“De cuantas épocas señala la historia de las naciones americanas, ninguna es tan gloriosa como la presente, en que desprendidos los imperios del Nuevo Mundo de las cadenas que desde el otro hemisferio les había echado la cruel España, han recobrado su libertad, dándose una existencia nacional. Pero el gran día de la América no ha llegado. Hemos expulsado a nuestros opresores, roto las tablas de sus leyes tiránicas, y fundado instituciones legítimas: más todavía nos falta poner el fundamento del pacto social, que debe formar de este mundo una nación de Repúblicas.”
Carta del Libertador Simón Bolívar a Bernardo O’ Higgins (1822).
A finales de la semana pasada, concluía el Foro Económico Mundial en Davos. La elite económica y empresarial global, líderes políticos, “activistas sociales” y representantes de algunos Estados del mundo, se dieron cita bajo el lema “Reconstruir la Confianza”. La agenda del conclave giró alrededor a la Inteligencia Artificial (AI), Geopolítica y el Reordenamiento del Comercio Global.
La realidad es que el Foro Mundial de Davos dio una clara perspectiva de la crisis global que se cierne sobre el capitalismo que sigue cuantificando los daños financieros a los grandes capitales causados por la pandemia. Pero no solo es que ha quedado retratado el quiebre del sistema económico, lo que no significa su fin, también ha quedado en evidencia la crisis política a lo interno de los bloques hegemónicos que siguen apostando al mundo unipolar que se sostiene bajos los signos de las guerras (Ucrania y Gaza). 886 mil millones de dólares en gastos de “Defensa Nacional” para el 2024 por parte de los Estados Unidos destinados a fortalecer el Complejo Militar-Industrial es un buen ejemplo. Un billón de dólares para la guerra puede estar a la vuelta de la esquina. Un billón de dólares para “reconstruir la confianza” sobre la DAVOSCRACIA.
Un informe sobre perspectivas de la economía mundial a futuro, publicado durante el Foro Mundial de Davos, recoge la visión de los “economistas jefes”, sobre el cual pudiéramos comprender el por qué “reconstruir la confianza” se convirtió en eje sobre el cual giraba el debate en Davos. La incertidumbre fue de esta manera la reina del Foro, situación que ha pulverizado a los Objetivos de Desarrollo Sostenible del milenio trazados por la ONU. El informe QUE recoge una encuesta entre los “economistas jefes”, deja colar la perlita. La mayoría de los encuestados dijeron que esperan que el progreso futuro hacia los objetivos de desarrollo se vea socavado por las tensiones geopolíticas (74%) y las condiciones financieras más estrictas (59%). De este resultado pudiéramos inferir que la responsabilidad de no lograr la meta dispuesta por la ONU recae sobre aquellos países que se empeñan en mantener las condiciones de la Guerra Fría a fuego, plomo y sanciones.
Pero pongamos atención sobre algunas ideas de los “economistas jefes” sobre el futuro inmediato de la humanidad. Uno de ellos es Pedro Conceição, director, Oficina del Informe sobre Desarrollo Humano, Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: “Este escenario implica al menos tres preocupaciones para el desarrollo global. En primer lugar, puede resultar más difícil emprender las inversiones necesarias para la transición hacia la sostenibilidad, que también son fundamentales para sentar las bases de un futuro crecimiento sostenible. En segundo lugar, que reducirá el espacio fiscal para invertir en las personas, otra base para una futura prosperidad equitativa, que es una preocupación particular para varias economías de bajos ingresos donde los costos del servicio de la deuda (aumentando en parte como resultado de los efectos de contagio asociados con los aumentos de las tasas de interés en economías de altos ingresos) ya son comparables con el gasto en salud y educación. En tercer lugar, habrá menos espacio fiscal para hacer frente a una emergencia de magnitud comparable a la pandemia de COVID-19, una perspectiva particularmente aterradora a medida que empeoran los impactos del cambio climático”.
Otra “experta”, Rima Bhatia, asesora económica del grupo, Gulf International Bank, sostiene: “La cantidad de cambios que se están produciendo a partir de rápidos cambios estructurales en la economía global desde 2020 ha sido la mayor que en cualquier otro momento de las últimas décadas. Tanto para los gobiernos como para las empresas, navegar en un panorama global de fuerzas que están remodelando los flujos comerciales y de inversión, las estructuras industriales, las asociaciones económicas y, más notablemente, las relaciones políticas exige un enfoque más estratégico y colaborativo”.
