Caracas, 23 de enero de 2026
¡Compañero Presidente Nicolás Maduro!
¡Compañera Primera Combatiente Cilia Flores!
Un abrazo de lucha, de esos que se dan en la trinchera cuando se sabe que la batalla es larga pero la victoria es nuestra, de esos abrazos cuando el pecho se hincha de rabia y de esperanza a la vez. Te escribo con un nudo en la garganta y el fuego en el alma llena de esa pregunta que un compañero trabajador nos lanzó al corazón: “¿Cuándo se cruza la delgada línea de la dignidad?”. Y la respuesta, hermano Presidente, se busca hoy entre la rabia al saber de tú secuestro y el de la compañera Cilia; al tomar conciencia que somos 30 millones de rehenes del imperio, nos chantajean con volver a bombardear nuestros sistemas hidráulicos y eléctricos para envolver a la Patria en la oscuridad. Pero encontramos la respuesta, cuando vemos que este pueblo no se arrodilla, sino que se organiza, resiste y sigue creyendo. Un pueblo que se organiza con los dientes apretados y la fe intacta.
Hermano Nicolás, hermana Cilia:
En estos días de prueba, mientras el enemigo apuesta a dividir a las fuerzas revolucionarias, hemos visto con orgullo cómo el alto mando político-militar de la Revolución ha respondido con unidad inquebrantable, con un solo puño y una sola voz. No pudieron con nosotros en enero del 58, cuando el pueblo derrocó a la dictadura, ni podrán hoy. Porque aquel 23 de enero, el que tuvo sabor, ritmo y alma popular, fue después traicionado por los mismos que se vendieron al imperio, nos dejo una enseñanza; la lucha no es de hombres, es de pueblos. Como bien denunció Fabricio Ojeda –héroe verdadero de esa jornada, el que nunca claudico–, después del 23 de enero “nada ocurrió en Venezuela, a no ser el simple cambio de unos hombres por otros”. Aquellos que gritaban “Patria” terminaron entregando nuestra soberanía al mejor postor, convirtiéndose en lacayos del puntofijismo.
Hoy, el enemigo quiere repetir esa historia. Pretende que la traición sea el elemento desintegrador del colectivo nacional, que se ponga por encima del sacrificio de un pueblo que está dispuesto a todo por su dignidad. Pero no lo lograrán. Porque nuestra Revolución Bolivariana no es un simple cambio de hombres, es el parto de un Estado Socialista que se levanta sobre las ruinas de aquel Estado burgués, corrupto y servil. Estamos en un tránsito histórico, limpiando las viejas prácticas del despilfarro, la burocracia y la traición que aún intentan filtrarse. Nuestro homenaje vivo al 23 de enero es, precisamente, no repetir sus errores, es construir un poder verdadero, desde las comunas, desde el pueblo organizado.
Por eso, cuando vimos a la compañera Delcy intervenir ante la Asamblea Nacional, supimos que no era sólo un mero discurso, era un manifiesto de dignidad en acción. Esos números –el 99% de abastecimiento nuestro, la gasolina que refinamos con manos propias– son la prueba de que la dignidad sigue firme ha echado raíces, no hay vuelta atrás. El imperio cree que con amenazas de oscuridad nos doblegará, pero no sabe que nuestra luz viene del pueblo, de la unidad cívico-militar, de la lealtad a un proyecto que es de todos.
Compañero Presidente, tu secuestro, el de Cilia no nos debilitó, por el contrario ha sido la chispa que ha templado el acero. Nos recordó que, como en el sueño de Bolívar y la esperanza por un mundo mejor, convierte la lucha en una jornada de carácter mundial con la certeza que la victoria será colectiva. Estamos contigo, con Cilia, con Delcy al frente, con nuestro alto mando político-militar unido. Seguiremos profundizando esta Revolución, erradicando los viejos vicios, fortaleciendo el poder popular.
Y en ese camino, hermano Presidente, te invito seguir mostrando tu firmeza -ejemplo para todo el pueblo venezolano-, a dar otro paso histórico que el momento exige, que desde Venezuela, trinchera invicta de la dignidad, convoques desde las entrañas del monstruo al Congreso Anfictiónico de los Pueblos del Sur. Y tal como escribió José Martí, El Apóstol de Cuba, «Viví en el monstruo y le conozco las entrañas; y mi honda es la de David», nuestra honda, hermano Presidente será la de David. Que sea nuestra respuesta unitaria y combativa a la agresión imperial, la materialización del sueño bolivariano en pleno siglo XXI. Que Panamá no sea escenario de los siervos, sino que Caracas sea la capital de la nueva alianza emancipadora. Que los pueblos oprimidos del mundo escuchen ese llamado y sepamos que, juntos, somos invencibles.
Reciban un abrazo grande, lleno de fuerza y fe. La libertad tuya y de Cilia es la nuestra. La lucha de ustedes, la de todos.
¡Hasta la victoria siempre! ¡Viva la Patria Libre! ¡Viva el Pueblo Organizado!
¡Libertad para el Presidente Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores!
¡Venceremos!
Con cariño y fervor revolucionario,
Tu compañero de camino, desde las calles, las fábricas y las trincheras de la Patria Grande,
Miguel Ernesto Salazar
