50 años después, democracia y unidad popular.

“Estoy vacía/No siento nada/No tengo ganas ni de hablar/Y estoy; cantando…”, es la letra de una canción de Nydia Caro que era utilizada por miembros de la DINA (Policía Secreta creada durante la dictadura de Pinochet- “Dirección de Inteligencia Nacional”), mientras torturaban en centros de detención clandestinos como el ubicado en plena capital chilena, en el sector Macul, Irán 3037 y que se conoce como “Venda Sexy” o “La Discotéque”.

Un testimonio de una sobreviviente a este centro de torturas y desapariciones, publicado por un medio de comunicación chileno, “The Clinic”, es desgarrador: “Primavera de 1976: Alejandra Holzapfel Picarte (21) entra corriendo -los puños apretados, la respiración entrecortada, los ojos enrojecidos- a su departamento en el block Karl Marx 34 en Potsdam, Alemania, donde vive su exilio desde 1975. Casi rompe su polera y pantalón mientras, llorando, se desnuda. Tropieza al empujar la puerta del baño y, aun sin recuperar el equilibrio, entra a la ducha y abre la llave del agua. Toma una esponja y comienza a refregarse el cuerpo con tanta vehemencia que se le irrita la piel, pero sigue tratando de quitarse la suciedad imaginaria. De golpe, llegan los recuerdos: ella vendada, sin ropa, sobre un camastro, violada por Osvaldo Romo; ella en el suelo, sujetada por agentes de la DINA, mientras una mayor de carabineros dirige a un perro amaestrado para ultrajarla. Sale a su dormitorio, aun estilando, cubierta solo por una toalla. Se sienta en la cama frente a un espejo y se observa”. ¿El objetivo de centros como “Venda Sexy”? Despojar de la memoria chilena bajo el terror de cualquier experiencia de democracia directa que no esté en la de las que encierran en los actos protocolares que, desde el 2007, se dan cada 15 de septiembre para conmemorar el “Día Internacional de la Democracia”.

A 50 años del Golpe Militar contra el Gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende, la democracia popular, revolucionaria, inclusiva, participativa y protagónica, la de los trabajadores, sigue estando en la mira de quienes organizaron el Golpe Militar para imponer el modelo neoliberal.

Curiosamente, el 15 de septiembre, pero de 1997, la Unión Interparlamentaria, reunida en el Cairo, adoptó la Declaración Universal de Democracia, “Reafirmando también la vocación y el compromiso de la Unión Interparlamentaria de promover la democracia y el establecimiento de sistemas pluralistas de gobierno representativo en el mundo,…”, reza uno de los párrafos de la Declaración. “Estado, la autoridad del gobierno solo puede fundarse en la voluntad del pueblo, expresada en elecciones auténticas, libres y justas,…”, son otras líneas que van encapsulando el concepto de democracia según el modelo occidental.

Según los principio que enarbola la Declaración, “1. La democracia es un ideal universalmente reconocido y un objetivo basado en valores comunes compartidos por los pueblos que componen la comunidad mundial, cualesquiera sean sus diferencias culturales, políticas, sociales y económicas.” ¿Cuáles valores compartidos?

“El tema del Día Internacional de la Democracia de 2023, «Empoderar a la próxima generación», se centra en el papel esencial de la juventud en el progreso de la democracia y la necesidad de garantizar que sus puntos de vista se incluyan en las decisiones que afectan profundamente a su mundo”. ¿Empoderar a los jóvenes de qué? ¿A cuál democracia? 

En el portal de las Naciones Unidas aparece la siguiente reseña: “El Día Internacional de la Democracia es una oportunidad para recordar que la democracia se ha de centrar en las personas. La democracia es tanto un proceso como un objetivo, y solo con la participación y el apoyo plenos de la comunidad internacional, los gobiernos, la sociedad civil y las personas, el ideal de la democracia puede convertirse en una realidad para que todos puedan disfrutarla en todas partes”.

Igualmente, en el mismo portal está publicada la idea del Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres: “En el Día Internacional de la Democracia, celebramos la promesa que esta representa para las sociedades, y reconocemos las numerosas amenazas a las que se enfrenta en tiempos tan tensos y turbulentos como los que vivimos”. ¿Qué representa la democracia para la sociedad? ¿A cuál democracia se refiere Guterres? Seguramente no tendrá que ver con la vía chilena hacia el Socialismo que encabezo Allende, democrática y popular. Hoy por cierto, desdibujada en el “progresismo” del presidente Gabriel Boric Font, con un gobierno más parecido al del sucesor de Pinochet, Patricio Aylwin que al Gobierno de Unidad Popular de Salvador Allende.