Ambos, también coinciden, en lo que la mayoría de los asistentes al Foro Mundial de Davos están claros que lo que sostiene a la Davoscracia (aun resquebrajada) depende en última instancia del poder estadounidense y de la disposición de los estadounidenses a defender su «bien común». Incluso, la incógnita Trump pareciera estar resuelta en el conclave de Davos, ante los temores que generaba en el pasado reciente y que hoy se disipa ante la posibilidad que Trump retome el poder en los Estados Unidos. Avivando de esta manera la nostalgia Reagan en los Alpes suizos.
Para “Reconstruir la Confianza” y evitar el desplome de la Davoscracia y que en consecuencia el “Hombre Davos” pase a ser una vieja quimera, el conclave utiliza “renovadas figuras públicas” para darle otra cara al capitalismo global, de allí que entendamos participaciones como las de Javier Milei o el derrotado Zelenski. Por ejemplo, Milei, no ha dudado en exponer su postura a favor del Libre Mercado, recordando a los presentes en el Foro que “lejos de ser la causa de nuestros problemas, el capitalismo de libre comercio como sistema económico es el único instrumento que tenemos para poner fin al hambre, la pobreza y la pobreza extrema en todo nuestro planeta”.
En la misma dirección por la que Milei arrastra a los y las argentinas, la nefasta Úrsula von der Leyen casi que remata la idea de Milei: «Pero la libertad en las empresas depende de la libertad de nuestros sistemas políticos, y es por eso que creo que fortalecer nuestra democracia y protegerla de los riesgos e interferencias que enfrenta es nuestro deber común y duradero”. Lo dicho por la Úrsula, nos deja claro que la Davoscracia mira (interviene) con detenimiento los procesos electorales que se llevaran a cabo durante el 2024. No perdamos la perspectiva que cuatro mil millones de personas concurrirán a las urnas, «hace de 2024 un año muy, muy peligroso», según lo expresado en Davos por Mark Leonard, director del Consejo europeo de Relaciones Exteriores de la UE. ¿Peligroso para quién, para quienes? Para la Davoscracia, la Democracia Occidental. Otra “experta”, presente en el Foro en Davos, Rachel Botsman, afirmó: «No es que la gente deje de confiar, simplemente empiezan a fluir en diferentes direcciones». Pongamos cuidado a lo que encarna tal expresión, es aquí donde surgen y ganan influencia personajes como un Milei, Trump, Abascal, Bukele, una Meloni o una Machado. Y si este coctel explosivo le sumamos la pérdida de un claro e inclusivo discurso de la Izquierda, se entiende que un joven trabajador en Argentina votará a Milei y que en Venezuela, un trabajador valore a MCM como una alternativa.
Pero no solo las nuevas caras son utilizadas para “Reconstruir la Confianza” en una quebrada Davoscracia, las guerras, Golpes de Estados y las sanciones, como comentamos anteriormente, son utilizadas como pega loca para colocar nuevamente las piezas de resquebrajado jarrón de Davos en su lugar. El objetivo es claro, frenar ya, aniquilar cualquier alternativa que surja al “Hombre de Davos”. No olvidemos uno de los ejes centrales en la que gravito el conclave de Davos, “Lograr la seguridad y la cooperación en un mundo fracturado”. De esta manera, cualquier alternativa es puesta en la mira, tal es el caso de Venezuela. Ya lo puntualizaba el Presidente Maduro: “Ellos -el capitalismo- apuestan a varios escenarios, apuestan al escenario del golpe de Estado y la violencia, del magnicidio, de la guerra económica, de la guerra psicológica y todos los carriles los corren juntos”.
Los 66 años de la conmemoración del 23 de enero de 1958 en Venezuela, rescatando el espíritu de la gesta cívico-militar, liderizada por Fabricio Ojeda y la idea de una democracia de nuevo tipo, revolucionaria, y protagónica y participativa (bloqueada por el Pacto de Puntofijo), nos sirven para colocar el último discurso del Presidente Nicolás Maduro, alrededor de las siete transformaciones, no solo como un mensaje al pueblo venezolano sino como un referente alternativo y antagónico a la Davoscracia.
