Por Hernan Garboza
La Guaira, notas sueltas para considerar
La historia del último milenio de los comportamientos del paisaje geográfico y de la tectónica de las placas que lo sostiene está marcada por elementos aterradores e ininteligibles transmitidos por las clases dominantes que hoy controlan el orbe con su pensamiento hegemónico.
La tierra se mueve, eso lo sabían nuestros ancestros y sus evidencias quedaron a salvo en la despreciada oralidad. Los registros de las experiencias vividas se fueron transmitiendo en el único medio que la invasión europea no pudo borrar o robar.
La tierra es mercancía para este modelo civilizatorio en el que sobrevivimos. La compresión de su dinámica natural dejó de estar al alcance de lo colectivo con la Modernidad; por eso la tectónica (estructura) de la corteza terrestre, donde se concentran grandes riquezas para la vida, se hizo asunto exclusivo de expertas y expertos.
En particular Playa Grande, esa formación comprendida entre Punta Gorda y Puerto Viejo que por algo fue referente internacional de estudios sobre el período Cuaternario de la evolución conocida —o que nos han dejado conocer— del planeta. Llegar allí implica caer en cuenta de que toda explicación es enrevesada y misteriosa para quienes no conozcan. Tecnicismos ampulosos que se vuelven galimatías hasta para la o el más pintado.
Para acceder a ellas hay que pagar, porque estudiar y escribir es también un negocio que reduce la divulgación científica a un mínimo y exclusivo número de personas entendidas.
Para el resto de la gente que no comprende las doctas y confusas explicaciones, entonces queda el recurso más barato: «Eso estaba escrito por unos tales profetas que hace unos mil quinientos años adivinaban que los habitantes de La Guaira se merecían esa vaina por profanos de las leyes imbatibles de un dios que no convence, pero sí castiga». Y de paso simpatiza con el sionismo y el Complejo Industrial Militar estadounidense, valga la última redundancia.
Ocurrido el terremoto el 24 de junio de 2026, desde la ciencia convencional todo es descripción de ondas verticales, horizontales, transversales… un fenómeno sentido con estupor y pánico que aún se cuela en nuestros sueños y ahora también en nuestra desesperanza, ante tanto gringo e israelíes practicando desembarcos y planes de “reconstrucción” en las costas guaireñas.
Sin sacudirnos todavía la tristeza y el polvo que se levanta entre ruinas y dolores, nos atrevemos a mirar hacia nuestra realidad y preguntarnos sobre los siguientes asuntos de los que poco se habla o comenta:
Los Valores
- El antropocentrismo o soberbia del pensamiento colonial: Impuesto como único. Creer que las y los humanos somos seres superiores y dominantes de toda la naturaleza a la que podemos modificar sin consecuencias. Esa idea hasta Simón Bolívar la preconiza: “y haremos que nos obedezca”.
- La ciencia como mercancía: El haber hecho de la ciencia una mercancía más, tan enajenable, gracias a su don de ser “objetiva” y a su afamada y falsa “neutralidad”, pero también a su cualidad de incomprensible para el común, que por cierto, es quien la produce.
- El reduccionismo fenomenológico: La reducción de toda explicación a lo mero descriptivo como barreras epistemológicas; el no superar el conformismo y la aceptación de la opinión experta, sobre todo si es extranjera o la formula quien hizo postgrado en una de las selectas universidades imperiales.
Lo siniestro y especulativo (lo aún no demostrable):
¿Será cierto que frente a las costas de La Guaira hay petróleo cuyas estimaciones de reservas superan las ya conocidas? ¿Son concluyentes los estudios que caracterizan la existencia de yacimientos petrolíferos exclusivamente en Maracaibo, Falcón y el Orinoco? ¿Los movimientos en la corteza terrestre ayudan a descubrir nuevos yacimientos? ¿Es posible crear sismos?
Lo Económico y lo Histórico
- Capitales rapiña: La voracidad de los actuales capitales que han anidado alrededor de los escombros de los terremotos del 24 de junio de 2026, con planes nada distintos a los desarrollados desde la década de los cincuenta del siglo veinte. Las mejores tierras no son para los pobres.
- Distribución clasista del territorio: Operó en La Guaira igual que en el resto del país. Terrenos planos, urbanizados, con valores agregados como el paisaje, vialidad, servicios y seguridad para los pudientes. Los cerros y las zonas marginales y escarpadas para las y los pobres.
- El entorno de la vieja burguesía: Considerar que hasta mediados de la década de los sesenta, Playa Grande, Urimare, Puerto Viejo, Catia la Mar, Caraballeda y Naiguatá fueron urbanizadas con edificaciones unifamiliares para el entorno de marinas “deportivas” y de recreación de la burguesía, tal como había sido la tendencia en Macuto desde finales del siglo XIX. Los edificios posteriores eran simples sitios de paso neo-coloniales que raramente superaban los 50 metros cuadrados.
Lo Cultural Mediático
- La demonización del suelo: La similitud geológica del casco urbano de La Guaira con Asia, África y la propia América desmiente la demonización usada para provocar un éxodo poblacional de estos espacios habitados por pueblos originarios. Posicionan en el imaginario la tesis de que “En La Guaira no puede vivir gente”, mientras callan ante Los Ángeles o Japón porque allí “la ingeniería sí sirve”.
- Desprecio al nivel tecno-científico local: El culto neocolonial a la ciencia de factoría extranjera sustituye la tradición ingenieril venezolana de casi dos siglos. Quien tenga dudas, revise la autopista Caracas-La Guaira o los túneles del viejo ferrocarril.
- Desdén por la construcción popular: Se ignora el legado de los constructores con barro que data de más de tres siglos y su probada resistencia a los sismos, antes de que un “empresario” convenciera al gobierno regional de convertir el sitio histórico en otro Hatillo, sin patrimonio ni historia.
Lo Político: La pretendida reconstrucción se hace sin considerar la memoria histórica de los habitantes y bajo el “olvido” deliberado de convocar al Poder Popular. En su lugar, se acepta con complacidos agradecimientos la ocupación militar “humanitaria” de consumados filibusteros como son el ejército israelí y el yankee.
Dependerá del pueblo guaireño, una vez más, como en 1952, 1967 y 1999, si se deja imponer el viejo anhelo de convertir a su territorio en otra Punta Cana, Cancún, Ibiza o Costa Azul con sus antros de prostitución, drogas y lavado de dinero, rodeado por los cinturones de miseria que les caracterizan y la ocupación militar de un imperio humillado por pueblos con más templanza y menos discurso.
La reconstrucción de La Guaira debe ser asunto del pueblo y no de la burguesía ni del desvencijado y derrotado imperio yankee.
Desde este refugio solidario en el valle caraqueño que me separa temporalmente de esa “larga franja entre la cordillera y el horizonte infinito”, a los diecisiete días del mes de julio de dos mil veintiséis.
TAL VEZ AHORA SI NOS CUESTE LA VIDA, PERO VENCEREMOS.
