«Vivir juntos en el mundo significa esencialmente que un mundo de cosas está entre quienes lo tienen en común, al igual que una mesa se sitúa entre quienes se sientan alrededor de ella; el mundo, como todo ‘entre’, relaciona y separa a los hombres al mismo tiempo».
Hannah Arendt, La condición humana (1958).
¿Cuántos venezolanos acudieron al llamado de la pitiyanqui? ¿Cuál es la verdad sobre la concentración de MCM en el City Hall de Houston?
A falta de un dron para tener una imagen aérea del lugar y apreciar la realidad de la convocatoria, nos toca aplicar el método de densidad de multitudes (conocido como el método de Jacobs) y el método de análisis de cuadrícula para hacer un cálculo mucho más preciso de la asistencia total al evento.
El City Hall de Houston posee aproximadamente 650 m². Los afectos a MCM hablan de miles de venezolanos concentrados en dicho lugar; uno de ellos es el embustero de @OrlandoA: «Miles de venezolanos reciben a María Corina Machado en Texas, tras su participación en el importantísimo evento CERAWeek».
Anoten: en Houston, Texas, la comunidad venezolana suma aproximadamente un poco más de 200.000 connacionales; es la mayor población de venezolanos en suelo gringo después de la Florida.
Hagamos un análisis serio con el método Jacobs:
El método calcula el número de personas multiplicando el área disponible por la densidad estimada (cantidad de personas que caben en un metro cuadrado).
Densidad en primer plano y medio: en la parte frontal y central de la imagen, la multitud está muy compacta. Si dividimos visualmente esa área en pequeños bloques, cada bloque contiene decenas de rostros y cabezas muy juntas.
Observando lo compacta que está la multitud en la foto —con muchas personas de pie, hombro con hombro, prestando atención al mismo punto— podemos plantear tres escenarios para esos 650 m²:
- Densidad moderada (aprox. 1.5 a 2 personas por m²): si en los bordes o en la parte trasera de la plaza la gente estaba un poco más dispersa, con espacio para caminar, el cálculo nos daría entre 975 y 1.300 personas.
- Densidad alta (aprox. 2.5 a 3 personas por m²): esta densidad coincide mucho más con lo que vemos en la mayor parte de la fotografía, donde el público está concentrado y con poco espacio de maniobra. Si esta compresión se mantuvo en casi todo el recinto, estaríamos hablando de entre 1.625 y 1.950 personas.
- Densidad máxima (aprox. 4 personas por m²): esta compresión extrema suele darse únicamente justo frente a las tarimas o altavoces. Daría un máximo teórico de unas 2.600 personas, aunque es poco común que toda una plaza mantenga este nivel de saturación de extremo a extremo.
Tomando en cuenta la dinámica visual de la fotografía, un estimado muy realista y sólido para esos 650 m² sería de entre 1.300 y 1.900 asistentes en total. Es decir, a la concentración de MCM habría acudido el 0,95 % de los venezolanos residentes en Houston (si asumimos que quienes acudieron a la convocatoria eran exclusivamente los venezolanos en Houston).
Otro método que podemos aplicar para darle chance a la MCM es el método de análisis de cuadrícula. Para este ejercicio se divide la foto en una rejilla que se ajusta a la perspectiva del suelo (imagina una tela transparente sobre la multitud). El plano visible en la foto contiene aproximadamente 160 cuadrículas.
Utilicemos una muestra de tres cuadrículas:
1. Cuadrícula 1 (primer plano): aquí la densidad es máxima, la gente está muy compacta. El conteo individual nos da 18 personas en ese pequeño cuadrado.
2. Cuadrícula 2 (plano medio): a medida que nos alejamos un poco de la cámara, la gente se ve más pequeña y el conteo es de 12 personas.
3. Cuadrícula 3 (fondo): en las zonas traseras visibles, la perspectiva y el hecho de que unas cabezas tapen a otras (ocultación) hacen que el conteo baje significativamente, llegando a 7 personas reconocibles.
