“La Otra Campaña”, ¿Quién pagó al flautista?

En memoria de Jhon Alvarez, revolucionario, quien vivió siempre bajo lo que le dictaba la conciencia. La Patria siempre primero aun a costa de la viva misma.

 “La Agencia llevaba tiempo dándole a una idea: ¿Quiénes mejor que los ex comunistas para luchar contra los comunistas?”.

Arthur Koestle.

“La participación de la CIA en la guerra cultural hace surgir otras cuestiones problemáticas. ¿Distorsionó la ayuda económica el proceso según el cual se manifestaron los intelectuales y sus ideas? ¿Se seleccionó a las personas por sus cargos, y no por su mérito intelectual? ¿Qué quería decir Arthur Koestler cuando ironizaba contra «el circuito internacional académico de putas por teléfono» como calificaba a las conferencias y simposios intelectuales? ¿Acaso las reputaciones de los intelectuales salieron consolidadas o robustecidas al pertenecer al consorcio cultural de la CIA? ¿Cuántos de aquellos escritores e intelectuales que adquirieron prestigio internacional por sus ideas fueron, en realidad, figuras de segunda tila, publicistas efímeros, cuyas obras estaban condenadas a reposar en los sótanos de las librerías de libros usados?”

“Who Paid the Piper? The CIA And the Cultural Cold War”, Frances Stonor Saunders. 1999.

“La Otra Campaña”, impulsada por los “intelectuales inorgánicos”, deja claro donde está colocando su esfuerzo central, el Salón Oval de la Casa Blanca. Erosionar la base del Chavismo de cara al 28J, es el objetivo. No importa que la ultraderecha llegue a Miraflores, con ella, la “izquierda sifilítica” apuesta a negociar la fulana “transición” cacareada por María Corina Machado. Desde Tierra de Nadie, en la UCV, La Florida –No en la que vive Guaidó ni desde el Fenway Park de Boston– o desde la Plaza de la Constitución en México, han activado sus “comanditos” para tratar de restar votos a favor de Nicolás Maduro, todo a nombre de las luchas del pueblo.

Este experimento de Langley no es nuevo, nuestra historia está plagada de estos intentos por torcer el rumbo de la historia republicana venezolana desde la utilización de los “intelectuales inorgánicos” y de quienes se cobijan en el discurso de la izquierda roja rojita con la que Rafael Ramírez se abrió paso para conquistar el poder. No pretendemos ser aventureros en afirmar que todo aquello que se arrastra tras la sombra para pasar desapercibidos huele a CIA pero tampoco podríamos ocultar esta posibilidad, incluso si esta se sustenta en hechos históricos. Aquella frase de Trump sigue fresquita, «todas las opciones están sobre la mesa». En los días del Gobierno Bolivariano con el Comandante Hugo Chávez a la cabeza, se estimaba que en Venezuela la CIA operaba con una red de más de 10 mil “activos”. ¿Cuántos hay al día de hoy operando, recabando información, conspirando?

“No importas por quién votes, si votas o no votas” no es una afirmación asilada o espontánea. “No estamos llamando a la abstención”, es un sí, pero no, que va de la mano de quienes incentivan el voto nulo bajo la excusa de que existe un fulano “consenso neoliberal”. Lo mismo da para estos “intelectuales inorgánicos”, comparar a Nicolás Maduro con María Corina Machado o a Edmundo González con Ángel Prado.

“La CIA y la Guerra Cultural” o con bajo el título original, “Who Paid the Piper? The CIA And the Cultural Cold War”, Frances Stonor Saunders, una periodista británica, devela los puntos muertos que no se pueden oír, ver o percibir en el trabajo de la CIA por aniquilar los proyectos revolucionarios a lo ancho del mundo. “Es una historia secreta, en tanto en cuanto cree en la importancia del poder de las relaciones personales, de los vínculos y de las connivencias «débiles», y en la importancia de la diplomacia de salón y en la política de tocador”, reza un fragmento de libro de la británica.

Frances Stonor señala que desde el año de 1947, la CIA empezó un ambicioso proyecto en el seno de las universidades y entre círculos de intelectuales, para reclutar personal que combatiera la amenaza del comunismo, “El resultado fue una red de personas, notablemente compenetrada, que trabajó codo con codo con la Agencia para promover una idea: que el mundo precisaba una pax americana, una nueva época ilustrada, a la que se bautizaría como «el Siglo Americano»”. Hoy, han logrado inocular en el seno del Chavismo y en su periferia al fulano “madurismo”, la estrategia de goteo de la última década erosionó la base, sobre todo esos círculos de la “izquierda trasnochada” que siempre dudaron de Hugo Chávez y hoy aborrecen a un autobusero de Presidente y líder de un proyecto de transformación radical. Ahora se apresuran a protegerse bajo el paraguas del “legítimo derecho a la disidencia democrática”, tal como lo define el chulo “intelectual inorgánico” desde Brasil, para justificar que es mejor ser oposición con María Machado que gobierno con Nicolás Maduro.

Aquel consorcio global por la CIA, tuvo “un enorme radio de acción”, “hubo pocos escritores, poetas, artistas, historiadores, científicos o críticos en la Europa de posguerra cuyos nombres no estuvieran, de una u otra manera, vinculados con esta empresa encubierta”. La CIA acumuló por años un “arsenal cultural”, periódicos, libros, conferencias, seminarios, exposiciones, premios y hoy le agregamos, centros de investigación y de pensamiento.

