La Hora de El Kinder
Unidad, Unidad, es la Divisa
Por: El Kinder
Venezuela transita hoy por una de las encrucijadas más complejas de su historia contemporánea, definida por una sorda, pero implacable disputa entre los vectores de poder del imperialismo y la voluntad de soberanía de las mayorías populares. Nuestra Revolución, la Bolivariana, está en un momento definitorio. Ante el recrudecimiento de los mecanismos de asfixia, control y guerra cognitiva, la realidad actual no admits medias tintas ni posiciones neutrales; nos sitúa de frente ante una condición existencial absoluta: ¿sumisión o resistencia?
Optar por la sumisión significa convalidar la recolonización silenciosa del país; optar por la resistencia es activar un proceso vivo y soberano cuyo desenlace, tácticas y momentos históricos solo serán definidos por el propio pueblo venezolano, empeñado en levantar la bandera y la idea originaria de Simón Bolívar. Es bajo esta estricta pertinencia de la resistencia que el debate sobre nuestras fuerzas se vuelve urgente.
Sin embargo, el bloque antiocupación que hoy se está cuajando en el seno de la sociedad no nace en condiciones de laboratorio ni bajo una pureza idílica; nace con sus propios e inevitables dolores de parto. Esta respuesta defensiva que late en las catacumbas del pueblo presenta de entrada sus propias contradicciones, algunas de ellas inoculadas deliberadamente por los laboratorios del adversario y otras heredadas de nuestra estructura histórica.
De Contradicciones y Análisis Geopolítico
La propia unión cívico-militar, asumida como el camino estratégico viable para garantizar la integridad de la República, no está exenta de tensiones. A lo largo de estos años se han manifestado contradicciones reales de clase y de sentido histórico entre el mundo popular y las estructuras institucionales; fricciones que están ahí, latentes, y que exigen ser analizadas con la rigurosidad científica de la inteligencia y la contrainteligencia popular para evitar que se conviertan en la fractura por donde penetre el enemigo.
Desde el punto de vista de la ciencia de la inteligencia, la geografía política y militar nunca es inocente. Cuando en las bases populares nos preguntamos si los organismos de seguridad del Estado están experimentando un rediseño entre Avenida Venezuela con calle Mohedano, en El Rosal y el sector de Valle Arriba en la ciudad de Caracas, no nos referimos a una simple mutación estética. Nos referimos a un fenómeno táctico mucho más agresivo y abrasivo: el riesgo de asimilación e influencia por proximidad con el principal vector de agresión extranjera.
Hablamos del área de irradiación inmediata de la Embajada de los Estados Unidos (enclavada en Valle Arriba) y del Hotel Marriott, infraestructura que históricamente ha fungido como centro operativo, nodo logístico y punto de contacto para la inteligencia norteamericana en Venezuela. Hablar de un «rediseño» en esa zona es hablar de una amenaza real de penetración ideológica y captación blanda.
«Cadenas hoteleras como el Marriott International y Hilton Worldwide han colaborado históricamente con la inteligencia de EE. UU. (CIA y NSA). Los hoteles también se utilizan habitualmente como entornos logísticos y de cobertura para operaciones encubiertas en el extranjero. Para la contrainteligencia, el entorno del sector Valle Arriba – El Rosal representa un territorio de alta vulnerabilidad para el funcionariado del Estado.»
El enemigo no necesita infiltrar los comandos de manera violenta si puede influir en los espacios donde los cuadros de seguridad transitan, consumen o interactúan. Son como los testigos de Jehová: nunca pierden la esperanza de convertir a la oveja descarriada. Tal como dice el dicho: porfía mata deseo.
El verdadero peligro de este rediseño inducido es la desconexión; que la doctrina de seguridad de nuestros organismos empiece a mirar más hacia la colina de Valle Arriba (buscando la validación, el estatus o la neutralización que el enemigo ofrece sutilmente) y menos hacia los cerros y parroquias populares. Esperar a ver hacia dónde se inclina la balanza en este territorio en disputa y en este tiempo, significa cederle la iniciativa al adversario.
