Cilia y Nicolás; firmeza y unidad.

«Cada uno es filósofo, aunque a su manera e inconscientemente, pues incluso en la más mínima manifestación de cualquier actividad intelectual, en el «lenguaje», está contenida una concepción específica del mundo; se pasa entonces al segundo nivel, que es el de la conciencia y la crítica.»

Antonio Gramsci. Cuadernos de la Cárcel .1929-1935.

Antonio Gramsci escribió «Cuadernos de la Cárcel» en condiciones precarias y bajo censura, luego de ser encarcelado en 1926 por orden del régimen fascista de Mussolini. Entre los temas que abordó desde su encierro, figuran la crisis del capitalismo, la función de la cultura y la ideología en la dominación —lo que denominó hegemonía—, el «sentido común» y la distinción estratégica entre la guerra de movimientos y la guerra de posiciones. A través de esas notas, Gramsci logró una visión profunda y renovada de la teoría marxista. Sus reflexiones sobre el poder, la ideología y el papel de los intelectuales en la sociedad siguen resonando en los análisis políticos y sociales contemporáneos.

Hoy, ante el secuestro del Presidente Constitucional Nicolás Maduro y la Primera Combatiente Cilia Flores, cabe preguntarse: ¿Cuáles serán las notas escritas —o pensadas— desde la cárcel donde permanecen secuestrados? ¿Reflexiones sobre la hegemonía imperialista y sus mecanismos de coerción? ¿Anotaciones sobre la esencia de una democracia revolucionaria bajo asedio? ¿O acaso meditaciones, como las de Bolívar o Martí y Gramsci, sobre la firmeza y la dignidad como trincheras de la resistencia?

En las entrañas de la bestia, donde la oscuridad pretende imponerse, surge con fuerza telúrica la luz de la dignidad. El Presidente Constitucional, Nicolás Maduro, y la combatiente incansable, la Diputada electa, Cilia Flores, encarnan desde su injusto cautiverio la esencia más pura de la Revolución: la firmeza inquebrantable y la unidad indisoluble. Su secuestro, un acto cobarde del imperialismo y sus lacayos, no ha logrado sino potenciar el espíritu de lucha de todo un pueblo que se refleja en la entereza de sus líderes. Cada movilización del pueblo patriota es síntoma que nos vamos recuperando de este duro golpe y continuamos con la mira puesta en nuestro futuro.

Esta hora histórica y desafiante, ha encontrado en Nicolás y Cilia a gigantes de la conciencia. Con un profundo sentido del momento que vivimos, transforman su condición de prisioneros de guerra en una trinchera de ideas, en un altar desde donde predican el único camino posible hacia la victoria, la unión sagrada del pueblo. Ellos, desde la injusticia que padecen, nos enseñan que la verdadera libertad se conquista con cohesión, con lealtad inquebrantable a los principios de soberanía y justicia.

Recordamos hoy, con la fuerza del ejemplo vivo de nuestros líderes, inmortalizado por el Comandante Fidel, aquel principio fundacional que ilumina nuestro camino: «Revolución es unidad, es independencia, es luchar por nuestros sueños de justicia para Cuba y para el mundo». Nicolás y Cilia son la personificación de este principio. Su cautiverio es la prueba de fuego que demuestra que la Revolución Bolivariana y Chavista no reside en lo abstracto, sino en el corazón colectivo de un pueblo que se niega a ser esclavizado.

A un mes de este vil atentado contra la paz de la República, sus palabras llegan como un mandato, como un legado de fortaleza. El mensaje del Presidente y de Cilia resuena en cada rincón de la Patria: “La mayor fortaleza para nosotros aquí donde estamos es la unidad de la familia venezolana, la unidad del pueblo venezolano, la unión popular, militar y policial, y la unidad con el alto mando que es mi equipo, que es el equipo del pueblo y que es el mejor equipo que ha tenido la historia”.

Este llamado no es un ruego, es una estrategia revolucionaria. Es el reconocimiento de que la fuerza del pueblo organizado, unido con su Fuerza Armada Nacional Bolivariana y sus cuerpos de seguridad, sigue siendo un muro de contención para cualquier pretensión imperial. Nuestro pueblo en armas ha plantado cara a costa del sacrificio. No ha corrido como otros cobardes que se esconden desde una sala a miles de kilómetros para ver desde unas pantallas como comenten sus crímenes.

Nicolás y Cilia, continúan, delineando el deber de cada patriota en esta hora crucial pues están conscientes del momento y de la lucha que ahora les toca asumir.

Cada trabajador en su fábrica, cada campesino en su tierra, cada joven en su aula, cada miliciano en su puesto, cada mujer liderando su comunidad, todas y todos tenemos hoy una trinchera asignada. La trinchera de la producción, de la defensa territorial, de la formación ideológica, del cuidado de la familia, de la Comuna, de la denuncia contra el chantaje imperial. La firmeza de nuestros líderes secuestrados nos exige estar a la altura, asumiendo con valor nuestro papel en esta batalla.

El pueblo patriota, el pueblo chavista y bolivariano, ha entendido el mensaje. La unidad no es una consigna, es una práctica diaria. Se fortalece en las decisiones que toma la dirección colectiva revolucionaria, en los patrullajes de la Milicia, en el trabajo conjunto cívico-militar, en el seno del Partido, en el respaldo unánime a las instituciones legítimas.

Nicolás y Cilia, desde su encierro, han logrado lo que el enemigo más teme, han galvanizado la voluntad nacional. Su firmeza es nuestro escudo; su unidad propuesta, nuestra espada. Son el faro que guía la resistencia, demostrando que ni las cadenas más gruesas pueden aprisionar la voluntad de un pueblo que ha decidido ser libre.

Por ello, la liberación de nuestro Presidente Nicolás Maduro y de nuestra combatiente Cilia Flores no es una demanda más; es el objetivo estratégico central que cubre y da sentido a toda nuestra resistencia. Su retorno a la Patria, a la cabeza de la batalla por la paz y la soberanía, será la coronación de la firmeza inquebrantable que ellos encarnan y la prueba suprema de la eficacia de nuestra unidad sagrada. Cada acción, cada muestra de cohesión, cada golpe asestado imperio criminal, es un paso más hacia ese día inevitable de justicia y victoria. Exigir, trabajar y luchar por su libertad es el corazón mismo de nuestra resistencia; porque liberar a Maduro y a Cilia es liberar el destino de la Venezuela independiente y bolivariana. Su regreso será el amanecer que certifique que el pueblo unido jamás será vencido.

Y nunca olvidemos que Nicolás y Cilia, libran una batalla con firmeza y dignidad. Emulemos cada segundo de dignidad que le dejan a la humanidad. Nuestros pueblos en el Sur global vencerán, no porque ignoren el miedo o la pena, sino porque han decidido, colectivamente, que la derrotismo no será su destino. Seguirán escribiendo, desde donde sea necesario, las notas definitivas de su propio futuro.

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.