho texto expone un concienzudo análisis del tránsito de la Venezuela agraria a la Venezuela petrolera y los lazos de la dependencia que la han maneado. Para superar las taras de nuestro aparato productivo propone fortalecer el mercado interno como uno de los factores para salir del círculo vicioso de las importaciones, característica perversa del rentismo petrolero.

La estrategia contenida en su obra se soporta básicamente en el poder de empuje del desarrollo de la agricultura, la industria y la tecnología, sin prescindir del ingreso proveniente la producción petrolera. Se refiere a la agricultura:

“Allí encontraremos, por un lado, el primer factor de potenciación de nuestra productividad agrícola pero también, por el otro lado, el primer factor que puede dar lugar –con seguridad que lo hará- al fenómeno de excedentes exportables, tanto agrícolas como industriales y agro-industriales”.

Para crear una economía más equilibrada y menos vulnerable pasa debemos romper el círculo vicioso de la paradoja de las importaciones. Es imperioso basar esta estrategia en el conocimiento acumulado socialmente y propiciar la innovación y sus aplicaciones en las áreas de mayor fortaleza de nuestra economía. Por ejemplo, ampliar los encadenamientos de la industria petroquímica. Cien años de explotación de nuestros hidrocarburos mirando a los centros de poder han generado suficiente experiencia para masificar el uso de estos conocimientos, junto a la conciencia plena de los abundantes recursos para alimentar un nuevo modelo productivo mirando al sur global. Al respecto cito nuevamente al comandante Fausto:

“Una estrategia como la que planeamos, exige el desarrollo de una industria petroquímica capaz de convertir los suelos pobres, áridos, de baja productividad, en verdaderos vergeles. Debe sumarse la experiencia científica que ha arrojado suficientes enseñanzas de cómo utilizar adecuadamente los medios [bio] químicos, sin provocar los desastres ecológicos denunciados en países que, guiados por una estrategia de mero lucro, experimentaron la contaminación de sus aguas y el enrarecimiento de su ambiente”.

Esto es, para la formación de un vigoroso mercado nacional y lograr la exportación de los excedentes, la palanca está en el fortalecimiento del polo petroquímico de Suramérica gracias a la abundancia de nuestros hidrocarburos y la posibilidad del encadenamiento aguas abajo de PEQUIVEN y sus empresas filiales. El destino es nuestro creciente mercado de insumos agrícolas, y ofrecer sin restricciones los excedentes para los productores agrícolas de la subregión caribeña y sudamericana.

En tiempos de la implementación del Sistema Único de Compensación Regional -SUCRE, del cual fue un impulsor decisivo el entonces Ministro de Economía y Finanzas Alí Rodríguez Araque, los productores ecuatorianos de bananos y otras especies frutales recibieron de PDVSA las corrientes de fertilizantes que les negaba la industria química norteamericana bajo la excusa de los cupos y cuotas de exportación. Usan el sofisma de productos controlados para limitar la sana competencia de los productos de exportación.

En el planteamiento contenido en Servir al pueblo se encuentra evidencia de otras herramientas de apalancamiento de la oferta interna de bienes y servicios. Por ejemplo, la combinación del uso de los recursos hasta ahora destinados para importar lo que debemos producir internamente y la captación de inversión internacional.

Agreguemos a esa formula el aprovechamiento del mercado adyacente a Venezuela. La diversificación de mercados de exportaciones lo podemos ilustrar recordando el caso del oxígeno enviado desde Sidor a los centros de salud de Manaos en tiempos de pandemia. Ningún productor de oxígeno del complejo industrial ubicado en el sur de Brasil, octava economía en el mundo, puede superar la ventaja competitiva ofrecida por la producción de la planta de Puerto Ordaz. Sumando el poder de la demanda del mercado adyacente: norte de Brasil, las Antillas Orientales más Aruba, Curazao y Bonaire (frente caribeño, pues) y el territorio oriental colombiano. Apalancando el modelo con el ingreso incremental proveniente de la recuperación del mercado petrolero, fortaleceríamos las cadenas productivas locales.

Marcial Arenas

Luchador social, planificador, militante del PSUV y vocero del Consejo Comunal de la comunidad del centro sur de Caracas. Estudioso de la economía, las finanzas y del comercio exterior.