««El Estado Profundo susurró a Trump: “No podrás resistir la tormenta”. Trump susurró de vuelta: “Yo soy la tormenta”. La guerra ha comenzado.«
Alastair Crooke. LA CONTRAINSURGENCIA ESTÁ «EN MARCHA» CONTRA LA ‘TORMENTA’ DE TRUMP. 22 de noviembre de 2024.
«»Ahora sopla tempestad que tengo espacio para maniobrarte”. Así decimos hoy nosotros: “Sopla tempestad”. Pónganla a soplar más. Métanle ventiladores si quieren, métanle humo si quieren, métanle por debajo del agua lo que quieran, tenemos como maniobrarla, tenemos pueblo para maniobrarla, tenemos moral para maniobrarla y no abandonaremos jamás la nave que aquí nos trajo y la nave en la que estamos navegando hacia un mundo mejor”.
Comandante Hugo Chávez. Aló Presidente N° 33. 12 de marzo de 2000.
Quizá hemos simplificado el análisis del ascenso de las fuerzas ultraconservadoras al enfocarlo exclusivamente desde una perspectiva política. Evidencias sugieren una disputa más profunda dentro del Occidente Colectivo, manifestándose en dinámicas subyacentes a los acontecimientos noticiosos y a la vida cotidiana. Las fuerzas conservadoras tradicionales (el establishment neoconservador globalista asociado al Estado Profundo Occidental) y los nuevos movimientos ultraconservadores de corte continentalista parecen enfrentados en una confrontación de escala global.
La disputa trasciende las fronteras nacionales y se manifiesta en diversos ámbitos, desde lo económico y político hasta lo cultural e y las estrategias militares son armas en esta lucha por redefinir el orden mundial. Confrontación se ha amplificado con el triunfo de Donald Trump en los Estados Unidos. Una victoria no sólo política sino espiritual, una suerte de recomposición (o que busca por lo menos serlo) de la identidad estadounidense que sirva para «desmantelar por completo la maquinaria política del régimen».
Tobias Huber, un escritor europeo, inversor y coautor del libro “Boom: Bubbles and the End of Stagnation”, nos da una síntesis sobre lo que estamos planteando; «El resurgimiento de un simbolismo nostálgico y heroico de lo tangible, lo nostálgico y lo mítico representa la recuperación de la América “real” como cultura nacional. No la franquicia de la democracia como servicio arrojada a zonas geográficas de combate lejanas, sino la América como iconografía, monumentos y diversas creaciones mitopoéticas, como Batman, Barbie, Oprah, Ted K, Charles Manson, Hulk Hogan y el propio Trump. La victoria electoral de MAGA anuncia el triunfo cultural de lo que podría llamarse América™: América como política de contraidentidad, preparada para la mercantilización y la exportación, adornada con simbolismo centrado en Estados Unidos generado por inteligencia artificial».
Un nuevo Estados Unidos que surge con Trump como una fuerza mítica que moldea la geopolítica a través de una voluntad prometeica en «resguardo de la humanidad y su futuro».
Esta ofensiva ultraconservadora hace frente al despliegue militar de la OTAN, utilizado como ariete por el Estado Profundo para hacer frente a la restauración del imperialismo yanqui iniciado por Trump y que tendrá consecuencias planetarias. No es que Trump sea anti-OTAN, nada más lejos de la realidad, solo que ve la guerra de otra manera.
En nuestro continente, este despliegue va acompañado de alianzas regionales (Argentina, El Salvador y Colombia). Con Milei, por un lado, y su política nacional de «motosierra», «que ampute sin piedad los tentáculos gangrenosos del Estado administrativo y destruya sus monopolios sobre la educación y la salud». El concepto de Plan de Control Territorial inspirado en El Salvador de Bukele para acabar desde el camuflaje de la lucha contra los cárteles de la droga con toda forma de resistencia interna. Y, por otro lado, ese Estado Profundo colombiano, socio de la OTAN, que maneja el plano militar a placer y sin poca resistencia del presidente Petro. La paz total entró temprano a terapia intensiva.
Estados Unidos continúa desplegando sus fuerzas en anticipación a posibles conflictos con Rusia y China. Un ejemplo reciente es el posicionamiento del submarino nuclear USS Minnesota en el puerto de Guam, en el Pacífico Occidental. A esto se suma la autorización de ataques con misiles de largo alcance dentro del territorio ruso.
Esta escalada de la disputa coincide con una profunda división interna en Estados Unidos. Por un lado, el ala más conservadora, representada por figuras como Trump, busca desmantelar lo que consideran una élite burocrática que ha debilitado al país. Trump ha emprendido una reestructuración de agencias clave como el FBI, la CIA y la NSA, con el objetivo de alinearlas con su agenda política. Por otro lado, el establishment político tradicional resiste estos cambios, buscando mantener su influencia sobre la política exterior estadounidense. Recordemos, más de 2 billones están en la mira del primer anillo de Trump: Elon Musk y compañía.
Los movimientos de Estados Unidos en el tablero geopolítico, especialmente bajo la administración Trump, están fuertemente influenciados por las dinámicas internas de poder. Para Trump, la consolidación de su base de apoyo y la reestructuración de las instituciones estadounidenses parecen ser prioridades más urgentes que la contención de Rusia.
La hegemonía del Occidente Colectivo está siendo desafiada por una combinación de factores internos y externos. El resultado de esta disputa será crucial para dar forma al siglo XXI. En este sentido, no hay dudas, Trump reclamará para sí su «patio trasero». En este esfuerzo, Venezuela, su modelo alternativo de democracia, surge como el primer gran objetivo a conquistar para dar una lección a los pueblos del Sur que desafían el futuro de los Estados Unidos.
