CRÓNICAS DE RESISTENCIA III

Por Miguel Ernesto Salazar

Venezuela: El Tablero y la Jugada. Reflexiones desde el debate interno, una aproximación desde la prospectiva estratégica

«¡Conciudadanos! Me ruborizo al decirlo: la independencia es el único bien que hemos adquirido a costa de los demás. Pero ella nos abre la puerta para reconquistarlos bajo vuestros soberanos auspicios, con todo el esplendor de la gloria y de la libertad.»

El Libertador Simón Bolívar. «Mensaje al Congreso Constituyente de la República de Colombia». Bogotá, 20 de enero de 1830.

En el complejo tablero geopolítico actual, la planificación estratégica una herramienta de supervivencia para los Estados y debe serlo para los pueblos. Para Venezuela, el desafío no es menor, se trata de navegar entre la agresión multifacética y la necesidad imperiosa de recuperar la soberanía política plena. Pero, ¿cómo trazar una ruta cuando el mapa parece hecho de arena movediza? La respuesta, como surge del análisis del debate y de las herramientas prospectivas aplicadas, no reside en una sola jugada maestra, sino en la capacidad de comprender el tablero, medir las fuerzas de los actores y, sobre todo, administrar el recurso más implacable, el tiempo.

Mapear el poder para entender la realidad es un arte. Todo análisis riguroso comienza con un inventario. No basta con identificar a los jugadores; es necesario desglosar sus objetivos, límites y recursos. La aplicación del método MACTOR —Matriz de Alianzas y Conflictos: Tácticas, Objetivos y Recomendaciones— nos permite ir más allá de la intuición para construir una fotografía del poder real que opera en la crisis venezolana.

La primera matriz de actores revela una asimetría fundamental. Del otro lado del tablero se encuentra Estados Unidos, la mayor potencia militar del mundo, cuyo objetivo es aniquilar el referente de la Revolución Bolivariana. . Estados Unidos no busca simplemente un cambio de gobierno; persigue el control de nuestros recursos energéticos y la eliminación de un modelo que ha desafiado su doctrina hemisférica.

ACTOROBJETIVO ESTRATÉGICO (RETO)RECURSOS DE PODER (CLAVE)LÍMITES / COSTOS
EE.UU.Cambio de régimen y control de recursos energéticos.Sanciones, presión diplomática, activos congelados.Costo político internacional; resistencia interna venezolana.
ESTADO VENEZOLANOPreservar la soberanía y la continuidad del proyecto bolivariano.Control institucional, alianzas internacionales (Rusia/China).Asedio financiero; desgaste económico acumulado.
FANBDefensa integral de la nación y estabilidad interna.Capacidad militar, control territorial y de empresas estratégicas.Presión externa para la fractura; necesidades logísticas.
EJE RUSIA/CHINAMantener un aliado estratégico en la región y asegurar inversiones.Apoyo en el Consejo de Seguridad ONU, créditos, tecnología.Distancia geográfica; priorización de sus propias agendas globales.
CHAVISMO/PSUVMovilización popular y legitimidad política.Base social organizada, estructura partidista territorial.Desgaste por la crisis; necesidad de renovación de cuadros.
La Matriz de Actores, Objetivos y Recursos, identifica quienes juegan en el tablero y qué busca.

Frente a ella, nuestro gobierno bolivariano se sustenta sobre actores internos y externos. En el plano doméstico, la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), el chavismo como identidad política, la convergencia de ambos en la unidad cívico-militar-policial, y una base social organizada que ha resistido veinticinco años de embates. En el ámbito internacional, las alianzas estratégicas con Rusia y China, que ven en Venezuela un aliado geopolítico clave para contener el predominio absoluto de Washington en la región.

La Matriz de Influencias Directas (MAI) nos permite calificar la influencia de cada actor sobre los demás. Al ponderar estas relaciones, surgen categorías nítidas, los actores dominantes —EE.UU. y el eje Rusia/China— son quienes dictan las condiciones externas del sistema, con alta capacidad de influir y baja dependencia de las decisiones locales. Pero lo más revelador es la ubicación del Estado venezolano y la FANB como actores de enlace, poseen alta influencia sobre el tablero interno, pero también alta dependencia de factores externos y de su propia cohesión. Son, por ello, los actores más vulnerables; cualquier acción sobre ellos repercute en todo el sistema. Washington lo sabe y por eso ha puesto en la mira, desde hace décadas, la disolución de nuestra Doctrina Militar Bolivariana, intentando fracturar ese elemento de unidad que ha sido el dique de contención.

