Las primarias no van.

Por Miguel Ernesto Salazar

El 2023 se vislumbra como un año convulso, nuevamente en el horizonte se divisa una batalla que marcará la suerte de la Revolución y no puede ser de otra manera, desde 1998, las fuerzas bolivarianas con Hugo Chávez a la cabeza trazaron la vía electoral para conquistar el poder. Por más de dos décadas en cada proceso electoral, en especial el que dirime quien se siente en la casa de Misia Jacinta, nos jugamos la vida.Más de una veintena de triunfos ha cosechado el chavismo ante la oposición venezolana, que por cierto dilapido su único gran triunfo, recordemos las elecciones parlamentarias del 2015, por primera vez el Chavismo fue vapuleado en un proceso que abrió las puertas a la reconquista del poder por parte de la oposición. Juan Guaidó, por ejemplo, es hijo de la victoria de aquella oposición. Hoy los mismos factores de la oposición que alimentaron a la criatura niegan su paternidad e incluso su parecido.

En este contexto, las primeras semanas del 2023 han dado continuidad a lo agitado de los últimos meses del 2022, la movilización de diversos sectores de la sociedad, en especial, un gremio subestimado políticamente como el de los maestros, ha encontrado en la calle una válvula de escape ante la difícil situación generada por quienes ven en la economía el punto vulnerable del Proyecto Bolivariano para colocar los misiles teledirigidos al núcleo de la sociedad que sostiene la Revolución. Las demandas por mejores condiciones de vida y un salario justo abrazan a amplios sectores de la sociedad venezolana, en especial aquellos más vulnerables. Al escribir esta nota el dólar se ubicaba en 20,29 Bs a tasa oficial y el salario mínimo sigue sobre los 130 Bs. Elementos estos suficientes para que desde los sectores de la oposición se perfile un plan para colocarse al frente del descontento generado por la situación económica y pescar en río revuelto. Para quienes dirigen el plan, llegar al 2024 y arrebatarle el poder al Chavismo significa retomado la calle.   

Por cierto que sobre este punto de las movilizaciones de inicio de año, en un grupo de colegas educadores, un compañero escribía: “Hoy marché en Los Teques con colegas educadores. Había adecos y copeyanos. Marché con ellos, pero no con ellos. Los fantasmas de González Navarro, de Antonio Ríos, de Ronald Golding, de Carlos Ortega, de Antonio Cova estaban ahí. Puro traidor, sinvergüenzas”. Expongo estas líneas porque creo que describen bien a quienes han decidido tomar la calle como instrumento de lucha.

Y para dejar claro que la Dirección Política y Militar de la Revolución está al tanto de la situación y de lo compleja que es la realidad que enfrenta el trabajador y a la trabajadora venezolana, recientemente el propio Presidente Nicolás Maduro ante la Asamblea Nacional y en cadena nacional daba cuenta de la complejidad del momento describiendo dos grandes aspectos que a diario toca hacerle frente: el primero de ellos, la caída de los ingresos petroleros: “Si calculamos la merma de producción acumulada de esta cifra, el país dejó de percibir 3.995 millones de barriles, el país debió haber percibido y dejó de percibir 232 mil millones de dólares que hubieran ido al salario, a los derechos sociales, a la educación, a la salud, a la alimentación, a la vivienda, a la infraestructura, al desarrollo general del país. ¡232 mil millones de dólares!”. Y adiciona el Presidente Maduro sobre el particular para identificar donde se concentra el principal escollo y donde está el enemigo que pretende hacer quebrar el sueño bolivariano, “Más de 927 sanciones, llamadas medidas coercitivas unilaterales, restrictivas, punitivas, extorsivas contra un país; persecución, bloqueo, robo de activos, secuestro dePatrimonio Nacional, que constituyen graves violaciones de los derechos humanos de todos los venezolanos y de todas las venezolanas; una agresión multiforme, brutal”. ¿Cómo hacer ante la demanda justa de las y los trabajadores sobre el salario cuando “sólo ingresó al país 1% de lo que debía ingresar o debe ingresar”?

El otro elemento expuesto por el Presidente Maduro nos asoma el principal desafío que enfrenta la Revolución, va de la mano de dos grandes indicadores que dejan ver la salud de un paciente, que el propio Presidente Maduro ha calificado de “enfermo”, no son otros que la desigualdad y la pobreza.“Se ha bajado el déficit nutricional que logró colocarse en un 35,6 % en el año 2017. Hoy podemos decir que tenemos un déficit nutricional, que vamos a seguir atacando y resolviendo, del 7,7 %”, señalaba el primer mandatario nacional.

