Volver ante el Samán de Güere en Defensa de la Idea Bolivariana.

Por Miguel Ernesto Salazar / Fotografía @nawseas

“Juro por el Dios de mis padres, juro por mi patria, juro por mi honor que no daré tranquilidad a mi alma ni descanso a mi brazo hasta no ver rotas las cadenas que oprimen a mi pueblo por voluntad de los poderosos. Elección popular, tierras y hombres libres, horror a la oligarquía”.

Comandante Hugo Chávez Frías (17 de Diciembre de 1983).

El Juramento del Samán de Güere, coincidió, y no por casualidad, con el Bicentenario del natalicio del Padre de la Patria, El Libertador, Simón Bolívar.  El Comandante Hugo Chávez Frías, Acosta Carles y un grupo de oficiales del Ejército Bolivariano, deciden crear el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200 (MBR-200). Bolívar renacía como un haz de luz luminoso entre la oscuridad en la que la vieja práctica política de la IV República a lo que la vieja oligarquía y clase política a través de la historiografía tradicional habían ubicado al gigante de América.

¿Por qué Bolívar? El Juramento del Samán de Güere es la idea Bolivariana de reconocer a los excluidos y a los pobres, bajo el yugo imperial español de ayer y los pueblos amenazados de hoy ante la arremetida imperial en nombre de la democracia y la libertad. Las palabras del Comandante Chávez, un 24 de julio de 2002, marcan el camino de la necesidad del reencuentro con Bolívar doscientos años después: “…nuevas esclavitudes cruzan al Continente pobreza, desigualdad, hambre y desolación, desigualdades como nunca antes jamás. Hoy hay mayor desigualdad en América Latina que cuando había dueños y esclavos, porque hay nuevos dueños y hay nuevos esclavos y esta espada libertadora sigue vibrando, buscando o señalando el camino”.

Traer hoy, “al Padre Libertador, es (…) defender como pueblo su idea, su nombre, su doctrina, su esfuerzo”, ante la avanzada de la oligarquía que busca devolver a la oscuridad el rostro del Libertador develado por su pueblo. Si, la idea y el proyecto Bolivariano peligran, en Washington lo tienen claro, aniquilar el Proyecto Bolivariano es frenar la Revolución Latinoamericana. Es para los enemigos de Bolívar de ayer y de hoy, el objetivo prioritario de atinar un golpe final sobre una alternativa liberadora desde los pueblos de sur ante el capitalismo decadente.

Desde Monroe, en 1823, los enemigos de la paz, de la integración de los pueblos y de la democracia revolucionaria, han tenido claro aquellas líneas plasmadas por el poeta Pablo Neruda en el Canto a Bolívar: “Todo lleva tu nombre padre, en nuestra morada (…) Bolívar, capitán, se divisa tu rostro. Otra vez entre pólvora y humo tu espada está naciendo. Otra vez tu bandera con sangre se ha bordado. Los malvados atacan tu semilla de nuevo, clavado en otra cruz está el hijo del hombre”. Sepultar y esconder la idea Bolivariana, su legado, su hazaña, sus victorias, en el ayer y en el ahora, es el plan que está en marcha, para ello minar de dudas y desesperanza a los pobres que siempre han acompañaron a Bolívar en su lucha por la liberación de Nuestra América y que hace 24 años decidieron acompañar a la idea de Chávez que no es otra cosa sino la prolongación del pensamiento de Bolívar.

Desde Washington, la orden a los pitiyanquis es un guion repetido, recordemos lo hecho con el cuerpo del Comandante Ernesto Che Guevara, sepultar y esconder los huesos acribillados del Che suponía aniquilar su idea. Los enemigos del pueblo, sobre todo los que una y otra vez han sido derrotados con el coraje y decoro de cientos, de miles de hombres y mujeres, no ocultan su voluntad de sumergirnos en el terror, el odio y la dispersión. Bolívar también lo tenía claro: “Hemos conocido la luz, se ha rasgado el velo y ha aparecido la verdad”.

