Por Carles X. Senso Vila
Nota preliminar
Este libro fue recomendado para su lectura por parte del Presidente Nicolás Maduro: “Este libro parece que lo hubieran escrito ahorita. Todo lo que fue el golpe cibernético, fascista y criminal dirigido y financiado por Elon Musk desde los Estados Unidos y con el apoyo del poder estadounidense contra la democracia venezolana, contra nuestras instituciones, contra todo el Estado y contra el pueblo”. Más adelante señaló que “El fascismo mainstream es una tendencia mundial mediante la que la extrema derecha se ha apropiado o ha hecho uso de nuevas tecnologías digitales para normalizar su mensaje y expandirse como nunca lo había hecho desde los años 30. Los representantes de la extrema derecha actual son Trump, Bolsonaro, Salvini o Abascal, y tienen millones de seguidores. Son tendencia, son mainstream”.
¿PRESCRIBE EL ODIO? Movilización, confrontación y educación contra la barbarie.
La acción policial contra el fascismo primigenio también ha contado con cierto (aunque escaso, dado el paso de los años) apoyo de la justicia, más que para seguir depurando las responsabilidades sobre el exterminio masivo de personas durante el III Reich, para lanzar un mensaje contra la impunidad a las nuevas olas de ciudadanos atraídos por la extrema derecha y sus soluciones violentas. En octubre de 2019, El País104 recogía el juicio contra Bruno Dey, un nonagenario, que setenta y seis años que antes trabajó como guarda del campo de concentración nazi de Stutthof, situado en la actual Polonia. Allí se gaseó y ejecutó a decenas de miles de personas y ahora la justicia ha llamado a la puerta de su larga vida, acusado de cooperar con el régimen nazi. El caso de este guarda sucedió a una serie de precedentes que marcaron un cambio en la jurisprudencia y que permitieron que décadas después se pueda juzgar a personas que no participaron directamente en los crímenes con los que se les vincula y que formaban parte del escalafón más bajo de la cadena de mando nazi. En marzo de 2018 murió Oskar Gröning, más conocido como el contable de Auschwitz, condenado por la justicia alemana, confirmando el precedente jurídico establecido en el juicio contra John Demjanjuk, un guardia del campo de Sobibor, en la Polonia ocupada. En aquel proceso de 2011, en el que se le condenó a cinco años de cárcel, se estableció que ser parte de la maquinaria nazi bastaba para ser sentenciado. Hasta entonces solo se consideraba responsables a los altos cargos o a los ejecutores materiales de los crímenes. Demjanjuk murió en 2012, antes de que terminara su proceso. Dicho precedente permitió que la Fiscalía alemana aún investigue a día de hoy catorce casos relacionados con los crímenes cometidos en los campos de exterminio nazis, según informó la Oficina Central de las Administraciones de Justicia del Estado para la Investigación de Crímenes Nacionalsocialistas y recogió Infolibre en julio de 2020 (105). El subdirector de esta oficina, Thomas Will, relató que tres causas se refieren al antiguo campo de concentración de Buchenwald y ocho al de Sachsenhausen, mientras que hay otra referida al de Mauthausen, en Austria.
La contundencia de la justicia contrasta enormemente según los países. Según hizo público la agencia EFE en 2020, la Subdelegación del Gobierno en Segovia multó con cincuenta euros a los organizadores de un acto de homenaje al líder falangista Onésimo Redondo celebrado en julio de 2019 en la localidad segoviana de Labajos por no haber comunicado previamente su celebración a las autoridades. Enaltecer el fascismo no fue problema. Durante la ceremonia, a la que acudieron unas cincuenta personas, se realizó una ofrenda floral bajo la fotografía del homenajeado, una serie de cánticos y exaltación de su figura, un discurso por parte del presidente de Falange y finalmente, la entonación del himno falangista “Cara al sol”. Redondo fue uno de los fundadores de las JONS, que posteriormente se unieron a la Falange. Luchó y murió en el bando golpista.
