“El pueblo de Caracas proclamó el 19 de abril que era libre; el grito de la santa Libertad penetró hasta los corazones del hombre más estoico […] no había arbitrio: un pueblo en masa que por la primera vez reclama, publica y ejerce sus derechos es invencible; sus recursos son extraordinarios; su esfuerzo gigantesco, y su enérgico entusiasmo arrollaría cuanto pudiese estorbar sus intentos”.
“El Patriota de Venezuela”, tribuna periodística de la época, vocero de la Sociedad Patriótica.1811.
“¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no basta? La Junta Patriótica respeta, como debe, al Congreso de la nación, pero el Congreso debe oír a la Junta Patriótica, centro de luces y de todos los intereses revolucionarios. Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos.”
Simón Bolívar, discurso ante la Sociedad Patriótica. 03 de julio de 1811.
Propagar la idea, no cualquiera, esa que empuja a los pueblos hacia su independencia, fue lo primero que promovió Bolívar y Miranda al impulsar la “Sociedad Patriótica” junto al francés Pedro Antonio Leleux, los patriotas, Antonio Muñoz Tébar, Vicente Salias, Francisco Espejo, Pedro Pellín, Casiano de Medranda, Miguel Peña, Lorenzo Buroz, Francisco Antonio Paúl, Pedro Pablo Díaz, José Antonio Pelgrón, Pedro Salias, Rafael Castillo, Carlos Núñez, José María Núñez, Carlos Soublette, Ramón García Cádiz, y otros tantos que abrazaban la causa revolucionaria. A esta iniciativa le acompañaron otras, como el “Club de Los Sin Camisa”, por ejemplo, con el cura José Joaquín Liendo y Larrea, al frente.
La radicalidad de buena parte de la sociedad caraqueña de la época previa al 5 de Julio de 1811, conduce a un gran debate sobre el devenir de Venezuela en las nuevas generaciones: “es muy importante ilustrar los espíritus, apoderarnos por lo menos de la generación que comienza, formar su juicio, tenerla en guardia”. La Sociedad Patriótica, tal como expresan los manuscritos de la época recogidos en los Archivos Históricos de la Nación, trazan la idea de uno de sus fundadores, Antonio Muñoz Tébar: “Las Sociedades Patrióticas van a operar en Venezuela una revolución favorable a la libertad diseminando la ilustración, infundiendo las virtudes del ciudadano, ahuyentando los vicios y tinieblas de la esclavitud y reprimiendo con la vigilancia y fervor patriótico las tentativas de los ambiciosos”. La necesidad de abrir paso a la nueva Republica es a partir del surgimiento de un nuevo republicano, hombres “libres y virtuosos”. Paralelo al Supremo Congreso de las Provincias Unidas de Venezuela, la Sociedad Patriótica aviva la mecha independentista entre los sectores excluidos en el Congreso, “luces e ilustración”, se esparcen por Caracas, colocando a los partidarios de la corona española contra la pared.
Hoy, 200 años después, las ideas de la Sociedad Patriótica abrazan al pueblo venezolano que reivindica la soberanía del pueblo en contra de quienes se empeñan en volver al colonialismo, de aquellos que se acobijan bajo el paraguas desplegado por la Casa Blanca. “Nosotros, pues, a nombre y con la voluntad y la autoridad que tenemos del virtuoso pueblo de Venezuela, declaramos solemnemente al mundo que sus Provincias Unidas son, y deben ser desde hoy, de hecho y de derecho, Estados libres, soberanos e independientes y que están absueltos de toda sumisión y dependencia de la Corona de España o de los que se dicen o dijeren sus apoderados o representantes, y que como tal Estado libre e independiente tiene un pleno poder para darse la forma de gobierno que sea conforme a la voluntad general de sus pueblos, declarar la guerra, hacer la paz, formar alianzas, arreglar tratados de comercio, límites y navegación, hacer y ejecutar todos los demás actos que hacen y ejecutan las naciones libres e independientes”, no es una declaración dejada a la posteridad en un documento sino que más bien, esta retumba en el día de hoy ante quienes se juegan el destino de los pueblos del Sur el próximo 28J.
¿Dependencia o Independencia? ¿Democracia o barbarie? Son las interrogantes que el pueblo, de manera consciente y organizada, despejara ante la mirada expectante de los pueblos del planeta. A los 300 años de calma se le han presentado 200 años de resistencia y de lucha permanente por conseguir la Independencia Plena y lograr la victoria política definitiva que transforme la sociedad venezolana a través de la profundización del modelo participativo y protagónico. Del otro lado de la acera, tal como lo grafica “El Especulador Precoz”, “Para los enemigos de Venezuela el futuro de este siglo… es volver al siglo pasado”, existe un sector de la sociedad, se deslumbra más ante el 4 de Julio de 1776 que antes un 5 de Julio de 1811. Esta oposición, que arranca la campaña con loas al 4 de Julio, coincide con la elite política de Washington en que los Estados Unidos deben ser y son, una fuerza de bien para el mundo, aunque estén llevando a la humanidad al borde de la extinción. Estos cipayos, coinciden con los inquilinos de turno en la Casa Blanca en que las sanciones contra el pueblo venezolano y el cerco sobre PDVSA, aceleren el colapso “aunque produzca un periodo de sufrimiento mayor por un periodo de meses o quizás años”.
