Por Miguel Ernesto Salazar
En Junio del 2012, el Comandante Hugo Chávez presentaba ante el CNE el “Programa de la Patria”, dentro de la oferta electoral, el Socialismo era eje central de la idea y del discurso político, sin adornos ni espejitos, Hugo Chávez le señalo al pueblo venezolano que la propuesta consistía en un “programa de transición al socialismo y de radicalización de la democracia participativa y protagónica”, “acelerar la transición pasa necesariamente por, valga la redundancia, acelerar el proceso de restitución del poder al pueblo”, fue un principio catalizador para que “El vivo, efectivo y pleno ejercicio del poder popular protagónico es insustituible condición de posibilidad para el socialismo bolivariano del siglo XXI”. El entonces Presidente y candidato, Hugo Chávez, también fue claro en precisar el contexto en que se desarrolla esta transición al socialismo, “la formación socio-económica que todavía prevalece en Venezuela es de carácter capitalista y rentista”. La propuesta socialista, no fue ni es una engañosa una oferta electoral, de esas que este país se acostumbro a escuchar durante cada campaña donde la vieja práctica política era la protagonista. El socialismo como alternativa al capitalismo sigue siendo la apuesta principal de una Revolución que lleva en su práctica cotidiana un mar de contradicciones, pugnas por el poder, victorias y derrotas, aciertos y desaciertos.
Una Revolución como la nuestra, que hace 17 años declaraba “el carácter socialista de la Revolución Bolivariana” y sentencia que esta vía es “el único camino que garantiza la igualdad y la felicidad social”, no hay una tercera ni cuarta vía, necesita cultivarla y recrearla más allá de los manuales, sí tal cosa existe. Y algunos de esos elementos que dan sustento al “Programa de la Patria” o al proyecto de país enmarcado en la Constitución de la República Bolivariana, son el debate de ideas y del pensamiento crítico que moldea la conciencia liberadora de un pueblo que va en busca del bien común más preciado, la independencia plena.
Es un error pretender identificar toda crítica o protesta social como contrarrevolucionaria. Sin duda que habrán sectores interesados en pescar en río revuelto, es comprensible, la oposición sigue en su plan de desplazarnos del poder y para ello recurrirá a múltiples opciones y si le dejamos mango bajito con más tino harán lo que están obligados hacer, aniquilar el Proyecto Bolivariano y al Chavismo como expresión viva de este proyecto. El maestro, maestra, enfermero, enfermera, trabajador o trabajadora que se manifieste exigiendo mejores condiciones laborales y de vida no puede verse como el enemigo que amenaza a la Revolución. La primera medida no deber ser el empleo de la fuerza pública para taponar e impedir su movilización, la primera opción del Partido, de sus dirigentes, es acompañar sus justas demandas y la obligación de nuestro Gobierno Bolivariano es canalizarla y atenderla. Recordemos aquella idea lapidaria de Fidel Castro, “En Venezuela no hay 4 millones de oligarcas, no hay 5 millones de oligarcas…”.
En Venezuela, en el contexto de la Revolución que tratamos de construir, llevar el Premio Libertador al Pensamiento Crítico, organizar Seminarios, Coloquios o Congresos sobre el Pensamiento Descolonizador y convocar a Congresos donde se discute la Nueva Época, no puede estar desvinculado de la realidad ni mucho menos de quienes a través de la movilización asumen la crítica, la descolonización y la justicia social como banderas para demandas sus reivindicaciones. No solo cierta dirigencia revolucionaria de la clase trabajadora se muestre divorciada de la cotidianidad de la masa social sino que cierta intelectualidad camina sobre la reproducción simbólica como la garza en el medio de lodazal.
