Por Equipo Servir Al Pueblo
«Nuestros ideales revolucionarios están fundamentados en las luchas que marcaron un antes y un después en la historia, por eso recordamos a uno de los protagonistas del heroísmo revolucionario: El Apóstol de la Independencia de Cuba, José Martí (…) Siguiendo el ejemplo de Bolívar, Martí se convirtió en un referente de dignidad para quienes luchan por consolidar una patria libre, independiente y soberana.”
Presidente Constitucional Nicolás Maduro. 19 de mayo de 2022.
A 173 años del natalicio de José Martí, su voz, cargada de fuego sagrado y de amor continental, resuena con una urgencia profética. En aquel octubre de 1893, ante la Sociedad Literaria Hispanoamericana, Martí no solo rindió tributo al “hombre verdadero”, a aquel “príncipe de la libertad” cuyo nombre “resonará en lo más viril y honrado de nuestras entrañas”. Hizo algo más, diagnosticó el sueño inconcluso y señaló el camino. “Bolívar tiene que hacer en América todavía”, sentenció, viendo en el Libertador no un bronce del pasado, sino un mandato vigente, “vigilante y ceñudo” en el cielo de Nuestra América, porque su obra, la obra esencial, permanece abierta.
Martí nos enseñó que Bolívar no fue un simple estratega militar, sino el horno donde se fundió el alma de un continente. Fue quien supo juntar, “al calor de la gloria, los compuestos desemejantes”, la llama única hecha del alma india, mestiza y blanca. Y, con visión de centinela, Martí reconoció en él al genio que proclamó “que la salvación de nuestra América está en la acción una y compacta de sus repúblicas”. He allí la clave, la unidad no como mera fórmula política o sujeción central, sino como “unidad de espíritu”, como “acción compacta” frente al mundo y en la forja de un porvenir común. Este es el núcleo irrenunciable del ideal bolivariano que Martí rescata y entrega a las generaciones futuras.
Hoy, frente a los desafíos de un nuevo siglo de luchas, ese llamado se torna imperativo. La sombra del nuevo colonialismo, la codicia de imperios decadentes y la traición interna de oligarquías vendepatria exigen, más que nunca, la concreción de aquella visión. Por ello, convocamos a los pueblos, a las organizaciones sociales, a los intelectuales comprometidos, a los soldados de la paz y de la justicia, al Congreso Anfictiónico de los Pueblos. Un congreso que no sea de cancillerías distantes serviles al imperialismo, sino de las calles, de las fábricas, de los campos, de las universidades, desde las comunas; un espacio donde se teja, desde la base y en hermandad, la voluntad común para defender nuestra soberanía, intercambiar sueños y construir, con las manos en la tierra de cada patria, el gran escudo de la dignidad continental.
Este Congreso debe ser el instrumento para “desatar razas” y “desencantar el continente”, como soñó Bolívar. Debe ser la tribuna desde donde, “con una montaña por tribuna”, proclamemos nuestra segunda y definitiva independencia. Es la hora de que los pueblos, herederos de aquella espada liberadora, tomen en sus manos el diseño de su destino común.
Alzar esta bandera conlleva, como en los días épicos de un Ribas o un Sucre, un precio de sangre y valor. Por eso, en este mismo aliento de convocatoria, rendimos el más sentido y combativo homenaje a los mártires cubanos y venezolanos que, el 3 de enero de 2026, cayeron en combate defendiendo la Patria, al Presidente constitucional Nicolás Maduro y a la Primera Combatiente Cilia Flores. Su sacrificio no es un episodio aislado; es el mismo de los comuneros del Socorro, de la valiente Mercedes Abrego bordando el uniforme del Libertador, de los héroes anónimos de Ayacucho, Boyacá y Carabobo. Ellos, con su entrega suprema, defendieron no a una persona, sino el principio de la autodeterminación, el derecho de nuestros pueblos a elegir su rumbo sin la bayoneta extranjera apuntando a su corazón. Son la prueba viviente —ahora eterna— de que la semilla bolivariana y martiana germina en los hijos dignos de esta tierra.
“¿Adónde irá Bolívar?”, preguntaba Martí. Irá al brazo de los hombres y mujeres que, hoy, toman su bandera. Irá a este Congreso Anfictiónico de los Pueblos que urge convocar. Irá, con su mirada de fuego, a velar por los que, como aquellos mártires del 3 de enero, escriben con su vida la próxima página de la independencia.
La llama que encendió Bolívar y que avivó Martí no se ha apagado. Arde en la memoria de los caídos y en la decisión de los vivos. ¡A la unidad, pues! ¡A la acción compacta! ¡A hacer, por fin, lo que Bolívar dejó por hacer!
¡Hasta la Victoria Siempre!
