Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina).
El marxismo, como racionalidad que se interpela constantemente desde su propia condición de proceso histórico-social, ha desarrollado un esfuerzo por entender al Estado como intención que se subsume en la estratégica disputa de poder con los sectores dominantes. Así pues, la tarea de comprenderlo desde el materialismo histórico refiere inminentemente a la historia de cada Estado; al respecto nos marca René Zavaleta que “…Lo que importa, por tanto, es el recorrido de los hechos en la edificación de cada Estado”. (Zavaleta, [1984] 2015: 335)
Para Marx y Engels el Estado constituye unacondición de forma superestructural, cuya causalidad arriba del modo de producción o modelo de la estructura, de tal forma que encierra la manifestación de las irreconciliables contradicciones de clases. Su interés fundamental está en comprender el Estado moderno capitalista como la síntesis de la sociedad burguesa, que se constituye de manera compleja cuando asumen que el Estado queda sujetado a la sociedad civil como lugar donde se presentan las contradicciones y desarrollan los conflictos (Marx, 2008). René Zavaleta lo expresa de la manera siguiente: “… De ahí que la superestructura estatal parezca (lo que no quiere decir que lo sea) independiente: una independencia que ocurre, sea colocándose por delante de su base material… o rezagándose… En ambos casos, a nuestro modo de ver, la explicación se da no por la independencia del Estado, sino por la colocación del momento de eficiencia de la determinación en una zona u otra de la sociedad” (Zavaleta, [1978] 2015: 84).
La factualidad que está implicada en la teoría del Estado capitalista de Marx y Engels es justamente la osadía del método de razonamiento para llegar a la cualidad del Estado por medio de la historia, es decir, detectar la homogeneidad presente en la sociedad capitalista que viene dada por el modo de producción. La vida material de las personas integrantes de la sociedad no depende exclusivamente de sus voluntades individuales, sino que está determinada por el modo de producción, de donde devienen formas y relaciones que condicionan la vida (Marx, 2008). El Estado no es entonces un instrumento subordinante sino subordinado al sistema social visto en su totalidad; a saber, las relaciones de producción forman la estructura económica de la sociedad, es decir la base material sobre la que se alza una superestructura jurídica y política (El Estado). Esta relación entre el modo de producción de la vida material como condicionante del proceso social, político y espiritual de la vida y la sociedad, permite explicar el sentido historicista de Marx en tanto el Estado como una realidad dependiente de los diversos modos de producción.
Es comprensible entonces que el despliegue teórico de Marx y Engels al concebir al Estado como institución superestructural, esté enfocado sobre las relaciones sociales de producción de las cuales depende, de manera fundamental, la forma y característica que puede presentar el Estado (Marx, 2008) (Engels, 2006).
En términos generales, al hablar de Estado en la mayoría de los casos, decimos de la maquinaria institucional e ideas que condicionan las percepciones de la sociedad en su conjunto. La materialidad del Estado es el lado institucional, el aparato que claramente vemos sujeto a la estructura, el régimen propio de gobierno, que se diseña y rediseña según el clima histórico que atraviesa, se adecúa al devenir de cada determinación social; Zavaleta lo ilustra con el siguiente ejemplo: “…El Estado inglés es un Estado capitalista; pero la monarquía inglesa no es una necesidad o ley del modo de producción capitalista, sino un resultado de la historia inglesa, o sea, del entrecruzamiento de sus superestructuras sucesivas” (Zavaleta, [1978] 2015: 83). A la materialidad del Estado, se complementa con lo simbólico, donde se conectan las creencias y las formas valorativas de lo social, todo el conjunto de formas que unen lo institucional y oscurecen la estructura, en palabras de García Linera: “…el Estado como idea colectiva, como sentido común de época que garantiza el consentimiento moral entre gobernantes y gobernados … nos referimos al Estado como relación de legitimación política o, en palabras del profesor Pierre Bourdieu (1987), como monopolio del poder simbólico”(García Linera, [2008] 2020: 428). Creemos que Marx lo mira así al referir que, “…La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio [überbau] jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina [bedingen] el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia”. (Marx, 2008: 4-5)
Aun cuando la estructura determina a la superestructura, no quiere decir que existan por separado o que siempre el modo de producción capitalista exista primero y el Estado después; es posible que para explicar el complejo asunto de la relación base y superestructura, suene de esa forma, con etapas y procesos destacados, pero no quiere decir que Marx y Engels lo pensaron universalmente así, de ser de esa forma, no podríamos explicar los Estados nacionales latinoamericanos. Es el método histórico de análisis de Karl y Friedrich lo que nos permite develar las relaciones materiales y simbólicas existentes entre la sociedad civil y la superestructura; ya bien lo señaló Zavaleta “…la simultaneidad de la base y la superestructura es el hecho central del conocimiento social (porque en el capitalismo no existe una parte desintegrada de la otra, así como los individuos no pueden existir para sí mismos), o sea que la sociedad existe aquí como una totalidad orgánica”. (Zavaleta, [1978] 2015: 80)
Creemos, apoyándonos en Zavaleta que los Estados latinoamericanos constituyen la fuerza productora que genera la base del modelo capitalista, no podrían entonces ubicarse solo en la superestructura, sino que tienen una posición en la estructura, esto sucede por cuanto los Estados capitalistas de la región devienen de forma implantada, no como en la mayoría de los Estados europeos donde la presencia de una nación y un mercado interno se presentaron como base para el nacimiento y consolidación del Estado; al contrario, es el Estado en nuestros países quien fue creando los mercados internos.