Hay un párrafo del libro “La CIA y la Guerra Cultural”, que a nuestro entender es muy revelador a la hora de tratar de precisar los hilos que se mueven en la sombra en pleno siglo XXI: “Entre los miembros de este consorcio había un surtido grupo de intelectuales radicales y de izquierda cuya fe en el marxismo y en el comunismo se había hecho añicos ante la evidencia del totalitarismo estalinista (…) su desilusión se vio acompañada por un deseo de formar parte de un nuevo consenso, de consolidar un nuevo orden que sustituyese las exhaustas fuerzas del pasado. La tradición de oposición radical, en la que los intelectuales habían tomado bajo su responsabilidad investigar los mitos, cuestionar las prerrogativas institucionales, y perturbar la complacencia del poder, quedó anulada a favor de un apoyo a la «propuesta americana». Refrendado y financiado por poderosas instituciones, este grupo no comunista monopolizó la vida intelectual de Occidente en la misma medida que el comunismo lo había hecho unos años antes (y además, muchas de las personas fueron las mismas en ambos grupos)”.

Desde aquel diciembre del 2012 en la que el Comandante Chávez, en Miraflores, flanqueado por Nicolás Maduro y Diosdado Cabello, dirigiéndose al pueblo venezolano nos dijo, “Nicolás Maduro no sólo en esa situación de concluir como manda la constitución el periodo, sino que mi opinión firme, plena como la luna llena, irrevocable absoluta, total, es que en ese escenario que obligaría a convocar a elecciones presidenciales ustedes elijan a Nicolás Maduro como presidente», no son pocos los que han reclamado el lugar de Maduro, desde las cuentas que sacaba Beatrice Sansó empujada por Hildegard Rondón de Sansó o desde los pasos que dejaba uno de los ministros de aquel último gabinete del Comandante Chávez, un domingo en el Panteón Nacional, seguramente buscando preguntas de por qué él no era el elegido por el padre para continuar con su obra.

Que esta logia de “intelectuales inorgánicos”, termine o esté vinculada a las órdenes de del Salón Oval, no suena tan absurdo como seguramente habrá que lo interprete de esta manera. Hay un interés común entre la CIA y este grupo de “intelectuales inorgánicos”, en salir de Maduro. Esto no debe ser visto como un hecho casual; la irrupción de la “Otra Campaña” en plena contienda por el Poder, son partes de las piezas en el tablero del ajedrez global que se siguen colocando. No perdamos de vista el rol de Venezuela en el camino que se abre al mundo por la multipolaridad.

La PROPAGANDA, tal como la define en su obra Frances Stonor, “todo esfuerzo o movimiento organizado para distribuir información o una doctrina particular, mediante noticias, opiniones o llamamientos, pensados para influir en el pensamiento y en las acciones de determinado grupo”, así como el concepto de GUERRA PSICOLÓGICA, “El uso planificado de la propaganda y otras actividades, excepto el combate, por parte de una nación, que comunican ideas e información con el propósito de influir en las opiniones, actitudes, emociones y comportamiento de grupos extranjeros, de manera que apoyen la consecución de los objetivos nacionales”, son elementos presentes que se mueven tras la sombra de “La Otra Campaña”, donde se coloca al sujeto, al despistado, al desilusionado, “en la dirección que uno quiere por razones que piensa son propias”.

Necesitamos que el mundo entienda que estamos a las puertas de una transición a la democracia”, «Una transición que permita la reconciliación del país, que permita que nosotros vivamos en libertad y en democracia», parte del discurso de quienes representan a los Apellidos o los elementos que se presentan en el Programa de Gobierno de Vente Venezuela denominado, “VENEZUELA TIERRA DE GRACIA, Libertad, Democracia y Prosperidad”, lo más parecido al decreto leído por Daniel Romero y que llevaba por título, “Acta de Constitución del Gobierno de Transición Democrática y Unidad Nacional”. Son matices en los que se fusionan unas líneas de reportajes como el de Vanessa Davies publicado en el portal de PolitikaUcab esta misma semana, titulado, “La izquierda venezolana: Entre La Otra Campaña y el voto nulo”, en el cual sentencia, “Si algo queda claro es que, pase lo que pase el 28 de julio, la izquierda venezolana deberá transitar un nuevo camino”. ¿Cuál izquierda? Aquella que olvidó las celdas de la DISIP durante el caracazo de 1989 y hoy siguen la comparsa de sus verdugos. El “te queremos Pedro” ahora es reemplazado bajo el grito “te queremos Mari, te queremos Edmundo”, bajo el coro de la “Otra Campaña”.

Nos toca mantener nuestro tránsito por el aprendizaje diario y la práctica permanente que se originan en procesos de transformación y los cambios que generan nuevas sociedades como la nuestra, para mantener la mirada sobre la realidad que nos permita salvarnos de los flautistas de Hamelín. Veamos en las palabras de Ángel Padro el camino que nos espera: “Tenemos un gobierno que nos apoya y nos respalda (…) Debemos pasar a otra etapa de la revolución”.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.