Un fracaso anunciado.

«No, no es contra Maduro, ni siquiera es contra Venezuela; es contra toda América. Y si es contra toda América, es contra toda la humanidad esta ofensiva de violación de los Derechos Humanos y del Derecho Internacional».

Presidente Nicolás Maduro. Encuentro de Juristas en Defensa del Derecho Internacional. 14 de noviembre de 2025.

«Un ejército de hombres libres, valerosos y vencedores no puede encontrar resistencia: la victoria marcha delante de vosotros, y Venezuela verá rendirse o perecer a sus crueles conquistadores. ¡Llaneros! Vosotros sois invencibles: vuestros caballos, vuestras lanzas y estos desiertos os libran de la tiranía. Vosotros seréis independientes a despecho del imperio español».

Libertador Simón Bolívar. Proclama a los habitantes de los llanos. 17 de febrero de 1818.

El secretario de Guerra, el neonazi Pete Hegseth, anunció el pasado jueves la «Operación Lanza del Sur», que, según dijo, tendrá como objetivo a los «narcoterroristas» para proteger a Estados Unidos de «las drogas que están matando a nuestra gente».

Esta falsa narrativa, alimentada por grandes centros de pensamiento y cadenas de noticias neoconservadoras, ha dado paso a las nuevas declaraciones de Trump contra Venezuela. «Más o menos me decidí. No puedo decirle cuál sea», señaló el carnicero Trump ante la pregunta de un periodista a bordo del Air Force One sobre el destino de Venezuela.

Recordemos que, según un reporte de la CBS News de hace unos días, «el secretario de Guerra, Pete Hegseth, el jefe del Estado Mayor Conjunto, Dan Caine, y otros altos funcionarios informaron al presidente sobre las opciones militares para los próximos días».

Todo esto ocurre mientras el portaaviones USS Gerald Ford ha arribado al Caribe para unirse a la fuerza agresora del Comando Sur. Este incremento inusual de fuerzas militares estadounidenses viene acompañado de nuevos ejercicios militares en aguas de Trinidad y Tobago, y del misil ideológico lanzado en la plataforma X por el neonazi Hegseth: «El hemisferio occidental es el vecindario de Estados Unidos, y lo protegeremos».

La retórica de «proteger el Hemisferio Occidental» enmascara una amenaza que se cierne sobre toda la región, no solo sobre Venezuela. Cuba, Nicaragua, Colombia, Brasil y cualquier otra nación que Washington decida incluir en su costal de objetivos están en la mira. Esta ampliación del enemigo, a su vez, amplía el radio de una respuesta legítima. La llamada «Operación Lanza Asesina» no es un proyecto futuro; ya está en marcha desde hace unos meses, y el bombardeo de aquellas lanchas, con su saldo de casi un centenar de asesinados, es una prueba sangrienta de su implementación.

En la lógica imperialista, pareciera que todo está servido para un ataque inminente contra el pueblo venezolano. Sin embargo, el panorama en el interior de las entrañas del gran monstruo —expresión martiana para describir la complejidad de la sociedad estadounidense— presenta otra realidad.

Las encuestas en Estados Unidos, que como un termómetro miden la temperatura política de la sociedad, no están a favor del inquilino de la Casa Blanca y su logia de neonazis. Por una parte, Trump sigue en un franco descenso en sus niveles de aprobación: al día de hoy, solo el 42% aprueba su gestión. Esto contrasta significativamente con el estudio de Hinterlaces sobre la aprobación de la gestión del Presidente constitucional de Venezuela, el compañero Nicolás Maduro, que alcanzó en septiembre el 65%.

Por otro lado, un estudio de Reuters/Ipsos —un medio que, precisamente, no es chavista— revela que «solo el 29% de los estadounidenses apoya el uso del ejército para matar a presuntos narcotraficantes sin la participación de un juez o tribunal, lo que supone una crítica a los ataques del presidente Donald Trump en el Caribe y el Pacífico oriental». Este dato es interesante si tomamos en cuenta que la sociedad estadounidense es de carácter conservadora y proclive a apoyar una política exterior de intervención militar en el extranjero.

Incluso en el propio partido de Trump, la encuesta refleja divisiones internas: «el 27% de los republicanos encuestados se opuso a la práctica, mientras que el 58% la apoyó y el resto se mostró indeciso». Un 76% de los demócratas se opone a esta práctica. La encuesta es contundente respecto a la visión actual estadounidense sobre la agresión a Venezuela: solo uno de cada tres ciudadanos apoya la intervención militar. «El 35% de los encuestados en el sondeo de Reuters/Ipsos dijeron apoyar el uso de la fuerza militar estadounidense en Venezuela para reducir el flujo de drogas ilegales hacia Estados Unidos sin el permiso del gobierno venezolano».

Pero por si fuera poco, la encuesta desmonta la narrativa de la logia neonazi de Trump: apenas «el 21% de los encuestados dijo respaldar el uso del ejército estadounidense para derrocar a Maduro». En otro aspecto, «el 46% de los estadounidenses dijeron aprobar la designación de los cárteles de la droga como organizaciones terroristas extranjeras y la autorización de acciones militares».

De allí que revista importancia la movida de piezas de nuestra diplomacia de paz, con el encuentro de juristas internacionales (100 juristas de 34 países) en Venezuela, donde el Presidente Nicolás Maduro realizó un llamado a los estadounidenses: «Detengan la guerra, no a la guerra». Y agregaba: «La inmensa mayoría del pueblo estadounidense no quiere guerra en el mundo y menos quiere una guerra en América. Entonces, hay que tocar puertas para que se abra la conciencia».

El alto mando político-militar de la Revolución lleva el pulso no solo a la situación, sino también al termómetro político de la sociedad estadounidense. Apelar a la conciencia de un pueblo en el que más del 70% se opone a una guerra contra Venezuela no es un hecho fortuito, sino la lectura acertada de la realidad. Y más aún, entendiendo que el 83% de la población venezolana estaría dispuesta a enfrentar una invasión militar extranjera.

Trump y la logia neonazi encabezada por Pete Hegseth desconocen la historia de quienes en el pasado empuñaron la lanza del Sur. El pueblo venezolano es heredero de aquellos 153 llaneros que, lanza en mano, derrotaron a más de 1.500 soldados realistas en Las Queseras del Medio. Parafraseando al padre Bolívar, lo que en el pasado se hizo no es más que un preludio de lo que los venezolanos y las venezolanas pueden hacer por la patria ante la agresión imperial.

La historia, pues, está del lado de quienes defienden su soberanía. Mientras el imperio calcula sus movimientos en tableros de guerra, el pueblo venezolano escribe su destino con la misma tinta indoblegable de sus libertadores. La «Lanza del Sur» no es solo una operación militar anunciada por Washington; es un símbolo que el pueblo venezolano reclama con orgullo, transformándolo de una amenaza externa en un grito de resistencia.

Quienes hoy amenazan con la fuerza bruta ignoran la lección fundamental de nuestra América, que un pueblo consciente, unido y heredero de una gesta libertadora, es un adversario imbatible. La victoria, como en los tiempos de Bolívar, no marcha delante de los invasores, sino que aguarda, firme y desafiante, en la lanza erguida de una nación que prefiere perecer de pie antes que vivir de rodillas.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.