Incluso en los momentos de la conformación de los Estados-nación regionales la mayoría carecen de una burguesía conformada como clase, o en todo caso tiene una consistencia gelatinosa. El mercado interno y la nación misma es producto del Estado, lo que le otorga a este último un carácter contradictorio desde la fuente marxista, pero posibilita la comprensión de sus fuerzas y debilidades.
En Marx son escazas las referencias a los Estados de América latina. Pero el estudio sistemático realizado por diversos autores nos refiere a la noción de formaciones secundarias (Marx, 2007) útil para analizar el desarrollo del capitalismo en regiones periféricas. Esta idea remite a la existencia de formaciones sociales que en el desarrollo del capitalismo no vienen dadas por un proceso en el cual las contradicciones sociales propias del modelo se desarrollan en su territorio, sino que provienen desde fuera, producto de las contradicciones de los procesos de los que son dependientes, por esto constituyen un fenómeno de implantación. El Estado es el aparato clave que proporciona las condiciones para que el capitalismo se consolide; es causa más que consecuencia (Cortés, 2008) (Marx, 1988) (Marx, 2007).
El Estado no solo cumple el papel fundante de establecer el modo de producción, como forma histórica,va tomando su camino de cohesionador social interno, creador de cultura nacional y pieza en el concierto de la división internacional del trabajo; garantiza imponiendo las condiciones para la reproducción del capital, sin el imperativo del desarrollo interno de las fuerzas productivas. Son Estados que están bajo la presión constante del capital extranjero lo que dificulta los mecanismos para lograr bienestar general interno, pero al mismo tiempo se fortalece el aparato estatal como esencial lugar de disputa para las distintas fracciones dominantes (Zavaleta, [1984] 2015) (Cortés, 2008).
Zavaleta (2015) sostiene que el Estado en Latinoamérica juega un papel de productor social en el armado de las relaciones entre las clases dominantes y sus fracciones o sectores, pero asimismo da cohesión a las clases subalternas y populares, pues su identidad se va conformando en el transcurso de la constitución de la nación desde el Estado. El Estado en América Latina es entonces condición del mercado nacional para luego ser también quien responde por su funcionamiento y garantiza la distribución de las funciones a su interior (Zavaleta, [1984] 2015).
Esta caracterización del Estado periférico muestra su inconsistencia orgánica producto del proceso de implantación, de forma tal, que el aparato estatal está en su disposición como instrumento con finalidad clasista que implica la forma de su relación con la sociedad civil, en donde pueden presentarse diferentes sistemas políticos, con una robustez mayor o menor de la sociedad frente al Estado, es una relación en constante movilidad, donde las variaciones de dicha relación clase-Estado-sociedad civil están en continuo ajuste y movimiento.
De igual y persistente forma el Estado es el territorio de la disputa social, no solo para las diferentes fracciones de los sectores dominantes sino también para las clases subalternas que reclaman mayor participación democrática, inclusión económica, social y cultural, aun cuando las demandas tengan características reivindicativas o sean de carácter local.
*Este texto fue desarrollado en base a un artículo más extenso denominado “Los alcances de la acción colectiva. Herramientas conceptuales para el estudio de los movimientos sociales desde una lectura marxista: René Zavaleta Mercado y Álvaro García Linera” que forma parte del libro Conflictividad Social y Movimientos Sociales de FLACSO sede Argentina, en imprenta.
