Estado y conflicto social.

El presente escrito es complementario a los dos trabajos anteriormente publicados en esta columna que llevan por títulos: “Particularidades de los Estado latinoamericanos. Aproximación teórica” y “García Linera y las formas organizativas”. En esta oportunidad haremos un esfuerzo por recorrer la relación entre conflicto social y Estado. Como señalamos en los trabajos precedentemente mencionados, el sentido de este camino se justifica en cuanto accede repasar las características generales del Estado capitalista como instrumento de las clases dominantes, su dimensión productiva y articuladora, así como las capacidades que le permiten enfrentar el conflicto social por medio de tecnologías de cooptación y represión.

Insistimos en manifestar que desde la interpretación marxista, entender al Estado se subsume en la disputa de poder con los sectores dominantes, en tanto racionalidad que se interpela constantemente desde su propia condición de proceso histórico-social. Marx y Engels desde muy temprano manifiestan la condición del Estado como forma superestructural, o modelo de la estructura (modo de producción), de tal forma que encierra la manifestación de las irreconciliables contradicciones de clases. En el Manifiesto Comunista señalan que: “…el gobierno del Estado no es más que la junta que administra los negocios comunes de la clase burguesa…” (Marx & Engels, 2000); también definen el Estado moderno capitalista como la síntesis de la sociedad burguesa, pero esta síntesis se constituye de manera compleja cuando asumen que el Estado queda sujetado a la sociedad civil como lugar donde se presentan las contradicciones y desarrollan los conflictos (Marx, 2008).

La vida material de las personas integrantes de la sociedad no depende exclusivamente de sus voluntades individuales, sino que está determinada por el modo de producción, de donde devienen formas y relaciones que condicionan la vida (Marx, 2008). La relación entre el modo de producción de la vida material como condicionante del proceso social, político y espiritual de la vida y la sociedad, permite explicar el sentido historicista de Marx y Engels en tanto el Estado como una realidad dependiente de los diversos modos de producción (Marx, 2008) (Engels, 2006).

Ahora bien, el Estado en su materialidad es el lado institucional y el régimen de gobierno, y a está materialidad del Estado le complementa lo perteneciente a lo simbólico, donde se conectan las creencias y las formas valorativas de lo social; es decir, el conjunto de formas que amalgaman lo institucional, en palabras de Marx: “…La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio [überbau] jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina [bedingen] el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia” (Marx, 2008: 4-5); por su parte García Linera, interpretando a Bourdieu, nos complementa al referir: “…el Estado como idea colectiva, como sentido común de época que garantiza el consentimiento moral entre gobernantes y gobernados … nos referimos al Estado como relación de legitimación política o, en palabras del profesor Pierre Bourdieu (1987), como monopolio del poder simbólico” (García Linera, [2008] 2020: 428).

Siguiendo esta clave, entendemos el Estado como una relación social histórica compleja donde podemos detectar al menos cuatro componentes que conforman la relación-Estado, el primero estaría representado por la relación social existente entre la sociedad civil y el aparato institucional de poder; puede entenderse desde lo material como lo expresa Zavaleta (2015) al señalar que “Se puede decir que todo lo que pasa por mano del Estado se transforma en materia estatal”, que vendría a ser esa propia relación y las tecnologías del componente, estas últimas no como componente propiamente del dispositivo sino vistas como herramientas; el segundo componente se presenta más simbólico y político, donde se manifiesta la tensión y lucha de las fuerzas en disputa, es la cara de las crisis, referimos a la ecuación social donde se expresa el tipo de gobierno, con sus conflictos, tensiones políticas, saberes y discursos; otro componente sería el constituido por las diversas tecnologías, fundamentalmente el sistema jurídico, el aparato escolar y el sistema cultural; y por último, el componente de la relación de dominación, donde son visibles en hechos lo que hemos llamado “las correrías del poder”.  

