“Mi Comentario de la Semana”; el reencuentro con Miguel Salazar, mi padre.

A la memoria de mi padre, Miguel Antonio Salazar Rondón.

“No soy cristiano, pero soy tanguero, allí debe estar el sentir de mi religiosidad. Sigo siendo comunista, más cercano a la pila del anarquismo que a cualquier otra cosa. Desteto el derecho como no tolero a quienes se marcharon del campo del socialismo. No creo en la superficialidad y no veo salidas a la crisis en el marco del Sistema. No quisiera tener cincuenta años menos porque me siento satisfecho con el tiempo que he vivido. Mi vida son dos líneas de sueños y realidades, pero más han sido los sueños”.

Miguel Salazar. Un pasaje sobre Domingo Alberto Rangel del libro “El Último Domingo”. 2009.

¿A quién le estorba y le incomoda la verdad? La respuesta está clara: la verdad estorba e incomoda a los poderosos. «4,760 millones. Esta es la cifra de personas que usan redes sociales en todo el mundo. Suponen casi la totalidad (94.9%) de los 5,160 millones de internautas que existen y casi el 60% (59.4%) de la población mundial», son datos recogidos por «Forbes México», de un informe que lleva por título, «Redes Sociales: estado actual y tendencias 2023», publicado por OBS Business School. Imaginemos entonces el poder que tiene Elon Musk, propietario de la Red Social X, quien al hacerse de este influyente espacio de generador de opinión, no disimula su deseo de propagar lo que él considera es su verdad sobre el mundo, por encima incluso del mundo real que cotidianamente se transforma con cada acción escrita por el ser humano.

El poeta español, Antonio Machado, escribió que «la verdad es lo que es, y sigue siendo verdad aunque se piense al revés». La verdad es el mayor tesoro que un Gobierno Revolucionario de cara al pueblo debe cuidar como su hija predilecta o la propia sociedad debe atesorar para la construcción de ciudadanía. Incluso, aun cuando implique garantizar el derecho de negarla y contradecirla, en derecho libre del albedrío de cada ser. Para los revolucionarios, la verdad es un elemento estratégico, no negociable como virtud del ser humano.

Proteger la verdad se convierte de esta manera en un asunto de sobrevivencia de la especie humana sobre aquellos sectores poderosos, casi invisibles, imperceptibles y que invaden lo subjetivo del individuo hasta deformar su existencia, sus emociones y sentimientos. La verdad, fue un elemento que Miguel Salazar siempre trato de defender a rabiar, desde su terquedad, su irreverencia y a costa incluso de alguna amistad. «Las Verdades De Miguel», su comentario de la semana, cuando era impreso y difundido cada viernes, fue su aporte al país, con base a un periodismo único que siempre trato de imprimirle veracidad y autenticidad. Recordemos que quien escribía era un ser humano, con errores y virtudes, pero siempre con un amor profundo por su patria.

Con Miguel Salazar, mi padre, mantuve a lo largo de mi vida, diferencias políticas, de visiones de cómo ver el mundo. Durante los últimos tiempos, en especial a partir de todo el proceso alrededor de las elecciones del 28 de julio, mantuvimos diferencias, pero siempre fueron en la medida de las circunstancias marcadas por el respeto. Al final, ambos, intentamos convencer al otro de nuestra propia verdad. Recuerdo con cariño la primera vez que acompañé a mi padre a Tribuna Popular, órgano de difusión del Partido Comunista de Venezuela; en uno de esos descuidos me le escape de la redacción de Tribuna Popular y fui a dar con la sede de la Juventud Comunista de Venezuela, en donde me aliste y milité un tiempo hasta que el PCV decidió apoyar a Rafael Caldera como candidato de lo que aquel entonces se llamó El Chiripero. Valga esta anécdota para precisar en qué lugar estaba Miguel Salazar en la historia que escriben los pueblos. Solo diré que mi padre siempre levantó con orgullo su condición de estudiante del Fermín Toro, de ser parte de aquella Generación Bicentenaria de 1983 (al lector le pediría que indague un poco al respecto) y que durante el Golpe de Estado del 2002 fue el único periodista que se mantuvo en defensa del naciente Proyecto Bolivariano (el 12 de abril «Últimas Noticias», en su editorial escrita por el siempre recordado Eleazar Díaz Rangel, daba la bienvenida al Régimen efímero de Pedro Carmona Estanga). Recordemos también, que el 11 de abril de 2002, una cámara manipuló la realidad, fabrico una «verdad» y generó el quiebre de la república.

Para acercarse al pensamiento de Miguel Salazar, diría que hay que encontrarlo inclusive fuera de esa línea divisoria que erróneamente cometemos al colocar la etiqueta entre izquierda y derecha, les invitaría hacerlo desde la música que tanto le gustaba a mi padre, en este caso dos canciones, una compuesta por Bobby Capó e interpretada por Ismael Rivera, «El Incomprendido»; «Yo, yo, yo, yo, creo que voy / Solito estar, cuando me muera / He sido el incomprendido / Ni tú ni nadie, me ha querido tal como soy». Y otra canción, «Mi música», interpretada por el mismo hijo de Doña Margarita y sus Cachimbos, pero esta vez compuesta por el legendario Tito Curet; «Mi música no queda ni a la derecha ni a la izquierda / Queda en el centro de un tambor legal / Queda en el centro de un tambor bien legal / Yo soy un pasaporte para un viaje / Sabrosón y musical / Estoy contigo, contigo y también contigo / Para ponerte a gozar / Y por eso yo canto música, música pura, música / Para que todos puedan vacilar». Mi padre fue siempre un incomprendido que le puso a su música su propio sabor, ese que trata de degustar el desposeído.

Hoy, la verdad en Venezuela está asediada, escondida entre la maleza, creada por robots o algoritmos, que intenta colocar un contenido que alimente y construya la «matrix» ilusoria de una Venezuela que lejos está de esa alimentada por el  terror y el odio. Hay que desmalezar la verdad, desalambrar la verdad.

Hemos subestimado a quienes diseñaron el «Hasta el Final». Han tenido éxito en golpear una de las instituciones que han mantenido la paz a lo largo de todos estos años, como lo es el CNE. Su integridad ha sido vulnerada para infringir, sobre el país que sigue el camino de multipolaridad,b un golpe mortal que arrebate a millones en el mundo el derecho de creer en la utopía.

La verdad deberá prevalecer desde la justicia. El ciudadano de a pie tiene derecho a mantener la verdad; sin importar la tendencia política, debemos garantizar la convivencia pacífica y nuestra integridad como nación. Preservar la verdad es el camino a la construcción de una nueva mayoría, la edificación de un nuevo consenso nacional. Y como diría Miguel Salazar, apoyándose en un pasaje de la Biblia: «La verdad nos hará libres».

Finalmente, quiero agradecer a todos aquellos venezolanos y venezolanas que han recordado a Miguel Salazar con cariño y aprecio. Cultivar la verdad, la amistad, el cariño, el amor por la vida, es reencontrarse cada día con Miguel Salazar, único e irremplazable. Paz a su alma.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.