La Naturaleza del Imperialismo.

“El imperialismo deja detrás de sí gérmenes de podredumbre a los que debemos combatir incansablemente”

— Frantz Fanon, psiquiatra y filósofo anticolonial martiniqués, Los condenados de la tierra, 1961. 

“El imperio tiene fiebre de poder y la cura con grandes dosis de cinismo. Son altísimas sus cuotas de desprecio por el resto del mundo. Su cuerpo anda putrefacto y riega inhumanidad por donde pasa”

— Randy Alonso Falcón, periodista cubano, La naturaleza del imperio, 2 de febrero de 2020.

 

Vladimir Ilich Lenin escribía en 1916, en El imperialismo, fase superior del capitalismo, que el imperialismo surge como una necesidad del capital monopolista para exportar capitales, controlar mercados y materias primas. Otra marxista, Rosa Luxemburgo, definía su esencia: “El imperialismo no es la creación de ningún estado o grupo de estados; es el producto de una determinada fase de madurez en el desarrollo del capitalismo mundial, una fase inherentemente internacional, un todo indivisible, que solo es reconocible en todas sus relaciones, y del que ningún país puede aislarse a voluntad”

De la acera de al frente, no hay quien pierda el tiempo para ubicarnos sin titubeos, como Sir Niall Ferguson, columnista del Instituto Hoover, quien sostenía que los imperios, en especial el suyo, el británico, era garante del orden global: “creo que el mundo necesita un imperio liberal eficaz y que Estados Unidos es el mejor candidato para el puesto… Estados Unidos tiene buenas razones para desempeñar el papel de imperio liberal, tanto desde el punto de vista de su propia seguridad como por puro altruismo. En muchos sentidos, también está excepcionalmente bien equipado para hacerlo. Sin embargo, a pesar de su colosal poder económico, militar y cultural, parece improbable que Estados Unidos sea un imperio liberal eficaz sin cambios profundos en su estructura económica, su composición social y su cultura política”

Esta semana, Donald Trump envió a sus principales aliados —Corea del Sur y Japón— misivas que imponen un gravamen del 25% a partir del 1 de agosto. Posteriormente, extendió la medida a Laos (40%), Tailandia (36%), Camboya (36%), Serbia (35%), Bangladesh (35%), Indonesia (32%), Bosnia y Herzegovina (30%), Sudáfrica (30%), Kazajistán (25%), Malasia (25%) y Túnez (25%). Los documentos incluyen esta condición: “Si desean abrir sus mercados —hasta ahora cerrados a Estados Unidos—, eliminar políticas arancelarias y no arancelarias, así como barreras comerciales, tal vez consideremos un ajuste”. La importación de la crisis en el seno estadounidense mediante una guerra comercial. Las cartas arancelarias de Trump repiten la lógica del “diplomacia de cañonero” del siglo XIX, cañones reemplazados por aranceles, pero con idéntico fin, sumisión. Y concluyen las cartas con una advertencia: “Estas tarifas podrán modificarse, al alza o a la baja, según nuestra relación con su país”.

Reciente, sabemos de la última amenaza de Trump contra los BRICS. Es una estrategia de intimidación: como el matón del barrio o, más exactamente, como un multimillonario arrogante que acaricia el poder. Para personajes de este tipo es imposible concebir que la expansión del nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS desafía el dominio del dólar.

Jean-Paul Sartre lo sintetiza: “Ese personaje déspota, enloquecido por su omnipotencia y por el miedo de perderla, ya no se acuerda de que ha sido un hombre: se considera un látigo o un fusil; ha llegado a creer que la domesticación de las “razas inferiores” se obtiene mediante el condicionamiento de sus reflejos”

Frantz Fanon, desde Martinica, enfatiza el vínculo entre imperialismo y colonialismo: “En las regiones coloniales, el gendarme y el soldado, por su presencia inmediata, mantienen contacto con el colonizado y le aconsejan, a golpes de culata o incendiando sus poblados, que no se mueva. […] El intermediario lleva la violencia a la casa y al cerebro del colonizado”. Así queda claro que ningún inquilino de la Casa Blanca abandonará la violencia, aspecto clave del imperialismo. Este mes se conmemoran 80 años de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki: de las 200 mil víctimas mortales, 38 mil eran niños. 