Allende identifica con claridad dónde está el mayor obstáculo para el desarrollo de la Democracia y lo equipara al sistema capitalista “¿Y cuál es la causa de nuestro atraso? ¿Quién es responsable del subdesarrollo en que estamos sumergidos?”, se cuestiona Allende ante una multitud concentrada en 1970 en el Estadio Nacional. En seguida se responde: “Tras muchas deformaciones y engaños, el pueblo ha comprendido. Sabemos bien, por experiencia propia, que las causas reales de nuestro atraso están en el sistema. En este sistema capitalista dependiente, que, en el plano interno, opone las mayorías necesitadas a minorías ricas; y en el plano internacional, opone los pueblos poderosos a los pobres; y los más costean la prosperidad de los menos. Heredamos una sociedad lacerada por las desigualdades sociales. Una sociedad dividida en clases antagónicas de explotadores y explotados”. E insiste: “Nuestra herencia es una sociedad dependiente, cuyas fuentes fundamentales de riquezas fueron enajenadas por los aliados internos de grandes empresas internacionales. Dependencia económica, tecnológica, cultural y política”.

Ante quienes manosean el concepto de Estado, diluyéndolo ante los intereses de las grandes corporaciones, transnacionales y el récipe neoliberal, Salvador Allende no le rehúye al concepto Estado, a los reunidos en el Estadio Nacional los invita, “No le tengan miedo a la palabra Estado, porque dentro del Estado, en el Gobierno Popular, están ustedes, estamos todos. Juntos debemos perfeccionarlo, para hacerlo eficiente, moderno, revolucionario”. Y coloca el sujeto antes que la palabra, el Poder Popular que se abre camino en la participación protagónica de quienes confundirán “el interés personal con la generosa conducta del quehacer colectivo”. Y en su discurso recuerda, lo que las murallas de París dejaron con tinta desde el Mayo Francés: “La revolución se hace primero en las personas y después en las cosas”.

“¿Cuál será nuestra vía, nuestro camino chileno de acción para triunfar sobre el subdesarrollo?”, pregunta Allende para sin titubeos colocar la negrilla sobre la palabra democracia con un claro resaltador que indica la ruta a los chilenos y al resto del mundo “el señalado en el programa de la Unidad Popular: el camino al socialismo en democracia, pluralismo y libertad”.

Parece incomprensible que desde Occidente se nos quiera imponer incluso cuando conmemorar el día de la democracia, un 15 de septiembre, a pocos días de aquel fatídico 11 de septiembre, cuando a sangre y fuego se cortó de tajo la posibilidad de concebir un modelo distinto y se impuso el modelo neoliberal como una escala mayor de la democracia occidental. ¿Cómo comprender que quienes organizaron el Golpe Militar contra Allende y su Gobierno de Unidad Popular hayan organizado a principios de este año, la Cumbre por la Democracia (“The Summit for Democracy”)?  “Nosotros, los líderes de la Cumbre para la Democracia, reafirmamos nuestra creencia compartida de que la democracia –un gobierno que refleja la participación efectiva y la voluntad del pueblo– es el medio más duradero de la humanidad para promover la paz, la prosperidad, la igualdad, el desarrollo sostenible y la seguridad “, son las primeras líneas de la declaración final de “los lideres” que convergieron en la Cumbre convocada por Joe Biden. Parece un chiste, “un gobierno que refleja la participación efectiva y la voluntad del pueblo” pero no, sobre todo cuando se entiende que la voluntad del pueblo está sustentada bajo un censor mundial que decide cual democracia le sirve a la humanidad. ¿Voluntad Popular? Dos palabras que retumban sobre el cuerpo de Allende reclamado por sus verdugos. Una voluntad popular que le tuerce el pescuezo a voluntad de la administración de turno que esté pagando alquiler en la Casa Blanca.

Un 11 de septiembre de 1973, consumado el Golpe Militar, era detenido y secuestrado Victor Jara, conducido al Estadio Nacional para nunca más regresar de la oscuridad pero dejaría su idea impresa en la conciencia colectiva de quienes como Allende apostaron por una alternativa popular a la democracia occidental: «Aprieto firme mi mano, / y hundo el arao en la tierra / hace años, que llevo en ella / ¿Cómo no estaré agotao? / Vuelan mariposas, cantan grillos / la piel se me pone negra / y el sol brilla, brilla y brilla / el sudor me hace zurcos, / yo hago zurcos a la tierra sin parar. / Afirmo bien la esperanza / […] Cómo yugo de apretao / tengo el puño esperanzao / porque todo cambiará…».   

La democracia necesaria se profundiza en un proceso permanente e integral, se perfecciona, madura y se enriquece desde la participación del Poder Popular. La democracia que garantiza la sobrevivencia de la humanidad progresa desde la propia democratización de sus procesos, en lo económico, lo cultural y lo político a partir de la participación de quienes la forjan en las grandes decisiones que la revitalizan. El Poder Popular, la unión de quienes lo extiende a lo largo de la democratización de estos procesos, debe profundizar nuestra democracia aun imperfecta que requiere de una continua transformación que la regenere.

Sigamos siendo hijos de la Rebeldía, luchemos por más democracia revolucionaria, participativa y protagónica.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.