 EE.UU.ESTADOFANBRUSIA/CHINACHAVISMOINFLUENCIA
EE.UU.32128
ESTADO13239
FANB13127
RUSIA/CHINA22116
CHAVISMO12216
DEPENDENCIA510858 
Se mide el grado de influencia de un actor sobre otro (0 a 3): Grado de Poder: suma de filas (capacidad de influir).Grado de Dependencia: suma de las columnas (vulnerabilidad).

Pero el verdadero valor analítico surge al contrastar este poder con los objetivos. La Matriz de Actores por Objetivos (MAO) cruza las fuerzas con las posiciones. ¿Quién defiende la soberanía plena? ¿Quién apuesta por una «transición tutelada»? Al calcular el coeficiente de fuerza real —multiplicando el poder de un actor por su posición frente a un objetivo—, surgen paradojas que desafían el sentido común.

ACTOROBJ 1OBJ 2OBJ 3
EE.UU.-3-2+3
ESTADO+3+3-3
FANB+3+2-3
RUSIA/CHINA+2+2-2
CHAVISMO+3+2-3
Mide la oposición de cada sector respecto a los objetivos estratégicos (+ favorable/ – opuesto: OJB 1: Soberanía Plena.OBJ 2: Recuperación económica (levantamiento de sanciones).OBJ 3: Cambio de modelo político (objetivo de EE.UU.).

Un actor con poder inmenso puede tener un coeficiente negativo y bajo si su objetivo es abiertamente rechazado por una coalición de actores con menor poder individual, pero con una fuerza colectiva superior. Esto es precisamente lo que ocurre en el tablero venezolano, el balance neto favorece a la resistencia. Cuando ponderamos la posición de cada actor con su capacidad real de influencia, obtenemos un saldo positivo de +61 en defensa de la soberanía, +55 en la lucha por la recuperación económica, y un rechazo contundente de -61 al objetivo de cambio de régimen impulsado por EE.UU.

ACTOR (PODEROBJ 1 (SOBERANIA)OBJ 2 (ECONOMÍA)OBJ 3 (CAMBIO DE REGIMÉN)
EE.UU. (10)-30-20+30
ESTADO (9)+27+27-27
FANB (9)+27+18-27
RUSIA/CHINA (8)+16+16-16
CHAVISMO (7)+21+14-21
BALANCE NETO+61+55-61
Interpretación: El balance neto positivo en Soberanía y Economía indica una resistencia robusta del sistema actual frente al cambio de régimen.

Esta correlación de fuerzas, aunque frágil, aún favorece a quienes adoptan la resistencia multiforme frente a la injerencia externa. La FANB, el Estado y el chavismo como base social convergen en una alianza defensiva que, hasta ahora, ha demostrado ser más sólida que la capacidad ofensiva del Imperio. Rusia y China, por su parte, convergen tácticamente en este entramado, porque su propia proyección global requiere evitar el predominio absoluto de EE.UU. en nuestra región.

El análisis de las matrices nos lleva a una pregunta central: ¿con qué se negocia desde una posición de debilidad aparente? Históricamente, el principal activo venezolano ha sido su petróleo. Pero hoy la ecuación es más compleja. Para que el petróleo fluya, primero hay que ordenar el país, y ese ordenamiento requiere los recursos que, paradójicamente, deberían venir del mismo petróleo. Como puede ser una llave que abre puertas, puede convertirse también en una jaula sin salida.

Frente a esta asimetría material, emerge un recurso intangible pero poderoso, el sedimento político.  Tenemos una fuerza ideológica, un «ADN patriótico» mllones de personas mantienen la convicción en un proyecto histórico. Esta lealtad, este capital humano y político, es el principal recurso para sentarse en una mesa de negociación no con las manos vacías. La tranquilidad y la gobernabilidad que se ofrecen a cambio de inversión no dependen solo de la fuerza pública —como parte del análisis de la oposición pitiyanqui— sino de esa cohesión interna, que es el factor que esta no procesa. Es lo que ha permitido resistir y lo que, en última instancia, puede inclinar la balanza.