Una vez tomada la muestra y realizados los conteos, hacemos lo siguiente:
– Calculamos la densidad promedio por cuadrícula: promedio = (18 + 12 + 7) / 3 = ~12 personas por cuadrícula (redondeando).
– Multiplicamos la densidad por el total de cuadrículas: ~160 cuadrículas visibles × 12 personas/cuadrícula = ~1.920 personas en el plano.
Basándonos en este análisis de la fotografía, el estimado total de personas visibles en esta foto es de aproximadamente 2.000. Es decir, 100 personas más; no miles, solo 100 más: el 1 % de la población de venezolanos en Houston.
Aún está fresca la declaración del agente naranja sobre MCM: «Creo que sería muy difícil para ella ser la líder. No cuenta con el apoyo ni el respeto dentro del país. Es una mujer muy amable, pero no goza del respeto necesario».
¿Qué nos deja la imagen? Sencillo: MCM es un liderazgo acabado y sigue en caída libre. Su política no tiene cable a tierra; está hecha sobre un falso análisis de la realidad política, tal como ocurrió el 28 de julio de 2024. Esta situación la hace insostenible para el plan de intervención de Trump sobre Venezuela.
¿Puede MCM construir el frente interno que dispute al chavismo el poder? La respuesta es absolutamente, no. Sin subestimar a este sector de la oposición que hizo posible el 28J movilizar grupos violentos para la toma del poder, la realidad es otra. Nicolás Maduro y el alto mando político-militar de la Revolución, junto al chavismo organizado, derrotaron políticamente hace rato a este sector de la oposición.
Los códigos impuestos no terminan de entender que al venezolano (incluso, me atrevo afirmar que el venezolano que está en el exterior), no le gusto para nada el ataque militar de Estados Unidos sobre Venezuela. No han entendido aún lo simbólico del triunfo del equipo de Béisbol de Venezuela en el Clásico Mundial ante los Estados Unidos. No terminan de entender que el petróleo es un bien común para el venezolano y que la privatización de la industria petrolera o un acuerdo con el FMI, no cae bien en el ánimo del habitante de a pie.
Hannah Arendt nos advierte que lo que nos hace humanos y políticos no es pensar igual, sino tener una «mesa» (el mundo común) en medio que todos podamos ver, aunque sea desde ángulos distintos.
No habrá transición política en Venezuela de acuerdo con el imaginario construido con algoritmos por parte de este sector de la oposición, y difícilmente por ahora para la transición que ha planeado y desea Washington a partir del 3 de enero.
Hasta en el sentido común, este sector de la oposición está perdiendo la batalla ideológica. Hacen un esfuerzo enorme en colocar una pírrica movilización en Houston como la gran marcha hacia la transición, pero cada vez menos apuestan a su discurso; ese capital humano que han acumulado consume el algoritmo impuesto. Pero el algoritmo, el código tecleado por los que intentan reconstruir el liderazgo de MCM, le da a cada persona una «mesa» distinta en su pantalla; ya no están sentados en la misma mesa. Han perdido el mundo común, volviéndose átomos aislados, acercándolos incluso de a poco al fascismo puro. Para este sector la realidad ya no importa; solo les queda la fuerza y la manipulación. Han quemado la mesa, el espacio público de encuentro con la realidad.
Tal como nos arroja el resultado del análisis de las imágenes de la concentración de MCM en Houston, siguen empeñados en colocar su apuesta mayor en el código, ese que fragmenta la realidad y la personaliza a capricho de quien paga.
Guy Debord (autor de La sociedad del espectáculo) señala que el ciudadano es un espectador. El espectáculo es «el capital acumulado hasta tal punto que se convierte en imagen». Esto pasa con MCM, ya no vive la vida, solo contempla lo que ella cree es una representación de ella. Esta oposición ya no está solo como un espectador más del espectáculo servido por los códigos que alimentan el algoritmo, sino que ha pasado a ser parte de él; habitan ahora en su propio espectáculo.