Combatir la pobreza y la desigualdad, proponer la paz como un bien común de la humanidad y proyectar el Buen Vivir como un sistema inclusivo e integral que equilibre el desarrollo humano con la sostenibilidad de la naturaleza, se nos convierte en una alternativa para el sostenimiento de la humanidad. Alternativa sustentada bajo la idea Bolivariana de integración y la suprema felicidad del pueblo. Ideas completadas por el Comandante Chávez al tomar el poder por la vía electoral en 1999 y que hasta hoy sostiene a la idea de Revolución Bolivariana, insistimos, imperfecta, en permanente construcción, llena de contradicciones y complejidades.
“Las siete transformaciones” con mira al 2030, plantean; Modernizar la economía, “una transformación completa del modelo”; Independencia plena, “Consiste en actualizar y expandir la doctrina bolivariana en sus dimensiones política, científica, cultural, educativa y tecnológica ante los nuevos retos mundiales y los nuevos retos en ciernes, la independencia plena, que tiene que ver con la independencia cultural, de identidad científica, educativa, consolidar la independencia plena de la base de conocimiento, de la base científica del país”; Paz, seguridad e integridad territorial, “La tercera transformación tiene que buscar perfeccionar el modelo creado de convivencia ciudadana, de garantía verdadera de justicia, de goce pleno de los Derechos Humanos, de salvaguarda de la paz social y territorial, y garantizar la recuperación total de la Guayana Esequiba para Venezuela”; Social, “la renovación total del modelo de protección humanista y socialista del pueblo de Venezuela, su renovación total. Necesitamos acelerar la recuperación del estado de bienestar perdido por el genocidio económico”; Política, “política con “P” mayúscula, política de inclusión, política de participación; se trata de la política vista como servicio público al colectivo, de la política vista como protagonista del ciudadano y de la ciudadana; no de la política de cúpulas, de élites, sólo de partidos políticos”; Ecología, “es asumir la preservación del Planeta, asumir la preparación de nuestro país para combatir la crisis climática, la emergencia climática”; y Geopolítica, “la definitiva inserción de Venezuela y de nuestro liderazgo en la nueva configuración del poder mundial, del mundo multicéntrico y pluripolar, preservando y desarrollando nuestra diplomacia bolivariana de paz”.
Estas transformaciones surgen como el Junín y el Ayacucho del siglo XXI, son elementos que deben marcar el cambio de época y un nuevo tiempo para la Revolución Bolivariana que abra nuevamente el sendero a los pueblos del mundo que luchan por un modelo alternativo al capitalismo salvaje y depredador. En el mensaje anual a la nación, el Presidente Maduro señala el contexto que enfrenta alternativas como la que se construye en Venezuela: “…un mundo donde se imponen regímenes empresariales, corporativos y colonialistas, que le niegan y le borran los derechos sociales a los pueblos y dejan a la gente en la orfandad y el desamparo, me permite afirmar que nuestro modelo de democracia participativa, directa y protagónica no solo funciona, como está visto y comprobado, en cada una de nuestra metas cumplidas, sino que se hace cada vez más necesario en el mundo actual para evitar catástrofes sociales”. Las “7T-2030”, debemos comprenderlas) cómo un mensaje a los pueblos del mundo en contraposición al consenso de Davos, a su Davoscracia y a su “Hombre Davos”.
Un artículo de Alejandro Dugin, publicado recientemente y titulado MATANDO AL DRAGÓN: EL MUNDO ESTÁ AL BORDE DE UNA GUERRA GLOBAL, nos da una perspectiva a lo que nos enfrentamos: “El dragón del globalismo está mortalmente herido. Pero se sabe lo peligrosa que es la agonía de un dragón herido”. Otra alternativa al capitalismo es posible, la Davoscracia es el dragón moribundo y es en este contexto que las Siete Transformaciones propuesta por el Presidente Nicolás Maduro se presenta como una aporte necesario y pertinente para colocar las bases del nuevo e impostergable nuevo orden multipolar. Tras el Foro Económico Mundial en Davos surge una nueva geopolítica mundial, “nueva geopolítica de cooperación, desarrollo compartido, respeto y solidaridad para transitar el siglo XXI en Paz”, con los Brics como principal Bloque Emergente y con Latinoamérica y el Caribe, en especial Venezuela, como epicentro de la lucha geopolítica mundial. Ya lo expresaba el Presidente Maduro, “Los pueblos y los países suramericanos no podemos quedarnos atrás en esta etapa de nacimiento de la nueva geopolítica mundial”.
Las Siete Transformaciones son un salto hacia adelante que aporta a los pueblos del mundo que van camino hacia la multipolaridad en resistencia al modelo excluyente de la Davoscracia.