Aquel discurso de Bolívar, aquella arenga del Libertador, debe aún hoy alimentar nuestro espíritu, “¡Que los grandes proyectos deben prepararse con calma! Trescientos años de calma ¿no basta?… Pongamos sin temor la piedra fundamental de la libertad suramericana: vacilar es perdernos”. Necesario es terminar de cimentar los pilares de esta, nuestra libertad. Es la “Hegemonía o supervivencia”, ya lo señalaba el Comandante Hugo Chávez, “si llegara a imponerse en este planeta el proyecto hegemónico unipolar, estaría amenazada la misma supervivencia de la especie humana en la Tierra. No sólo se trataría ya del atraso y la dependencia, no es sostenible ese modelo que nos quieren imponer por la fuerza, incluso, muchas veces. El modelo de vida hegemónico que nos quieren imponer desde los Estados Unidos”.
En un coloquio desarrollado en el Teatro Municipal de Caracas, julio del 2002, Hugo Chávez, disertó sobre la Soberanía; el tema central incluso llevaba por nombre “¿Qué es la Soberanía Hoy?”. Chávez señalaba que la Soberanía en Venezuela, como en el resto del mundo, se había convertido en un “arma de batalla, un arma para las luchas en lo teórico y en lo práctico”. “¿Cómo es que la Soberanía ha vuelto?”, se preguntaba Chávez, afirmando que en Venezuela, aquella de los apellidos, la palabra Soberanía, era un concepto negado. La Soberanía se transformó, más allá del ejercicio del voto, en un acto diario del pueblo organizando e impulsando la Soberanía en lo territorial, en lo concreto, en lo cotidiano. El concepto se transformó; tal como lo hiciera la Sociedad Patriótica en 1811, la Soberanía derivó en Poder Constituyente. Es este Poder, al cual los apellidos, quieren hoy aniquilar.
En nuestra nueva acta de independencia, en nuestra Constitución, en el Preámbulo, quedo plasmado el espíritu que guio a la Sociedad Patriótica: “El pueblo de Venezuela en ejercicio de sus poderes creadores, e invocando la protección de Dios, el ejemplo histórico de nuestro libertador Simón Bolívar, y el heroísmo y sacrificio de nuestros antepasados aborígenes y de los precursores y forjadores de una patria libre y soberana, con el fin supremo de refundar la República para establecer una sociedad democrática, participativa y protagónica, multiétnica y pluricultural en un estado de justicia, federal y descentralizado que consolide los valores de la libertad y de la independencia, la paz, la solidaridad, el bien común, la integridad territorial, la convivencia y por ahí nos vamos pues, soberanía”.
Hoy, en nuestra lucha diaria por alcanzar la independencia y la democracia plena, contraviniendo el plan de dependencia y barbarie, formulado en la Casa Blanca y ejecutado desde la oposición cipaya, nos toca avanzar en un año que marca un nuevo camino, tal como lo indicaba el Presidente Nicolás Maduro: “Llegamos al año bicentenario del triunfo de nuestras fuerzas en Junín y Ayacucho, año de Bolívar y de Sucre, los libertadores del sur, llevamos su sangre, su idea, su fuerza y su espíritu”.
Inicia la campaña electoral con 70 movilizaciones en 70 ciudades del país, con Chávez como guía. Nicolás Maduro arrancó desde el Zulia, consciente de la importancia del Estado occidental para dar la estocada final a la oposición cipaya. La capital de Venezuela, la ciudad de Caracas, fue su segunda parada, la Av. Urdaneta, la Av. Sucre y la movilización de los motorizados en la Av. Bolívar, dando una muestra de fuerza contundente: “la fuerza del pueblo en las calles, millones de hombres y mujeres”. Tal como aquel 5 de julio de 1811, cuando el pueblo venezolano vio por primera vez su rostro ante el espejo de la historia, en esta oportunidad, durante esta campaña, nuestro pueblo volverá a verse en el espejo de la historia. Nicolás llegó en algún momento a señalar que el 5 de julio fue “el primer momento constituyente de nuestra historia. Momento de inflexión, de revolución, que cambió para siempre el destino de las venezolanas y los venezolanos. Todo lo que vino después emergió de aquella asoleada mañana caraqueña”. La victoria del 28J nos coloca en este siglo XXI, en un momento de inflexión, de revolución, de alumbramiento, “–como todo parto histórico– de contradicciones. De choque de ideas, de intereses de clase y de castas”.
“¿Qué lecciones nos deja el 5 de julio a la a luz de nuestro complejo y desafiante presente?”, se pregunta Nicolás y nos convoca de nuevo bajo el espíritu de quienes abrazaron a la Sociedad Patriótica, el “Club de los Sin Camisa”, a los que nunca tuvieron voz, a defender a la patria de quienes conspiran para arrebatarnos el futuro. Bajo el signo de la unidad y el dialogo en procura de un consenso nacional para edificar la Venezuela del Siglo XXI.
Vacilar es perdernos.