La esencia del imperio se revela en la propuesta de Benjamin Netanyahu para el Nobel de la Paz a Trump: “Señor presidente, esta carta lo nombra para el Premio Nobel de la Paz. ¡Es bien merecido!”. Trump respondió ruborizado: “¡Oh! Muchas gracias. Viniendo de ti, significa mucho”. Más de 80 mil personas asesinadas por el ejército israelí desde octubre de 2023 —una de cada 25 en Gaza—, 60% mujeres, niños y ancianos. Según UNICEF, 15 mil niños muertos y 34 mil heridos. Estas cifras son irrelevantes cuando la naturaleza imperialista define la paz mediante la fuerza: “El presidente Trump lidera con paz por medio de la fuerza […] restaurando la seguridad mundial” (Departamento de Estado de EE.UU., marzo de 2025). La “fuerza civilizatoria”, exponen su hipocresía y su naturaleza en Gaza, 72% de escuelas destruidas (UNRWA, 2025) niegan cualquier “misión benigna”.

No hay que dejarse engañar por sus promesas. Como señalan los «Hodgetwins», cómicos pro-Trump: «No votamos para financiar la guerra en Ucrania». Trump, impulsado por el movimiento MAGA —similar al » Trump + nacionalpopulismo + derecha tecnológica + intervencionismo + antiinmigración + antiwoke + antiliberalismo + valores tradicionales + Cristo es Rey » que Alexander Dugin teorizó—, regresa a los orígenes imperialistas. Los 848,300 millones del Departamento de Defensa para 2026, más 961,000 millones de la «Ley de Reconciliación», lo confirman. Según el SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), el gasto militar global aumentó un 6.7% en el último año, liderado por EE.UU. (US$1,42 billones), superando el presupuesto combinado de salud y educación de los 54 países más pobres.

Cada nuevo amanecer debe encontrarnos “firmes, alertas y resueltos”. No esperemos que Trump levante sanciones a Venezuela, no se requieren tanques, estas medidas criminales devastan sistemas sanitarios y alimentarios. La amenaza «inusual y extraordinaria» decretada por el Estado profundo estadounidense es real.

Las medidas de Trump contra Venezuela ejemplifican la esencia del imperialismo moderno, una guerra híbrida donde el bloqueo financiero sustituye a los tanques. En 2019, su administración congeló $7,000 millones de activos venezolanos en el extranjero y prohibió transacciones con PDVSA —estrangularon el 99% de los ingresos petroleros (CEPAL, 2020)—. Hoy, bajo la excusa de una “amenaza inusual”, mantiene su agresión aunque Venezuela cumpla acuerdos electorales. Como sentenció el relator de la ONU Alena Douhan: “Son castigos colectivos que violan el derecho internacional”. Trump no envió cartas arancelarias aquí, desplegó un “asedio financiero” para rendir por hambre a quien osa desafiar el dólar. Mientras se levantan las banderas de la “ayuda humanitaria”, según el portal Misión Verdad, el bloqueo ha impedido la “adquisición de albúmina humana, inmunoglobulina y otros hemoderivados, lo que ha afectado a 5 mil 859 personas que padecen hemofilia y síndrome de Guillain-Barré”.

Todas las cartas están sobre la mesa. Nuestra voz debe resonar en cada calle del mundo. Acompañemos al compañero presidente Nicolás Maduro en la Cumbre de los Pueblos por la Paz y contra la Guerra, en su lucha por un mundo multipolar. Sigamos forjando ese hombre, esa mujer nueva que fortalece la nación.

Recordemos, uno no escoge su tiempo de nacer, pero sí decide el compromiso con su tiempo, con la historia. Ni damos ni pedimos tregua por que el imperialismo no solo mata cuerpos, asesina futuros.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.