Julio Escalona y su labor pedagógica de sembrar conciencia.

Por Miguel Ernesto Salazar

“Cada generación tiene su tiempo, su historia y lo importante es que se sepa, se sienta, que no debemos evadir los deberes y compromisos que cada época nos plantea, nos demanda. Hacer entonces con amor, con desprendimiento, sin esperar nada a cambio. El premio será la felicidad de la sociedad que vayamos construyendo. Que a nadie le cueste la vida luchar por un futuro luminoso para nuestra patria y todas y todos sus habitantes”. Estas líneas corresponden a un artículo de Julio Escalona en referencia a la ausencia de otro grande de las luchas populares, David Nieves. ¿Y a Julio Escalona quién le escribirá? Seguramente tantos venezolanos que junto a él se plantan con amor y desprendimiento cuando la patria lo demanda. Como estas líneas de un comunista merideño al conocer el fallecimiento de Julio Escalona en una tarde lluviosa y calurosa de agosto: «Extraordinario camarada, algo incómodo para aquellos que no les gustaba ver, las desviaciones que se daban (o se dan) en revolución y que el enorme dedo del pueblo señalaba. Son de esas conciencias claras y sin dilaciones o desvíos para decir las cosas, que extrañaremos». El hombre o mujer irreverente siempre ha sido incómodo para quienes ven por debajo del hombro a la utopía realizable.

Julio Escalona, el político, no evadió nunca su papel y su lugar en la historia, se adaptó a cada tiempo, su pensamiento iba de la mano con la realidad que la definía. En la última etapa de su vida, el tenaz militante del MIR, el combatiente del Frente Guerrillero “Antonio José de Sucre”, el fundador de La Liga Socialista y en sus últimos años como miembro Político del PSUV, comprendió que su papel era el de orientar a las nuevas generaciones, echar la palabra sin temor para enaltecer la idea de Revolución y con la certeza que su crítica, observación y propuesta tendría eco en la Dirección Política-Militar de la Revolución Bolivariana y en el pueblo que hurga entre incertidumbres, vacilaciones y traiciones, “la unidad en la complejidad”. Al bravo pueblo, no como expresión retórica, tal como Julio Escalona logro descifrarla, como una “relación social, un hecho político palpable, constituido y fundante de la Patria”.  

La democracia para Julio Escalona, el constituyente, la democracia auténtica, es participativa y protagónica, no hay medias tintas. La democracia directa y revolucionaria, no como un hecho acabado o logrado propio de ser celebrado. Él la llevó más allá del ejercicio electoral, colocando la negrilla y el subrayado en las Comunas, como esperanza del futuro, con la fuerza espiritual que Hugo Chávez la pinto en aquel documento de la Reforma Constitucional y a la cual le encomendara al Presidente Nicolás Maduro, como le encomendó la vida misma. “Comuna o Nada” expresada por el Comandante Chávez “como una orientación”.  La democracia para Julio Escalona era colectiva como la Comuna misma, “una institución cuya tendencia debe ser hacia el mayor impulso de los colectivos”.

“Parece que hay quienes creen que la democracia es engorrosa, es lenta. Lo que suele ser así es la burocracia y sus hábitos, que entre otras consecuencias tienden a provocar retrasos, apatía, desconexión con la población y la formación de grupos que se separan de la militancia y las consultas y las informaciones se van limitando a sus allegados”. Ubicó en estas líneas al enemigo interno. Quien se contrapone al espíritu creador y hace lo posible por jalarnos al abismo.

Julio Escalona, el profesor universitario que dictaba a principios de los 90, el “Seminario de Movimientos Sociales” en la Facultad de Comunicación Social de la UCV, identificó, el tiempo del pueblo, ese que comprende y anhela “la importancia de transformar”, de revolucionar al país y del bien común, el consenso en no retroceder al pasado, aquel que sometió al pobre a sus intereses de clase, aquella la clase dominante que hipotecó al país. Julio Escalona nos mostró en su idea y acción que el colectivo nacional, su revolución reclama de continuos cambios, “Revolucionarlo todo, hacerlo todo de nuevo en una revolución permanente, con el pueblo, desde el pueblo, para el pueblo”. Claro, si partimos que la Revolución es como la montaña rusa, como el camino serpenteante y empedrado, con enemigos al acecho en cada curva, en cada bache.

Hoy por lo menos, hay consensos que construyen una identidad nacional, por ejemplo, aquel que exige el fin del bloqueo criminal que asfixia a nuestra economía. Desde el Presidente de Fedecámaras hasta el pulpero del pueblo y tal vez esta sea la gran mayoría que debemos construir, primero resolver alimento y salario para seguir avanzando en un proyecto que transite al Socialismo. Para ello nos indicaba Julio Escalona, el economista, que en paralelo construir un modelo requiere “que la producción sea un modo de vida que libera y no solo que no somete a la clase obrera”, consciente que este es un punto que nos aleja de la lógica de quienes dirigen el gremio empresarial, Fedeindustria y Conidustria. No solo es la unidad en la complejidad, en la diversidad, es también lograr consensos en la complejidad y la diversidad.