El algoritmo es la herramienta técnica que perfecciona la sociedad del espectáculo, ya no es un espectáculo masivo para todos (como la TV), sino un espectáculo fragmentado donde cada uno recibe una dosis de «realidad» diseñada para que nunca quiera levantarse de su silla ni cuestionar el cristal que tiene enfrente.
El riesgo no es solo que nos mientan, sino que el mundo se vuelva tan difuso que la acción política pierda su sentido. Imaginemos la destrucción del suelo sobre el que nos paramos para juzgar qué es real. La idea de terminar peleando con un bot alarma.
Hacer que la realidad sea difusa es una estrategia de desmovilización. Una población confundida, agotada por la duda constante y encerrada en su propia «burbuja de filtros» es una población que no puede mantener la organización, que en definitiva es nuestro bien común más preciado.
Aquí nuestra acción de resistencia es el encuentro cara a cara, porque hasta ahora el algoritmo no puede (todavía) hackear la empatía química y el compromiso que surge cuando dos personas se miran a los ojos para resolver un problema común.
Nos toca construir nuestro propio algoritmo de resistencia, darle códigos potentes que resistan el simulacro que nos pretende apartar de la mesa. Aquí les propongo esta fórmula para iniciar, que denominaremos «ecuación del anclaje político»:
Acción = Conciencia x Vínculo Real/Mediación Digital
En esta ecuación, el numerador es la fuerza de realidad, lo que pesa en el mundo físico. La conciencia es el «porqué». Incluye la formación política, la memoria histórica y la claridad de objetivos. Sin ella, el vínculo es solo un encuentro sin sentido; con ella, es organización. El vínculo real es la «mesa» de Arendt. Representa el territorio, el abrazo, el trabajo compartido y la confianza que se construye cuando los cuerpos están presentes. Es el antídoto contra la soledad del espectador.
El denominador es el factor de dilución, lo que «fragmenta» y «hace difusa» la realidad. Aquí la mediación digital actúa como un divisor. Mientras más dependa un movimiento de los algoritmos, los likes y las tendencias para existir, más se diluye su impacto real. Si el denominador crece infinitamente (solo activismo digital), el resultado de la acción tiende a cero en términos de transformación física. Que es lo que finalmente le ocurre a MCM y su vasta legión de espectadores.
La ecuación entonces nos invita a entender que la verdadera transformación no se mide en clics, sino en la capacidad de una sociedad o un sector de ella de sostenerse cuando se apaga la pantalla. Es el paso de ser una «tendencia» a ser una fuerza histórica. Y aquí radica la diferencia con el sector de la oposición que naufraga con MCM: no han terminado de comprender que el chavismo es una fuerza histórica, que Nicolás Maduro y Cilia Flores, son parte de esa fuerza.
Esa fuerza histórica hoy se pone a prueba en las entrañas mismas del sistema que intenta procesarla. La audiencia de Nicolás Maduro y Cilia Flores ante un juzgado en Nueva York no es más que el choque frontal entre la soberanía de un pueblo organizado y el último recurso del espectáculo judicial imperial para intentar quebrar nuestra determinación. Frente a este atropello, la solidaridad no se manifiesta como un algoritmo vacío o una tendencia efímera, sino como un vínculo real y profundo que exige su libertad inmediata. Mientras intentan juzgar a nuestros líderes en una mesa ajena y distante, aquí seguimos sentados en la nuestra, la de la resistencia cotidiana, con la conciencia plena de que su retorno y su libertad son el único objetivo posible para quienes nos negamos a ser átomos aislados de la historia. La «ecuación del anclaje» hoy se resuelve en la calle, en el apoyo inquebrantable a Nicolás y Cilia, porque nuestra fuerza no se mide en clics, sino en la lealtad innegociable hacia quienes han sostenido el cuerpo de la nación frente al asedio.
