La imagen, difundida por la cadena de televisión estadounidense C-SPAN, fue emblemática, el entonces inquilino de la Casa Blanca, el demonio naranja brindando en la Casa Blanca con los CEOs más poderosos de Silicón Valley. Este acto no fue un mero evento protocolario; fue la confirmación pública de una fusión ya operativa, la del complejo militar-industrial estadounidense con los gigantes tecnológicos.