Sin embargo, el poder externo no es la única amenaza. El análisis más profundo revela una posible fractura interna que corre en paralelo, una crisis de legitimidad. Un gobierno puede ser legal —cumplir todos los pasos institucionales— pero perder día a día la credibilidad. La legitimidad no es un trofeo que se guarda en un cajón; se juega en cada decisión, en cada alianza, en cada gesto cotidiano.

El malestar colectivo, la arrechera controlada que se palpa en las calles y en los debates, es una fragilidad silenciosa pero que puede llegar a ser letal. Para que se entienda este punto, basta con recordar aquella mujer revolucionaria que increpó al propio compañero Diosdado Cabello y que este bien recuerda: «Una compañera del pueblo en la marcha me dijo que quitara la cara de arrechera, porque nuestra bandera siempre ha sido de alegría, en los peores momentos hemos ido a los combates con voluntad para vencer, no para quedarnos asustados…».

Aquellas palabras de Yamileth Zambrano, militante revolucionaria, nos representaron en aquel instante a más de uno. Porque cuando las comunas —ese triunfo de la organización popular— tienen que mirar al norte para vender su café, el triunfo se percibe como una derrota simbólica. Esto, sumado a la llegada recurrente de enviados gringos que parecen dictar la agenda, agranda la brecha entre el discurso de soberanía y la realidad de una «aplicación de directrices foráneas». La tormenta no está en el horizonte; ya está aquí, y cada visita, cada decisión, la aviva.

Los escenarios del porvenir: horizontes 2026.

Con los actores mapeados y las fuerzas medidas, el análisis se proyecta. De la situación actual emergen varios escenarios para el horizonte 2026: El Escenario Tendencial: la «paz negativa». Es el más probable si no ocurre una ruptura mayor. Ni EE.UU. logra el cambio de régimen, ni Venezuela alcanza la recuperación total de su soberanía política. El conflicto escala en un equilibrio de debilidades, donde la presión externa, sin lograr una reversión total del statu quo, consigue institucionalizar límites a la soberanía plena. La dependencia económica y las negociaciones pautadas desde fuera moldean una agenda nacional condicionada. Es la inercia del sistema, el desgaste prolongado.

El Escenario de Soberanía en Resistencia. El Estado mantiene el control territorial y militar, logrando una apertura económica parcial con aliados orientales. La cohesión FANB-Estado se mantiene alta según los coeficientes de fuerza, y el sedimento político se reactiva para sostener el proyecto. Este escenario, que denominamos «probable» en el análisis técnico, requiere voluntad consciente y decisiones acertadas.

Los Escenarios Extremos (improbables pero no imposibles). Por un lado, un colapso revolucionario o una fractura militar que lleve a la pérdida total del control, facilitando un gobierno de transición tutelado por EE.UU. Por el otro, una recomposición exitosa del proyecto que, aprovechando el sedimento político y una coyuntura internacional favorable, logre no solo resistir, sino recuperar soberanía plena e incluso liderar un nuevo bloque de integración del Sur para neutralizar el monroismo.

La clave para inclinar la balanza hacia el escenario deseado —la recuperación de la soberanía plena— reside en un factor que a menudo se subestima, el tiempo. «El tiempo es un recurso», «el implacable, el tiempo» como factor político estratégico y subjetivo utilizado para estructurar la acción colectiva, gestionar crisis y controlar la agenda, influyendo tanto en la memoria histórica como en las expectativas futuras.

No basta con la voluntad; se requiere formación, profesionalismo y decisiones concretas para recomponer las fuerzas. Hay que aprovechar cada día para fortalecer el espíritu revolucionario, clarificar las ideas y retomar el control de un destino que parece a veces escurrirse entre los dedos.

Como bien nos recordó la presidenta encargada Delcy Rodríguez: «el Presidente —Nicolás Maduro— nos fue preparando para estos escenarios». Y en esa preparación, dos herramientas se erigen como fundamentales: la lealtad y la paciencia estratégica.

La lealtad no entendida como adhesión ciega, sino como la conciencia de que un proyecto colectivo solo sobrevive si sus actores se mantienen cohesionados en la tormenta. La FANB, el Partido, la base social organizada, cada pieza debe comprender que su fortaleza individual depende de la fortaleza del conjunto. Washington ha intentado durante años disolver ese vínculo, ofreciendo salidas individuales, tentando con privilegios a cambio de la traición. Hasta ahora, el entramado ha resistido, pero la lealtad se renueva a diario en un contexto de desgaste.

