Entre Kant y otro hombre desnudo (y 2)

Ante esa actitud, Kant tomó los legajos que le habían sobrado del manuscrito de la Crítica de la Razón Pura y compuso otra crítica, pero esta vez práctica, para demostrarle a su amado compañero que no sólo creía en Dios sino que la creencia moral subjetiva en su existencia unida a la creencia en la inmortalidad, le hacían estar seguro de que jamás podrían arrebatarles sus principios morales y siempre poseería una voluntad libre para amarlo.

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