El 9 de diciembre de 1824, con la victoria de la Batalla de Ayacucho, al firmarse la capitulación del ejército de España ante el Estado Mayor del Ejército Libertador Unido, comenzó una nueva era en América Latina.
El Mariscal Antonio José de Sucre, y sus generales, Jacinto Lara, José María Córdoba, José de La Mar y Guillermo Miller alcanzaron la gloria en la batalla decisiva, que expulsó para siempre a la monarquía española de nuestro continente.
El Bicentenario de la Batalla de Ayacucho nos convoca –ahora mismo- a emular a nuestros héroes, cuando la principal tarea de los patriotas es unir fuerzas contra el enemigo de la humanidad: el imperialismo norteamericano, y ello tiene como condición, derrotar en cada uno de nuestros países a la ultraderecha neoliberal.
Hoy tenemos que levantar la bandera de lucha contra las agresiones políticas, contra las sanciones económicas, contra el neoliberalismo, políticas imperiales que causan hambre y desigualdad social.
Ayacucho también es futuro, porque Simón Bolívar, el más radical, no solo fue el estratega de la campaña del sur, el creador de Colombia -la grande-, y de la República de Bolivia, y el Libertador de Perú. Bolívar no solo quería la libertad sino también la unidad latinoamericana.
Son las ideas de Simón Bolívar contenidas en la convocatoria al Congreso Anfictiónico de Panamá, el fundamento de la proeza del Comandante Hugo Chávez al impulsar la creación de la CELAC, de Unasur, del Alba, de Petrocaribe, ¿quién puede negarlo?
Tal y como lo afirma el Presidente Nicolás Maduro, el mundo multipolar ya existe, y ello tiene su génesis en la idea del “Equilibrio del Universo”, que expuso Bolívar en la Carta de Jamaica. Ayacucho, a doscientos años, es presente y es futuro.