En el Juramento ante el Samán de Güere, el Padre Bolívar vuelve a encontrar la luz, “moral y luces”, vuelven a formar parte de la utopía posible. Como a Sucre a caballo que emboscaron en Berruecos, al Bolívar a caballo que “trae en la gualdrapa un arsenal de caricias para sembrar en la patria», también buscan emboscarlo. Los enemigos de hoy vuelven con la idea llevarle flores al Panteón Nacional cada Aniversario de tu muerte para asegurarse “que estés bien muerto Libertador, Bien muerto”.   

No se trata solo que la oligarquía desalojada del poder anhele reconquistarlo para vender PDVSA, va más allá de la privatización como idea neoliberal para la acumulación del gran capital, sino disolver el proyecto país dibujado en la Constitución. Suprimir la idea de República Bolivariana de Venezuela es aniquilar la idea Bolivariana proyectada en el futuro con Hugo Chávez. Es borrar cada rastro de irreverencia, rebelión, de democracia y libertad.

Es la idea plasmada en la carta de navegación que no hemos dado como pueblo la que está en la mira del enemigo, no solo es un Gobierno, un periodo constitucional bajo las fuerzas transformadoras y revolucionarias. La idea Bolivariana, Chávez, la ha descrito en este presente: “Este es un programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica. Partimos del principio de que acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo. El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI. Por eso mismo, es la base fundamental y el vértice principal del Proyecto Nacional Simón Bolívar. Primer Plan Socialista de Desarrollo Económico y Social de la Nación 2007–2013: nuestra carta de navegación en este ciclo que está culminando, enfatiza rotundamente su papel estratégico. Papel estratégico que en el próximo ciclo debe acentuarse todavía más.”

Este es el horror que siente la oligarquía, el poder en manos del pobre, del pueblo trabajador, del bolivariano indomable.

Pero a Bolívar hay que buscarlo también desde la lucha de los pueblos, hecho juramento ante el Samán de Güere, hecho movilización en cada calle de nuestra patria. Yare, Jabillito, Santa Lucía, Cúpira, Cartanal, Ocumare del Tuy, Las Minas de Baruta, Guatire, El Carpintero en Petare, Capaya y Mamporal en Miranda; Caña de Azúcar en el estado Aragua; Aragua de Barcelona, Chorrerón en el municipio Guanta, El Tigre, Píritu y El viñedo en Anzoátegui;  San Pablo y Chivacoa, estado Yaracuy; Valle de la Pascua y Camaguán en Guárico; Punta Cardón de la Península de Paraguaná, La Vega y San Agustín, el 23 de Enero en Caracas; Rebeldía y Barrancas en Barinas; Cariaco y Cumaná en Sucre; Cabudare y Duaca en Lara, Coloncito en Táchira; el Pueblo de Tinaco en Cojedes; Biruaca, Estado Apure; Maiquetía en La Guaira; Tucupita en Delta Amacuro; solo para citar alguno de los cientos de territorio que se han movilizado desde la estructura y participación de base de las fuerzas bolivarianas que acompañan al Presidente y candidato de la Revolución para el 2024, Nicolás Maduro. Es cada territorio haciendo su juramento para preservar y consolidar el ideario Bolivariano.

En la prosa del guatemalteco Miguel Ángel Asturias también encontramos al Bolívar, que ha inspirado el juramento ante el Samán de Güere y ante los miles de patriotas que se movilizan en cada rincón de la República: “Bolívar es la lucha que no termina”. Y parafrasearlo a Chávez, es “Bolívar es el parto que no termina”, es “Bolívar nace, así lo creo, todos los días en nosotros mismos; en su pueblo, en estos niños, en estas niñas; en los maizales, en el retoño de las plantas, en la lucha por la vida, en la lucha por la justicia social. Ahí Bolívar nace y renace. Por eso decía, parafraseando a Miguel Ángel Asturias: La lucha que nunca termina. El parto, el nacimiento que nunca termina. ¡La Patria, la Patria! La Patria Bolívar también decía Pablo Neruda. Ahora que hemos presentado este su rostro, este su rostro”.

«Todo tiene tu Rostro, Padre, en nuestra morada».

¡VIVA BOLÍVAR!