Para coordinar todas las acciones contra el fascismo hace falta un activismo preparado para sufrir las consecuencias de un enfrentamiento directo contra un engranaje bien elaborado que cuenta a menudo con la colaboración de las fuerzas policiales y también de unos fondos económicos que les facilitan la expansión de sus mensajes de odio a través de las redes sociales y medios de comunicación afines. El fascismo no desaparece. Se enraíza en el sistema a través de colaboraciones y emerge fortalecido por la cobertura de siglas políticas más amables (y digeribles por la ciudadanía) en partidos conservadores que no tienen pudor en acoger a personajes cuyo pasado está manchado de sangre. Todo para aumentar las cotas electorales. La desaparición de Amanecer Dorado en Grecia gracias a la contestación ciudadana del antifascismo no ha provocado que, sin embargo, desaparezca el discurso neofascista en el país heleno, ya que muchos de sus integrantes han pasado a nuevos partidos e incluso han logrado cotas de poder (ministerios) en el nuevo gobierno conservador tras la debacle de Syriza. El neofascismo no es una persona ni un partido, es un mensaje simple y maniqueo que transforma al diferente en enemigo político e inicia un proceso que, de no ser confrontado en el breve espacio y el largo recorrido acaba convirtiéndose en un virus destructivo que precisa de la aniquilación para reproducirse. En el prólogo de Isaac Rosa para el libro “Facha” de Jason Stanley escribe: “Vienen tiempos que nos exigirán ser antifascistas. En todos los ámbitos, todos los días. Lo mismo organizándonos con nuestros compañeros de trabajo y vecinos, que educando a nuestros hijos. Si el fascismo se beneficia del miedo, quitémonos el miedo, construyamos seguridad colectiva frente a la intemperie en que nos quieren dejar. Si el fascismo explota la debilidad comunitaria ofreciendo identidades fuertes y excluyentes, recuperemos comunidad, abierta, incluyente, fraterna. Si el fascismo coge la bandera del malestar, de los perdedores de la globalización, no se la regalemos tan fácilmente. Al fascismo, sea nuevo o viejo, merezca o no tal nombre, no lo van a frenar la democracia, ni la Constitución, ni la Unión Europea, ni Jason Stanley ni mil libros como este. Lo vamos a frenar nosotras, nosotros. Vamos” (106).
A lo largo del 2019 se popularizó en Estados Unidos un movimiento digital para dejar sin publicidad a los principales medios de comunicación de la extrema derecha. Sleeping Giants contaba en agosto de 2020 (ponemos siempre las fechas porque todo caduca con rapidez) con más de 301.200 seguidores con el objetivo de “hacer menos rentable el fanatismo y el sexismo”. El mecanismo es sencillo. Se alerta a las empresas de que sus publicidades están apareciendo en portales fascistas. En unos meses, según recogía El País (107), 4.500 anunciantes eliminaron la publicidad en Breitbart News. El presentador conservador Bill O’Reilly de FOX perdió prácticamente todos sus anunciantes y el inversor de ultraderecha Robert Mercer se vio obligado a dejar su puesto de CEO en Renaissance Tecnhologies después de que varios clientes amenazasen con abandonar la compañía al enterarse de su relación con supremacistas blancos, además de ser uno de los mecenas más importantes de Trump. Además, varias docenas de activistas filonazis perdieron la capacidad de monetizar sus operaciones a través de plataformas de pago. Esta fuga de capitales tan salvaje dirigida contra el corazón de las fuentes de financiación de la extrema derecha no podía quedar impune, así que el lobby Breitbart empezó a investigar en la “deep web” hasta descubrir a la persona que operaba detrás de Sleeping Giants. La web conservadora The Daily Caller publicó su nombre: Matt Rivitz. “Fue la única vez que tuve miedo. Mi dirección apareció en todas las secciones de comentarios de Breitbart, Dailly Stormer [la web neonazi más importante de Internet] escribió un violento y antisemita artículo sobre mí, y mi hijo de 14 años recibió amenazas de muerte serias junto a la dirección de nuestra sinagoga”. El hecho es que muchos de dichos anuncios se establecen sin que las compañías conozcan dónde está apareciendo su marca, segmentado por un algoritmo que precisa los destinatarios en función del análisis de los datos. Evidentemente, las compañías no son del todo inocentes, ya que esa forma de proceder responde a la búsqueda masiva de audiencias, sin tener en cuenta la credibilidad, profesionalidad, ética o el prestigio de los medios. Sin compromiso por la calidad de la información, la publicidad acaba llegando a medios que obtienen su circulación masiva gracias a los bulos y la crispación. Mediterráneo Digital, en España, vuelve a ser otra vez el ejemplo perfecto con noticias como aquella en la que calificó de feas a las feministas y que provocó una campaña para que perdiese la publicidad. Si las marcas publicitarias no tienen en cuenta la calidad periodística, los algoritmos de Facebook o Google mucho menos. Lo importante es la monetización.