Ahora bien, la relación entre Estado y sociedad civil con frecuencia se expresa en conflicto dada la dinámica de la lucha de clases, esta relación que a menudo se manifiesta en protesta social de los sectores populares contra el aparato o acciones de gobierno, es tratada por esté último, por medio de la cooptación y la represión, pero también se puede ver la mezcla de ambos para enfrentar conflictos sociales. La utilización de estas formas de tratamiento del conflicto por parte del Estado dependerá en términos generales de su capacidad para enfrentar las exigencias de la protesta, la correlación de fuerzas entre los sectores dominantes a su interior, y a lo externo con los grupos subalternos en conflicto, al grado de organización de estos y sus capacidades materiales, políticas y simbólicas, estos elementos le otorgan mayor importancia a una estrategia u otra.

La represión es sin duda mucho más visible que la cooptación, esta última es más sutil pero expresa igualmente una relación del aparato estatal con el conflicto social. Entonces, la represión y la cooptación son elementos de una misma forma de dominación que persigue la institucionalización del conflicto social, su ubicación dentro de las determinaciones que el Estado proporciona y que ocultan las contradicciones sociales del modelo, la represión actuando de manera directamente violenta y la cooptación utilizando tecnologías para reducir el impacto de la confrontación y diluirlo en las marañas institucionales del aparato estatal, pero fundamentalmente hacerlo parte del consenso social entendido éste como negación de la lucha de clases.

La conflictividad entre la sociedad civil y el Estado se manifiesta esencialmente en el terreno de la política, convirtiéndose en la corriente por donde fluyen las diferentes formas de afrontar los conflictos. En nuestra región latinoamericana con frecuencia esa conflictividad desemboca en momentos de violencia, donde se hace evidente el enfrentamiento entre el Estado, quien sabemos ejerce el monopolio de la violencia históricamente reconocida; y, por la otra parte la violencia transgresora y no aceptada, ejercida por los sectores subalterno de la sociedad en conflicto con el Estado o sectores de él. La violencia surgida de las clases subalternas tiene la potencia transformadora, pero también puede ser conservadora, dependerá de la lectura que tengan de la realidad los sectores en conflicto con el sistema estatal. En todo caso, cualquiera sea el tipo de violencia, el Estado tiene el privilegio de atacar pues teme el potencial que está posee para generar cambios.

Pero cuando los conflictos no llegan a la acción directa (principalmente por la actuación de los circuitos mediadores), es cuando otras instituciones, no represivas, hacen del espacio estatal el lugar para la solución de los conflictos de la sociedad civil, por eso tenemos la idea general que en el terreno que facilita el Estado con sus normas e instituciones es donde se resuelven los conflictos, a esto se debe la apariencia de neutralidad del Estado, su aspecto de estar fuera de la lucha de clase, en lugar de ser el principal terreno de lucha.


Textos consultados:

-Engels, Federico (2006). El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado.  Fundación Federico Engels. En: www.fundacionfedericoengels.net/images/PDF/engels_origen_familia_interior_alta.pdf

-García Linera, Álvaro (2008/2020). El Estado en Transición. Bloque de poder y punto de bifurcación. En: La potencia plebeya: acción colectiva e identidades indígenas, obreras y populares en Bolivia / Álvaro García Linera. – 2a ed. – Ciudad Autónoma de Buenos Aires: CLACSO; Prometeo.

– Marx, Karl (2008) El Capital. Vol. I. México/Buenos Aires/Madrid. Ediciones Siglo XXI

– Marx, Karl (2008) Contribución a la crítica de la Economía Política. Siglo XXI editores, México-Buenos Aires-Madrid).

-Marx, Carlos; Engels Federico (2000). Manifiesto Comunista. Ediciones elaleph.com. https://sociologia1unpsjb.files.wordpress.com/2008/03/marx-manifiesto-comunista.pdf.

-Zavaleta Mercado, René (1975/2015). Clase y conocimiento: La autodeterminación de las masas / antología. México, D. F. Buenos Aires: Siglo XXI Editores; CLACSO.

Dario Di Zacomo

Licenciado en Historia por la Universidad de Los Andes (ULA), Venezuela. Magíster en Políticas Públicas para el Desarrollo con Inclusión Social, FLACSO-Argentina.