Julio Escalona, el diplomático, también abrazó la geopolítica, marcó su estudio y reflexión sobre la compresión que existe una gran confrontación, “un serio antagonismo en la sociedad contemporánea entre dos bloques de fuerzas de variable complejidad”; un bando poderoso marcado por “un complejo de fuerzas fascistas (…) asociadas al complejo militar-científico-financiero, que se expresa a través del gobierno mundial en la sombra (…) que va profundizando la globalización neoliberal”. Y otro mundo, definido en “una corriente que lucha por la democracia, la soberanía, la coexistencia pacífica, la defensa de la diversidad cultural y biológica, el pluricentrismo, la multipolaridad y la salvación del planeta”. En medio de esta batalla por la vida, por la continuidad de la especie humana, para Julio Escalona, la Integración era un tema prioritario, no solo para un mero debate sino como “una estrategia y también una política del día a día”. Venezuela, decía el natural del municipio Libertador del Estado Carabobo, “es un país andino y caribeño y hoy va teniendo un papel protagónico y puede empeñarse en probar la idea de la unión tricontinental, es decir: América Latina y el Caribe, Asia y África. Los BRICS pueden ser un punto de partida para esta alianza”. El Sur como el devenir histórico de la humanidad.

Julio Escalona, el poeta, también logró evadir a los aguajeros que no han logrado descifrar su papel en esta nueva etapa que vive el país. Esos que intentan arrimar al chavismo hacia un centro político o de aquellos que caen en la comparsa de quienes definieron en slogan del “madurismo”, como una suerte para dinamitar la fuerza espiritual que empuja a sobreponerse al chavismo por encima de las calamidades económicas fraguadas desde la ideal criminal de las sanciones, de las traiciones que laceran la unidad y de las agresiones que trazan el blanco sobre los humildes. 

“Creo y siento que el presidente Maduro viene llevando el rumbo y el país “palante.” Creo que puedo resaltar ciertos aspectos esenciales. La economía ha entrado en un camino de crecimiento y estabilidad. Ha habido acuerdos con los empresarios y los trabajadores y ambos sectores saben lo que deben hacer, cómo lo deben hacer y cómo para que se pueda marchar sin conflictos graves, hay que mantener acuerdos básicos, mantener abiertas las puertas de la negociación y el diálogo. Políticamente, la oposición golpista ha sido derrotada y está aislada”. Tal era la valoración que tenía Julio Escalona, sobre uno de los suyos, uno de su clase, el Presidente Nicolás Maduro. “Es un obrero en el más amplio sentido de la palabra y tiene un firme espíritu de superación”, sentenciaba para apartar cualquier duda. 

El compañero leal de Jorge Rodríguez (Padre), lo tenía claro, sabía que Nicolás Maduro “es incapaz de hacerle carantoñas al presidente Biden” a diferencia de aquellos que se escudan bajo el legado de Chávez y que desde el exterior siguen en su afán de ocupar el liderazgo que Hugo Chávez moldeara en la figura del otrora dirigente sindical del Metro de Caracas.  Con ganas se quedaron aquellos que les hacen “carantoñas” a los gringos de que Julio Escalona dedicara alguna línea, prosa o verbo para arremeter contra el Presidente Maduro. Julio Escalona nunca se dejó llevar por la finta del “madurismo”, él sabía que tal barbarismo solo era empujado por los genuinos antichavistas.

Entonces, decía Julio Escalona que la clave para avanzar sobre estos obstáculos colocados para frenar la marcha de la Revolución “está en reconocer la fuerza espiritual y ponerla a andar. El desafío para nuestra Revolución Bolivariana pasa por consolidarse, por supuesto como una fuerza cultural, pero también como una fuerza espiritual indetenible”. O si nos quedará alguna duda, sobre su concepto de Revolución Bolivariana, un pasaje de su último libro publicado por la editorial El Perro y La Rana, “Puntofijismo y 23 de enero de 1958. La rebelión como proceso”, nos despeja la duda: “Así continuamos, intentando vencer la burocracia y la corrupción que han penetrado al poder constituido y construir un nuevo amanecer de la Revolución Bolivariana. Revolución que no puede ser sino diversa, comunal, humanista, democrática, soberana, solidaria y unitaria, creyente y atea, pues en fin de cuentas, todos somos creyentes en la esperanza, con una profunda fe en la vida, cerrándole las puertas al sectarismo y a la prepotencia, lo que solo se puede hacer desde la humildad y el amor altruista”.

Solo nos queda homenajear a Julio Rafael Escalona, estando a la altura de lo que la patria y el momento nos demanda, lo que el deber y el compromiso nos obliga, sembrar de conciencia e iluminar con nuestro ejemplo.