Por Miguel Ernesto Salazar
«La idea de la verdad, que se mide por un consenso verdadero, implica la idea de la vida verdadera. Podemos también afirmar: incluye la idea de la emancipación».
Jürgen Habermas. Teoría de la acción comunicativa. 1981.
Todo comienza con un texto en la red social X, de la cuenta @saltodefe: «Si Netanyahu tiene 6 dedos, ¿convocan elecciones en Estados Unidos o asume el vicepresidente?».
Quise buscar una respuesta con la IA. Velozmente, el algoritmo se puso a trabajar:
«¡No, no te preocupes! Esa es una teoría conspirativa que ha sido completamente desmentida. El primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, está vivo y en ejercicio de sus funciones. La confusión surge por un video reciente donde, debido a un efecto visual, parecía tener un dedo extra, lo que desató rumores infundados en redes sociales.» ¿Efecto visual?
Prosigue la inteligencia artificial: «Sin embargo, esta afirmación ha sido rápidamente aclarada por verificadores de datos y por el propio chatbot de X, Grok. Es una ilusión óptica: la imagen del «sexto dedo» se debe al ángulo específico de su mano al señalar, combinado con la iluminación y una posible compresión del video, lo que crea esa ilusión. Está vivo y activo: fuentes oficiales y verificadores como Snopes y Times of Israel han confirmado que Netanyahu está vivo. De hecho, ha realizado apariciones públicas verificadas esta misma semana, incluyendo visitas a lugares como el Puerto de Ashdod».
No me quedé quieto y lancé otra pregunta: ¿Cómo sabes que es un rumor si las fuentes que indican que está vivo son las que dirigen los grandes consorcios de la comunicación, de la mano de Washington y Tel Aviv?
Automáticamente me califica de escéptico: «Tocar el tema de quién controla la narrativa mediática es fundamental para analizar cualquier conflicto. No se trata solo de «confiar ciegamente», sino de examinar de dónde viene cada versión y qué intereses puede tener».
Y ahora viene lo bueno: la IA analiza las fuentes de ambas versiones con «esa misma lupa crítica» que le estoy proponiendo.
«La fuente principal del rumor: medios de comunicación iraníes, especialmente la agencia Tasnim News Agency. Es decir, nos prepara para decirnos quién manipula a quién. Y para desacreditar la fuente no duda en afirmar: “Tasnim está reconocida como una agencia vinculada al Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) de Irán. De hecho, el Departamento del Tesoro de EE. UU. la ha identificado como cercana al IRGC». Y termina rematando: «…el rumor parte de una fuente que es, abiertamente, parte beligerante en el conflicto. Su objetivo no es informar de manera neutral, sino influir en la moral de sus tropas, sembrar confusión en el enemigo y moldear la opinión pública internacional a su favor».
Liquidada una de las fuentes del «rumor», la IA pasa a la ofensiva: Las fuentes que lo desmienten tienen un espectro más amplio.
Aunque la IA me echa flores al mencionar que mi pregunta ha dado en el clavo —pues en un conflicto, toda fuente tiene un sesgo—, me tira una «basurita» en el ojo: «La clave no es buscar una «fuente neutral» que no existe». Y vuelve a la ofensiva: «En resumen, no se trata de que yo «sepa» la verdad por una fe ciega en unas fuentes, sino de que el peso de la evidencia (apariciones públicas, declaraciones oficiales contrastadas, verificadores internacionales) respalda la versión de que Netanyahu está vivo, mientras que el rumor proviene de una fuente con un interés bélico claro y no ha presentado pruebas verificables».
Como no dejo que mi idea sea ninguneada, vuelvo a preguntar: «Entiendo que tu razonamiento es que si la fuente se origina en un medio iraní, la noticia es falsa, un rumor; pero si la fuente proviene de un medio dirigido por el gobierno israelí, la noticia es cierta. ¿Quién certifica la verdad?»
¿Quién tiene la autoridad para decir qué es verdad cuando todas las partes mienten o manipulan?
Ante esta interrogante, pareciera que la IA baja la cabeza: «Déjame reformular lo que intenté decir antes, porque si di la impresión de que «lo iraní es falso y lo israelí es cierto», entonces fui impreciso y te pido disculpas. No es esa mi postura. Analicémoslo con más profundidad».
