Del «Corolario Trump» al anticomunismo de clóset.

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Columna «Descifrando en Rojo y Negro»

«Trump nos dice todos los días: “puedo matar, quiero matar”» — Rita Segato. Entrevista para la Revista Raya. 11 de mayo de 2026.

«El vacío argumental y la retirada táctica. El primer síntoma de la agnotología es la incapacidad de sostener un contraargumento válido. Ante datos verificables o análisis rigurosos, los difamadores experimentan una parálisis cognitiva. Al no poder derribar la idea, el objetivo cambia de inmediato: se debe destruir al emisor. La retirada del terreno de las ideas es táctica; prefieren trasladar el conflicto al lodazal de la difamación contra el autor, donde la verdad pasa a segundo plano.» — Francisco Ameliach. 18 de julio de 2026.

Se nos ha querido vender la ficción de que la geopolítica del siglo XXI es una red interconectada, horizontal y post-ideológica. Sin embargo, basta una mirada al tablero continental para constatar que el Norte Global sigue trazando sus fronteras coloniales con la misma tinta cartográfica del siglo XIX. La reactivación de la Doctrina Monroe, blindada bajo el llamado «Corolario Trump» de Seguridad Nacional, no es una simple estrategia de defensa exterior; es el intento explícito de clausurar el derecho de los pueblos a pensarse a sí mismos. Cuando la Casa Blanca invoca el fantasma del «patio trasero» para contener a potencias extrahemisféricas, lo que realmente busca es aniquilar cualquier alternativa distinta desde el Sur, no como coordenada geográfica, sino como una posición epistémica de dignidad y soberanía.

Pero la mayor tragedia de nuestra época no es solo el asedio y ataque que viene de Washington; es cómo ese asedio y ataque es legitimado, desde adentro, por una corte de jueces de escritorio y del teclado que han convertido la «pureza revolucionaria» en el nuevo rostro del anticomunismo. Hay que decirlo sin anestesia, porque ya no quedan ganas de suavizarlo, esa hipercritica feroz que destroza cada proceso popular que no sea «perfecto» no es izquierda. Es el mismo veneno de siempre, el miedo heredado a lo colectivo que aprendieron en la escuela y en los medios hegemónicos, solo que ahora habla en una jerga suavizada que finge ser decolonial. Citan a Foucault o cualquier otro pensador del siglo XX entre insulto e insulto, se saben el nombre de la opresión de memoria, pero la reproducen con la frialdad de un fiscal que jamás ha pisado un territorio. Incluso algunos son más osados y citan a los Comandantes Fidel y Chávez. Pero qué va, no han aprendido nada ni del Caballo ni del Gigante de Sabaneta.

El Correlato Doméstico de la Cancelación

Mientras el Corolario Trump opera como un dispositivo de re-colonización fáctica —asfixiando economías y fragmentando la integración regional—, estos sectores operan como su correlato doméstico mediante el epistemicidio (término introducido por el sociólogo Boaventura de Sousa Santos) de la cancelación. Se llenan la boca hablando de horizontalidad y postean consignas sobre la «ternura radical» en sus biografías de Instagram, pero no la practican ni una sola vez. ¿Dónde está la ternura cuando salen a linchar al compañero de base con la misma lógica jerárquica y patriarcal del opresor?

Como en el carnaval, le hacen la comparsa al neomarcantismo que pretende terminar el trabajo de Fukuyama. Ante la declaración del secretario de Estado, Marco Rubio, estos sectores son tímidos o hacen como el avestruz, ¡cabeza a tierra! pretendiendo esquivar su suerte. «Ha llegado el momento de que los pueblos del mundo civilizado nos defendamos, nos mantengamos unidos frente a esta oscuridad que se cierne sobre nosotros y luchemos, luchemos por lo que es nuestro», son líneas que pierden para ellos sentido, se diluyen en el teclado mientras enfilan sus baterías contra los proyectos alternativos que han perdido para ellos, la pureza.

Rita Segato, una antropóloga argentina, lo advierte con claridad: no hay pedagogía de la ternura sin desmontar primero la pedagogía de la crueldad que llevamos dentro. Y esta gente no ha desmontado nada; simplemente reciclaron la crueldad, la revistieron de discurso progre y siguen humillando en nombre de la coherencia.

Ahí está la trampa, el individualismo radical no es un accidente de personalidad, es una trinchera y, en la era de la guerra cognitiva, el mecanismo perfecto de la CIA para fragmentar desde adentro. Ya no necesitan reclutar espías en la sombra; les basta con inflar el ego de los puros a golpe de algoritmos y financiamiento de oenegés. Es el lugar perfecto para opinar sin responder ante nadie.

«Hace un siglo, José Carlos Mariátegui ya lo dejaba claro: el problema de nuestra América no se resuelve con reformas de gabinete ni con purezas de academia; se resuelve con tierra, con comunidad y asumiendo el cuerpo colectivo.»

— Tesis del Socialismo Indoamericano

Y hoy, en Venezuela, por ejemplo, el renacer del país tras los sismos es una oportunidad para repensarnos en colectivo. Pero a estos seres iluminados les aterra el cuerpo colectivo porque lo plural exige responsabilidad, continuidad, presencia sostenida y, sobre todo, la humildad de aceptar que la propia opinión es solo una entre muchas. No soportan rozarse, incomodarse ni transformarse en el contacto con el otro.

La Praxis del Amor Eficaz frente a la Vanidad

El zapatismo, recordado en estos días por el sismo que recién sacudió a México en el área de influencia del EZLN, nos enseñó una frase que esta «intelectualidad» repite como mantra, pero sin entenderla: mandar obedeciendo. Obedecer al pueblo, a la base, a la necesidad colectiva, y no a la propia vanidad de tener el análisis más filoso del día en las redes sociales. Su brújula no es el barrio ni la gente que sigue sosteniendo la olla comunitaria en medio del bloqueo económico o buscando a familiares y amigos entre los escombros; su brújula es la aprobación de la cooperación internacional. Prefieren la ráfaga del comentario hipercrítico que la constancia del proceso. Son, en esencia, anticomunistas de clóset a los que les espanta el compromiso diario. Es preferir que el proceso muera siendo «puro» a que sobreviva siendo real, contradictorio y humano.

«Frente al racionalismo frío de los tanques de pensamiento de Washington y la soberbia de los puros de escritorio y del teclado, las realidades del Sur responden desde la praxis del amor eficaz que nos enseñó Camilo Torres, ese que no es sentimentalismo barato, sino disciplina, trabajo diario y sostenerse mutuamente en el error.»

— Doctrina de la Praxis Popular

La transformación de la sociedad no es un evento que le pasa a los otros mientras uno se queda intacto en su trono de crítica pura. Empieza por el ego propio.

Así que la exigencia de autocrítica va para ellos, recójanse. Vayan y aprendan lo que significa sostener, cuidar y corregir sin destruir. Practiquen la ternura que tanto citan antes de volver a hablar en nombre de ella. Nosotros, mientras tanto, seguimos apostando a la Unidad Nacional, incluso más allá de las fuerzas revolucionarias, haciendo cuerpo colectivo y aprendiendo a mandar obedeciendo, con todo lo incómodo, lo contradictorio y lo hermoso que implica saber que jamás estaremos solos, que el Sur global, los pueblos, aún anhelan la independencia.

COLUMNA «DESCIFRANDO EN ROJO Y NEGRO» • SERVIRALPUEBLO.ORG

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.