Por Miguel Ernesto Salazar
“Si perdemos la Cámara de Representantes, el Senado y la presidencia, nuestro país estará acabado. Porque estamos tratando con unos lunáticos”.
— Donald Trump. New York Post, 2 de noviembre de 2026.
“El Dr. El-Sayed lucha por nuestra Constitución estadounidense, lucha por nuestra democracia estadounidense y lucha contra los líderes corruptos, que actúan al margen de la ley y son antiamericanos, que actualmente ocupan la Casa Blanca. Por eso lo apoyo al 100 %”.
— Bruce Springsteen, 2 de noviembre de 2026.
H oy, 3 de noviembre, se llevarán a cabo en Estados Unidos las denominadas elecciones de medio mandato, en las cuales se eligen los congresistas para la Cámara de Representantes, buena parte del Senado —que se renueva— y algunas gobernaciones. Pero también este 3 de noviembre habrán pasado 305 días de la intervención militar sobre Venezuela y del secuestro del presidente constitucionalmente electo, Nicolás Maduro, y de su esposa, la diputada electa Cilia Flores.
Esta coincidencia nos da muchas razones para celebrar lo que pareciera ser un hecho: una paliza electoral contra Trump. Para Venezuela debería ser un día de júbilo, y para los pueblos del mundo, una oportunidad para decretar el día mundial anti-Trump.
Leía con atención a un republicano que plantea una metáfora para estas elecciones de medio tiempo utilizando la obra del poeta Homero.
No se necesita leer la borra del café para saber lo que puede ocurrir. Basta tan solo con documentarse bien leyendo a republicanos y demócratas. Ningún analista serio cree que los republicanos vayan a tener una buena noche cuando se conozcan los resultados de las elecciones de mitad de mandato. La incógnita está en si será simplemente un resultado malo, terrible o algo parecido a ser devorados por un cíclope.
Todo indica que será una noche terrible para el Partido Republicano y, especialmente, para Trump, con la pérdida de 20 escaños en la Cámara de Representantes y la toma del control del Senado por parte de los demócratas. El Partido Republicano también perderá numerosas gobernaciones y cámaras legislativas estatales. El pueblo estadounidense pasará factura por la mala situación económica que vive la clase trabajadora que hace dos años votaba por Trump.
Todas las encuestas serias apuntan a una fuerte victoria demócrata. El índice de aprobación de Trump entre los votantes registrados —una cifra que he seguido de cerca en el boletín Margin of Victory— es de apenas el 38,8 %, más bajo que el de cualquier presidente en vísperas de unas elecciones de mitad de mandato. El promedio general de RealClearPolitics para las elecciones al Congreso, fuente de consulta permanente, da a los demócratas una ventaja de, aproximadamente, 8 a 9 puntos porcentuales.
Según el republicano que compara este momento de Trump con La Odisea, los índices de aprobación son un buen indicador del desempeño de los partidos de los presidentes en las elecciones de mitad de mandato. Durante las últimas cinco elecciones de este tipo, el apoyo en votos obtenido por el partido del presidente en la Cámara de Representantes apenas logró superar su índice de aprobación personal, con una diferencia máxima de 5,8 puntos porcentuales.
Tampoco hace falta haberse graduado con honores en matemáticas para ver el inminente desastre que se les viene encima a Trump y a los republicanos. Con una mísera aprobación del 38,8 % en su gestión, los números no mienten: el partido del expresidente tiene garantizado estrellarse contra un techo que no superará el 44,6 % de los votos este martes.
Por eso, los números que más se acercan a la realidad son aquellos en los que los demócratas ganarían entre 235 y 240 escaños en la Cámara de Representantes, de 20 a 25 más que en 2024. Y cuidado si no nos quedamos un poco cortos.
Hoy, un Partido Republicano arrastrado por un presidente que en lo interno de los Estados Unidos está políticamente en coma, se asoma al abismo de perder el control de ambas cámaras del Congreso, y necesita con urgencia un mapa que no sea el de su propia fantasía. Tal vez, al igual que Odiseo, logren encontrar el tortuoso camino de regreso a la realidad. O tal vez prefieran quedarse eternamente varados en su propia isla, devorando lotos y autoconvenciéndose de que este monumental naufragio electoral fue solo un mal sueño. Al fin y al cabo, una derrota de Trump es un “fresquito” para toda la humanidad, el triunfo de la razón sobre la barbarie.
COLUMNA «DESCIFRANDO EN ROJO Y NEGRO» • SERVIRALPUEBLO.ORG