Parémonos solo un momento en una de la bases teóricas que sustentan al Premio Libertador de Pensamiento Crítico: “Se entiende por obra de pensamiento crítico, a toda aquella obra escrita que, de una u otra manera, desde una posición comprometida con la defensa de la humanidad y desde la perspectiva de que la construcción de otro mundo es necesaria, analice críticamente la realidad del mundo contemporáneo, en forma global o sectorial, en cualquiera de los campos de la actividad social”. Pregunto, ¿No están maestros, maestras, trabajadores y trabajadores movilizados en contra de la política de la ONAPRE asumiendo un rol desde “una posición comprometida con la defensa de la humanidad y desde la perspectiva de que la construcción de otro mundo es necesaria”? Lo cierto es que esta movilización social que reivindica la equidad y la justicia social no puede quedarse huérfana, debe ser acobijada bajo el manto protector de la Revolución. Dialogo y debate, son esenciales como prácticas políticas de la idea que la Revolución forja en su intento de establecer una idea de democracia. El comportamiento de las fuerzas revolucionarias que están inmersas en la construcción de un nuevo paradigma transformador debe ser estar al lado del pueblo, ya que es sobre este, el pueblo llano que se construye una democracia de nuevo tipo.
“La crítica y la autocrítica es un método para hacer revolución, para consolidar fuerzas, para consolidar bases, para consolidar valores, para perfeccionar el camino”, señaló el Presidente Nicolas Maduro en el marco de la entrega del Premio Libertador al Pensamiento Crítico en el año 2013 y este método expresa hoy concretamente en la movilización social de quienes asumen lo reivindicativo como práctica política. Escuchar la voz de quienes asumen la calle como espacio del dialogo y el debate, de la crítica y la autocrítica, es un paso para interpretar lo que en la propia calle se está viviendo. Un método que no solo construye revolución sino que le arrebata iniciativa a quien busca pescar en río revuelto para acumular y cambiar la correlación fuerzas para implementar un modelo que niega al pueblo, a su protagonismo y participación en el devenir nacional.
Las recientes movilizaciones finalmente, también develan una realidad planetaria, que la pandemia solo ha dejado al descubierto, la desigualdad y la pobreza. A las metas del milenio de la Agenda 2030, fin de la pobreza y reducción de las desigualdades, parecen ser polvo cósmico, tomando como referencia un informe del 2022 publicado por World Inequality Lab, un centro de investigación de la Universidad de Paris que nos presenta el siguiente dato: “El 50% de la población captura el 8% del ingreso total medido en paridad del poder adquisitivo. El 50% inferior global posee el 2% de la riqueza. El 10% superior mundial posee el 76% de la riqueza total de los hogares y captura el 52% del ingreso total en 2021”. Fijémonos en este otro dato ofrecido: “Las naciones en el mundo se han vuelto más ricas peor no ha si sus gobiernos que se han hecho más pobres. Desde 1995, la participación de la riqueza mundial propiedad del 0,01% más rico creció del 7% al 11%. La participación de la riqueza en manos de multimillonarios también se disparó durante este período (del 1% al 3%) y este aumento se exacerbó durante la pandemia de COVID. De hecho, 2020 marcó el aumento más pronunciado registrado en la participación de los multimillonarios en la riqueza del mundo”.
Venezuela no escapa a este fenómeno, no nos equivoquemos solo en hablar de recuperación económica, que la hay, es un hecho indiscutible, Venezuela crecerá cerca del 4%, pero así como el mundo, en nuestro país, la desigualdad también se ha incrementado. La pobreza también es un mal que debemos enfrentar. Proteger al sector más vulnerable se convierte en un principio de supervivencia para la Revolución. Una acción por demás compleja en el medio del asedio y las medidas unilaterales de los países que se niegan a ceder su hegemonía en mundo multipolar.
Necesario es proteger a la clase trabajadora que se moviliza en las calles exigiendo justicia social en medio de la piratería de estas fuerzas neocolonizadoras que amenazan la soberanía y la independencia. Quienes tenemos en nuestra conciencia nuestro sentido de clase tenemos claro donde están los enemigos del pueblo y de la Revolución.
El Buen Gobierno no puede ser una consigna preelectoral sin sentido sino la oportunidad para seguir transitando hacia el socialismo. Sacudirnos «la democracia entendida como mero conjunto de procedimientos, derechos y garantías formales», aquella parecida a la democracia impulsada por Rómulo Betancourt, a quienes algunos añoran para dar paso definitivo hacia la democracia protagonica y participativa, camino a transitar por el Buen Gobierno, aquel que debe «produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política” .