Y la paciencia estratégica, ese recurso del tiempo bien administrado, que permite resistir el embate sin precipitarse, que sabe que en geopolítica, a veces, la victoria no la obtiene el más fuerte, sino el que mejor sabe esperar, prepararse y actuar en el momento justo. No es pasividad; es la virtud de quien conoce el ritmo de los procesos históricos y no se deja arrastrar por la inmediatez de la coyuntura.

El núcleo de la cuestión es político y existencial, se trata de la supervivencia de un proyecto de nación. La verdadera plenitud no reside en su fragmentación, sino en la integración de todos sus componentes bajo un mando político sólido. De allí la confianza que debe tenerse sobre el equipo de Nicolás Maduro. Por ello, el objetivo estratégico fundamental debe ser la recuperación de la soberanía política plena, unida a la preservación de la paz y la liberación de Nicolás Maduro y Cilia Flores.

La Patria es América: lecciones del Libertador.

En esta encrucijada, la claridad estratégica es la principal herramienta. El mapa de actores, con sus poderes y dependencias, no es un simple diagrama; es una guía para la acción. Pero esa guía adquiere su verdadera dimensión cuando la inscribimos en la visión profunda de nuestra historia.

La Patria en Simón Bolívar no es una construcción sentimental ni un mero accidente geográfico; ante todo es un proyecto geopolítico de poder concebido para garantizar la soberanía y la supervivencia de las nuevas repúblicas frente a las amenazas internas y externas. El Libertador entendió que la fragmentación de Hispanoamérica en pequeños Estados débiles no era una opción viable, sino una condena estratégica que los volvería presas fáciles del neocolonialismo y de las ambiciones de potencias extranjeras.

Por ello, su concepto de Patria opera en dos escalas indisolubles: la afirmación de la independencia local y, simultáneamente, la integración continental como mecanismo de defensa y acumulación de fuerza. Bolívar no soñaba con una unión por idealismo; la concebía como una necesidad geopolítica, un paraguas de seguridad colectiva y una plataforma para proyectar a América como un actor relevante en el concierto de las naciones.

En su visión estratégica, «una sola debe ser la patria de todos los americanos» porque la unión no es un lujo, sino la condición de posibilidad para ejercer soberanía real, controlar recursos estratégicos y negociar desde una posición de fortaleza en un mundo hostil. La Patria bolivariana es, en esencia, un dispositivo de poder: la voluntad de transformar la dispersión en unidad y la debilidad en capacidad de autodeterminación.

Esto para recordar que esta lucha no es solo de Venezuela, sino de todos los pueblos del Sur Global. Necesario es marchar juntos hacia el Congreso Anfictiónico de los pueblos del Sur para continuar en el presente y proyectar al futuro la idea bolivariana frente al monroismo.

El camino es claro, garantizar la paz, liberar a nuestros prisioneros de guerra rehenes en las entrañas del monstruo, defender a los pobres y sostener la cohesión. La brújula está fijada. Ahora se trata de avanzar con la certeza de que, en esta encrucijada histórica, la combinación de principios claros y paciencia estratégica es la fórmula que puede transformar la resistencia en victoria.

La tarea de hoy es consolidar la unidad en torno a los principios, usar el tiempo para fortalecerse y recordar que, en la política como en la vida, la fortaleza en los momentos críticos es lo que marca la diferencia. El futuro de Venezuela se juega en la capacidad de fortalecer su fuerza colectiva, manteniendo nuestro proceso revolucionario bolivariano.

El tiempo, ese recurso implacable, será el juez de esta travesía. Pero mientras haya claridad en el rumbo y lealtad en la tropa, la historia la escribiremos en favor de la soberanía plena, del concepto Patria pensado por Simón Bolívar. No como un acto de fe ciega, sino como el resultado de un análisis riguroso con método científico que nos dice, que la correlación de fuerzas —aunque frágil— aún nos favorece.

La resistencia no es un fin en sí misma; es el preludio de la ofensiva. Y cuando el péndulo de la historia comience su retorno, debemos estar preparados no solo para recibirlo, sino para impulsarlo con la fuerza de quienes supieron esperar sin claudicar, resistir sin desesperarse y luchar con la certeza de que, al final del camino, la Patria nos espera.