El “Occidente Colectivo”.

Por Miguel Ernesto Salazar.

“…Cuando muera Gaza, morirá la humanidad toda. El pueblo de Dios no era el pueblo de Israel, no es el pueblo de EE. UU. El pueblo es la humanidad toda y los niños de Gaza son humanidad. Están matando al pueblo elegido de Dios: los niños de la humanidad”.

Gustavo Petro, presidente de Colombia. Discurso ante la 75° Asamblea General de la ONU. 24 de septiembre de 2024.

Hace unas semanas, María Zajárova, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, en relación con la incautación del avión del Estado venezolano por parte de los EEUU en suelo dominicano, señalaba: «No obstante, esta vez, se apropió del avión con una arrogancia imperial particular, pretendiendo dar sermones. Es una demostración para todos: nada y nadie está protegido del saqueo sancionador, ya sean activos empresariales, reservas bancarias, inmuebles o medios de transporte. La falta de normas jurídicas es la primera de las notorias «reglas» sobre las que el Occidente colectivo estructura el modelo del orden mundial en el espíritu de la doctrina Monroe global«.

Extraigamos de allí estas dos líneas; “EL OCCIDENTE COLECTIVO ESTRUCTURA EL MODELO DEL ORDEN MUNDIAL EN EL ESPÍRITU DE LA DOCTRINA MONROE GLOBAL”, en mayúscula, subrayado y en negrillas. ¿Dónde lo estructura? ¿Quiénes lo estructuran? ¿Para qué lo estructuran? La 75° Asamblea General de la ONU es un espacio idóneo para buscar y encontrar respuestas. Además, a este conclave de oradores le ha antecedido, la “Cumbre del Futuro”, un “evento de alto nivel que reúne a dirigentes mundiales para forjar un nuevo consenso mundial a fin de mejorar el presente y salvaguardar el futuro”. Aquí, ya comienza a vérseles las costuras al “Occidente Colectivo”.

En este sentido, el “Occidente Colectivo”, el conjunto de regímenes politicos y bloques de poder en la órbita de los Estados Unidos, se traza como objetivo, “revitalizar la acción mundial para garantizar el futuro que queremos y responder eficazmente a los retos actuales y futuros, en colaboración con todas las partes interesadas”. ¿”revitalizar”? Dice la letra de una de las últimas canciones de Charley García, que “Dios creó al universo y también al Ku Klux Klan”, el “Occidente Colectivo” no se entiende sin el destino manifiesto, una voz providencial que se difunde en el mundo: “La democracia es la causa de la humanidad” o el “Somos la nación del progreso humano”. Revitalizar la democracia y la libertad. “¿Quién podrá, y quién podrá, poner límites a nuestra marcha hacia adelante?”, se preguntaba John L. O’Sullivan en un artículo publicado en la edición de julio-agosto de 1845 de la Revista Democrática en apoyo de la anexión de Texas y la adquisición del territorio de Oregón: “Otras naciones se han comprometido a entrometerse… con un espíritu de interferencia hostil contra nosotros, por el objetivo declarado de frustrando nuestra política y obstaculizando nuestro poder, limitando nuestra grandeza y obstaculizando el cumplimiento de nuestro destino manifiesto de extendernos por el continente asignado por la Providencia para el libre desarrollo de nuestros millones que se multiplican cada año”. Volvería O’Sullivan en un editorial escrito para el New York Morning News, afirmando sobre el reclamo de Estados Unidos de soberanía sobre el territorio de Oregón: “… ese reclamo es por el derecho de nuestro destino manifiesto de extendernos y poseer el todo el continente que la Providencia nos ha dado…”. En pleno siglo XXI, el “Occidente Colectivo”, bajo el espíritu expansionista de la Doctrina Monroe retoma su conquista global. De allí la lógica utilizada por la bella portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de la Federación de Rusia, María Zajárova, para exponer los riesgos a los que está expuesta la humanidad.

Atrás quedó la anexión de Texas en 1845, seguida por la guerra con México, que terminó con la anexión de la mitad de su territorio en 1848 o la compra de Alaska a Rusia en 1867 o la expansión del ferrocarril transcontinental, terminado en 1869, uniendo la nación estadounidense de costa a costa en su esfuerzo por construir una nueva nación. Ya no son las guerras fuera de los Estados Unidos inspiradas en la voz divina que le susurraba a los presidentes de turno: Filipinas, Guam y Puerto Rico. Ya no es el intervencionismo estadounidense en Latinoamérica y el Caribe en el siglo XX a través de los marines: Cuba, Nicaragua, Panamá, República Dominicana o Haití. Ni la intervención de los Estados Unidos a través de la CIA para desconocer la voluntad popular e imponer dictaduras militares para empujar al neoliberalismo; Argentina, Chile, Uruguay, Brasil, Guatemala, Honduras, Venezuela, Bolivia. Hoy, en pleno siglo XXI, el destino manifiesto va de la mano con nuevos mecanismos de intervención.  