La conquista de nuevos espacios electorales, sin embargo, también amplía los marcos en disputa a nivel interno en los partidos de extrema derecha, que se ven con posibilidades de seguir creciendo si se modera el discurso y se intenta conseguir el voto de centro. Le sucedió a Marine Le Pen, que llegó a expulsar a su padre del partido en 2015. Lo hizo después de una entrevista en la que Jean-Marie volvió a mostrar su talante racista: “Estamos gobernados por inmigrantes e hijos de inmigrantes en todos los niveles (…) Valls es francés desde hace 30 años, yo lo soy desde hace 1.000 años”, dijo sobre el entonces primer ministro galo. También afirmó que las cámaras de gas del exterminio nazi habían sido “un detalle de la historia”. El pensamiento lepeniano se había sustentado en afirmaciones pasadas como: “Nunca he considerado al mariscal Pétain como a un traidor”. Es decir, no suponían ninguna sorpresa. Antes bien, no fueron razones suficientes para negar la vinculación de su hija al partido y su ascenso hasta el liderato. De hecho, siempre se dijo que Marine es un clon de su padre. Sin embargo, en 2015, a la búsqueda del voto centrado, cambió de opinión y lo expulsó del partido que él mismo había fundado. Cuando después Marine no se hizo con la presidencia de Francia, su padre pidió su dimisión y afirmó que el Frente Nacional de su hija no respetaba los estatutos y que ella solo quiere cortesanos: “Le horroriza el debate”. También se observó cuando las encuestas empezaron a torcerse para Alternativa por Alemania a pesar de los buenos resultados que le llevaron a ser la tercera fuerza más votada y la cara de la oposición en el Bundestag. Quizá como fruto de los actos terroristas de la extrema derecha, el partido necesitó distanciarse de los elementos más combativos, ligados directamente a formaciones ilegalizadas. Fue la explicación que se dio para expulsar a Andreas Kalbitz, un destacado representante perteneciente a la zona este, exactamente a Brandeburgo, donde obtuvo más del 23 % de los votos. El partido primero ordenó la disolución del ala Der Flügel tras declararla extremista el Gobierno, para después expulsar a una de sus caras más visibles, que anteriormente también había formado parte de Heimattreue Deutsche Jugend, un grupo neonazi prohibido en 2009.
Notas:
104 Un guarda de un campo nazi de 93 años, sentado en el banquillo en Alemania: https://elpais.com/internacional/2019/10/17/actualidad/1571327814_535175.html.
105 La Fiscalía alemana investiga 14 casos relacionados con los crímenes cometidos en los campos de exterminio nazis: https://www.infolibre.es/noticias/politica/2020/07/14/la_fiscalia_alemana_investiga_casos_relacionados_con_los_crimenes_cometidos_los_campos_exterminio_nazis_108884_101.html?fbclid=IwAR3qmq8Uow5R0fvjgcjxlTIHDLIAj5U3RBR8lGUif7W4GrtIba1yYxK0inA.
106 STANLEY, Jason: Facha. Cómo funciona el fascismo y cómo ha entrado en tu vida. Blackie Books. 2020. 107 El hombre que arruinó a la extrema derecho en los EE UU: https://elpais.com/el-pais/2020/05/15/icon/1589541100_188005.html.