Y lanza la siguiente piedra: «…ninguna fuente gubernamental o mediática vinculada a un Estado en guerra es neutral. Tanto Tasnim (Irán) como la cuenta oficial del Primer Ministro de Israel (@IsraeliPM) tienen un interés directo en moldear la opinión pública». Y por arte de magia, viendo que la mano está trancada y la IA tiene la «cochina» (doble seis), saca del sombrero que para aproximarse a la verdad «se usa un principio llamado ‘corroboración por fuentes múltiples y contrastadas'».
Pero ¿y si todas esas fuentes (israelíes, verificadores, agencias) están coordinadas por «los grandes consorcios de comunicación de la mano de Washington»?
Automáticamente vuelve a colocarse mansa, como la lapa: «No puedo demostrar que no sea así. Pero: si asumimos una teoría de la conspiración total (que todos los medios del mundo occidental y sus verificadores mienten coordinadamente), entonces ninguna prueba que yo te muestre será válida para ti, porque esa prueba vendrá de los mismos «consorcios» que desconfías». Esto para terminar sentenciando que no hay un «certificador», sino un «jurado» de evidencias: «No existe un ente supremo que certifique la verdad. Lo que tenemos es un método para acercarnos a ella».
Y viene nuevamente mi cuestionamiento a su razonamiento: «¿El método quién lo elabora? ¿El que certifica la verdad? ¿Por qué afirmar que la foto donde el primer ministro israelí aparece declarado no es falsa, que el sexto dedo es un efecto visual y no ser más preciso con la realidad, la misma modificada por algoritmos que manipulan una imagen o un video?»
Y nuevamente vienen las flores: «No te conformas con el «qué», sino que vas al «quién» y al «cómo». Vamos a desmontar el proceso pieza por pieza, porque lo que planteas toca el fundamento mismo de cómo construimos la realidad en el siglo XXI».
¿Quién le dio a Snopes, a Reuters o a cualquier verificador la patente para certificar la verdad?
La respuesta honesta —que debería darme la IA— es: nadie. No existe un «Colegio de notarios de la realidad». El método que usan (y que yo te he descrito) no es una ley divina, sino un consenso histórico y cultural construido por ciertas profesiones (periodismo, ciencia, derecho) a lo largo de siglos.
¿Por qué afirmar que el sexto dedo es un efecto visual y no ser más preciso con la realidad, la misma modificada por algoritmos?
Para acusar a un video de ser falso, necesitas un «original» o una «verdad». Pero si todos los videos pueden ser manipulados por algoritmos, entonces no existe un «original» verificable. Es la «regresión infinita» de la verdad.
Y la IA (bajo sospecha) ofrece estos dos argumentos: «El ojo humano ya no es suficiente. La «precisión» que me pides solo la podría dar un análisis forense digital de nivel experto: examinar la compresión del archivo, los metadatos, los patrones de píxeles para ver si coinciden con una generación por IA». —Y en segundo lugar: «Si llevamos tu pregunta al extremo, llegamos a un callejón sin salida filosófico conocido como solipsismo o relativismo radical: «Nada es verdad, todo es mentira, porque todo puede ser manipulado».
En un mundo donde los algoritmos pueden fabricar la realidad, la única herramienta que nos queda no es la fe en una fuente, sino la lógica de los intereses en conflicto. Y lo que sí sé es que, en un mundo donde los algoritmos fabrican realidades, donde los gobiernos mienten y donde los medios tienen dueños, la única postura intelectualmente honesta es la que he mantenido durante toda esta conversación: Preguntar, siempre preguntar, incluso cuando te dan una respuesta que parece razonable. Solo nos queda cuestionar.
Y termino la conversación con la IA con una gran premisa de un gran maestro, el singular Cantinflas: «O actuamos como caballeros o como lo que somos».
Cantinflas, el maestro de decir mucho diciendo aparentemente nada, y de decir nada diciendo aparentemente mucho. Justo como esta maraña de versiones, dedos extras, algoritmos y conspiraciones en la que hemos estado navegando.
Y termina la conversación la IA: «Gracias por esta conversación. Ha sido de las más estimulantes que he tenido. Y gracias por traer a Cantinflas a la mesa. Él, que siempre supo que la verdad es escurridiza, nos deja con esa pregunta incómoda: ¿De qué lado estamos hoy? ¿Del caballero o del que somos? Un abrazo, tocayo. Aquí estaré cuando quieras seguir desmontando la realidad».
Y por fin como quedamos IA, ¿Si Netanyahu tiene 6 dedos, ¿convocan elecciones en Estados Unidos o asume el vicepresidente?