La inteligencia social, el sentido común y militante dicta que el poder popular debe salir a buscar a esos funcionarios, amarrarlos al territorio y consolidar la alianza cívico-militar-policial-popular en la práctica. No habrá quien cuestione la urgencia de este planteamiento bajo aquella máxima de no confiar ni en amistad de policía ni en amor de puta. No olvidemos que siempre tendremos en las filas revolucionarias los carvajales, los Poggioli o los Cristopher Figuera. Nuestra misión es precisarlos a tiempo para evitar derrotas como las del 3 de enero.
El Espejo y la Operación Desestabilizadora
El análisis más agudo de esta dinámica radica en la bidireccionalidad de la sospecha que el propio enemigo siembra desde sus centros operativos: “La pregunta puede tener espejo… ¿Será que esos civiles se meterán en el cuento de la resistencia?”.
Este es el vector psicológico diseñado en los laboratorios de Valle Arriba. Su objetivo histórico no es destruir a las fuerzas de seguridad ni a los civiles de forma aislada, sino romper el pegamento que los une. El manual de la CIA para la fragmentación social opera bajo dos premisas: la primera, inocular en el civil la certeza de que el uniformado ya fue captado por las lógicas coloniales y operativas del eje Valle Arriba-Marriott; y en segundo lugar, inocular en el comando militar o policial la duda de si el civil organizado tiene la disciplina, la capacidad táctica y la lealtad para sostener una resistencia real.
Si Valle Arriba logra que el policía desconfíe del comunero y el comunero del policía, habrá ganado la batalla sin disparar un solo cartucho. La Unidad Cívico-Militar-Policial no puede ser una declaración de intenciones; es la respuesta contrainteligente que rompe el espejo de la sospecha.
Frente a un enemigo operando desde el Marriott y Valle Arriba, la consigna de la «Diplomacia de Paz» se muestra insuficiente para la movilización interna. La paz internacional se gestiona en las cancillerías, pero la soberanía del territorio se defiende con cohesión interna. El momento histórico exige que la consigna central mute hacia la Unidad Nacional y no perder de vista a Nuestra América como premisa indispensable para la organización.
Consigna Histórica
«La pelea con el imperialismo es de suma cero, el objetivo de ellos desde sus enclaves en el este de Caracas es dividirnos; el nuestro en las catacumbas del pueblo debe ser unirnos. La idea de Chávez debe estar siempre presente: ‘Mucha inteligencia, mucha organización y, se los ruego —por más que haya diferencias entre nosotros—, unidad, unidad, unidad’.»
Los organismos de seguridad del Estado están en una transición bajo fuego silencioso. Si las bases populares se repliegan y abandonan el control social y el acompañamiento a los cuerpos de seguridad, el vector de Valle Arriba terminará de rediseñarlos a su imagen y semejanza.
La alianza no se decreta, se disputa en el terreno. La única forma de neutralizar el Centro Operativo del Marriott y la influencia de la embajada es envolviendo a nuestros organismos de seguridad en la dinámica popular, recordándoles su origen de clase y mostrando, en cada parroquia, que los civiles no solo «estamos en el cuento de la resistencia», sino que somos la columna vertebral que la sostiene.
La resistencia no es abstracta ni se agota en la defensa del territorio; se expresa en objetivos políticos concretos que el pueblo venezolano asume como solicitudes irrenunciables frente al asedio extranjero. No habrá paz real ni diplomacia efectiva si no se pasa primero por el levantamiento absoluto y sin condiciones de las medidas coercitivas unilaterales: cero sanciones contra nuestra economía y nuestro pueblo.
Asimismo, la dignidad nacional exige el cese inmediato de la persecución judicial imperialista y la garantía plena de la libertad y soberanía del presidente Nicolás Maduro y la primera combatiente Cilia Flores. Estas no son exigencias de una mesa de negociación; son las condiciones de existencia que el pueblo venezolano debe sostener en cada trinchera, con la certeza de que la soberanía no se pacta con el agresor de Valle Arriba, se impone con la fuerza de la unidad bolivariana.