Cada frente de guerra abierto por los Estados Unidos tiene a los once “Unified Combatant Command” esparcidos a escala planetaria, como punta de lanza de la política exterior estadounidense, sea ésta bajo un gobierno demócrata o uno republicano. Discutir quién puede ser mejor para la humanidad, si Kamala o Trump, es una frivolidad, la voz divina le susurra a ambos, y los padres fundadores le hacen sombra en cada gesto. Desde el Comando Sur al Europeo, Central, Norte, Africano, Pacífico y Espacial, los medios para llevar la guerra a los pueblos han adquirido la complejidad del prisma, que es capaz de refractar, reflejar y descomponer la luz en los colores del arcoíris. Hasta el espacio es en disputa. El planeta ha perdido sus colores para darle paso a vastas zonas coloreadas de gris.

La “guerra orbital”, el conocimiento del dominio espacial, el uso de la tecnología comercial en sistemas de misión, no son ideas, son líneas gruesas de la política de defensa y seguridad nacional de los Estados Unidos, plasmadas en un documento del Pentágono que lleva por nombre, “Estrategia de Integración Espacial Comercial del Departamento de Defensa de 2024”. Comandos como el Comando Cibernético de Estados Unidos o la nueva oficina cibernética del Departamento de Estado, no son escenas de películas de ciencia ficción, sino que están allí, operando, para establecer el dominio global, el Sistema Combinado de Mando y Control de Todos los Dominios (CJADC2), es prueba de ello, donde la Inteligencia Artificial, la robótica y la automatización den a las unidades de inteligencia y combate pretenden dar la ventaja estratégica sobre el enemigo, es este caso, la humanidad. El “Occidente Colectivo”, con los Estados Unidos a la cabeza también ha aprendido de la Guerra en Ucrania, de las nuevas formas de combate.

Al escribir esta nota, los palestinos asesinados por Israel ascienden a más de 41 mil muertos; de ellos 16.700 son niños y niñas. 21 mil niños y niñas están desaparecidos y 17 mil se han quedado sin familias. Al escribir esta nota, los bombardeos sobre el pueblo de El Líbano, ascienden a 558 muertos y 1835 heridos. Mientras esto ocurre, el delegado de Israel ante la ONU ha expresado que Israel es “una nación pacífica” que no busca la guerra, todo ante las palabras del presidente de Estados Unidos, Joe Biden: “La guerra a gran escala no está en el interés de nadie (…) Incluso en una situación que ha escalado, una solución diplomática aún es posible”. Solo en el pasado mes de agosto, Estados Unidos aprobó la venta de armas a Israel por un monto de 20.000 millones de dólares, incluidos aviones de combate (F-15), municiones 120 mm para tanques, morteros de alto poder explosivo y misiles aire-aire. Otros 375 millones de dólares en ayuda militar a Ucrania se dispondrán para continuar forzando un desenlace incierto para la humanidad.

Habría que también recordar el asesinato del presidente de Haití, Jovenel Moïse, a través del uso de mercenarios o la utilización de bandas criminales en Venezuela en alianza con paramilitares colombianos y narcotraficantes mexicanos o un Elon Musk desde otra trinchera para desestabilizar a Venezuela, son signos claros de las nuevas formas de llevar el destino manifiesto más allá de las fronteras de los Estados Unidos en su objetivo de expandir la Doctrina Monroe a escala global. Si esto no fuese suficiente basta tan solo con ojear la página del Observatorio Antibloqueo: “El Mapa Geopolítico de Sanciones registra datos sobre las medidas coercitivas unilaterales. Ofrece un ranking de países sancionados por objetivo (personas, aeronaves, empresas/entidades y buques). Incluye notas metodológicas y una sección de noticias sobre las MCU y la lucha contra esta política violatoria de la Carta de la ONU y del derecho al desarrollo. Hasta septiembre de 2024, 31.150 MCU pesan sobre 30 países, impuestas por EE. UU., la Unión Europea y otros Estados. El 97 % de estas medidas (30.103) se concentran en 9 países, y el restante 3 % se distribuye entre 21 naciones. Rusia encabeza la lista con 71 % del total. Le siguen Irán, con 9 %, y Siria, con 4 %. Venezuela es el quinto país con más sanciones (947), impuestas en tan solo 9 años”.

Un artículo en Sputnik Mundo, cita al argentino Demian Bio, internacionalista egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA), a propósito del mensaje de Biden en la ONU, sobre ello lanza la lapidaria aseveración: «exhibió un presidente derrotado y una doctrina agonizante». Automáticamente surge la duda, ¿Si en decadencia, el imperialismo yanqui, hace alarde del poderío tecnológico, comenzando con el control de las plataformas tecnológicas que soportan el funcionamiento y los contenidos de las Redes Sociales, entonces como será cuando ya haya agonizado? Fredric Jameson, unos de los críticos marxistas más importantes, recientemente fallecido, también dejaba la interrogante en un artículo titulado: Globalización Y Estrategia Política: “¿Nos encontramos verdaderamente ante el mismo tipo de dominación que se daba bajo la colonización o bajo el alistamiento forzoso de la Guerra Fría?”. Dice el refrán popular que loro con ala cortada es el que más aletea.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.