En la víspera del 23 de enero de 2023, la oposición a través de sus dirigentes gremiales, en especial los vinculados a AD, Voluntad Popular y UNT, avivan las cenizas para prender el fuego necesario que les permita acumular fuerzas para las elecciones presidenciales del 2024, mientras en paralelo se reúnen en Washington para afinar la estrategia sin desmantelar su principal capital, el apoyo de la elite política de la Casa Blanca y del Congreso gringo para mantener el asedio sobre la economía venezolana. Primarias sin el acumulado de calle es como comer caraota sin colocarle una cucharadita de azúcar o parafraseando a Luis Ugalde, un sempiterno conspirador jesuita, “las primarias no tienen futuro sin una fuerte sacudida espiritual”.

Recientemente el propio Luis Ugalde, en un artículo, que por cierto es recomendado por Juan Guaidó para su lectura, deja colar la oferta electoral:“no tengo plata ni oro, pero te doy lo que tengo: en nombre de Jesucristo, el Nazareno, levántate y camina”. En el mismo artículo, uno de los protagonistas con sotana del Golpe del 2002 y del Paro Petrolero de finales del mismo año y comienzos del 2003, le traza camino a la oposición más allá incluso de la propia oposición, “El renacer de la sociedad civil enterrará el corrompido cadáver político (presente hoy de diversas maneras en el gobierno y la oposición) y alimentará las fuerzas renovadoras nacidas de ese espíritu que pone en pie nuestra acción responsable”.

Esta idea soporta además las últimas intervenciones de la cúpula de iglesia venezolana agrupada alrededor del Clan de la Conferencia Episcopal Venezolana. Los voceros han arengado desde tribunas diferentes buscando carburar la calle. Por un lado, esta el recién llegado a Caracas, Baltazar Porras, nombrado Arzobispo de Caracas, en un enrosque eclesiástico que lo pone en el centro de la política, “no nos podemos dejar robar la esperanza” ha dicho el firmante del carmonazo, y por otro lado, cuidando la retaguardia, el azote del diezmo, “administrador apostólico de Barquisimeto”, Vitico (y no Davalillo) Basabe, pupilo de Roberto Luckert y confesor de María Corina Machado, en plena homilía de la procesión de la Divina Pastora, lanzo rayos y centellas contra el Gobierno Bolivariano.

El Clan de la CEV, desde su sede en Montalbán, un sector de Caracas, corre al auxilio de un sector de la oposición para sostener el plan conspirador, el mensaje ha sido claro, no van las primarias sin retomar la calle, abriéndole paso de esta manera al conceso como un medio probable que permita colocar un candidato o candidata con piso solido que le permita disputar el poder al Chavismo. La activación de la tripartita; Iglesia, Partidos y Empresarios, pareciera desplazar al comando de la conspiración tras sus repetidos fracasos. Alguien debe ponerse al frente del liderazgo de la oposición. Sera sobre este conclave quien bajará la línea dictada desde Washington que por cierto, se inclina por la búsqueda del consenso.

De esta manera las primarias tienen un camino empedrado y para algunos centros de pensamiento de la oposición vinculados a Leopoldo López es la alternativa a seguir, tal como lo expresa Benigno Alarcón, director del Centro de Estudios Políticos y de Gobierno UCAB, quien presentó el pasado mes de diciembre los escenarios políticos para el 2023, señalando sobre las primarias que estas “representan la única oportunidad con que cuenta la oposición hoy en día para que pueda darse un proceso de cambio político en el país,…”. Incluso coloca el alerta sobre lo que pudiese ocurrir si se elige otro camino distinto a las primarias, si se termina escogiendo el candidato por la vía encuesta o el consenso.

Esto llevaría según Alarcón a “confrontaciones entre unos y otros que solo generaría mayor abstención y dispersión del voto opositor”. Y para reforzar la importancia de que la oposición retome la calle, señala que es “la oportunidad para avanzar de manera muy importante en la construcción de una estructura organizativa de movilización de cara al próximo proceso presidencial”.

Ante este panorama no ha tardado Leopoldo López en reaccionar y denunciar a Manuel Rosales y Capriles como los principales arquitectos en el plan antiprimarias, “están buscando una candidatura por consenso”, sostuvo López y termina rematando advirtiendo que “Una candidatura que no venga desde un proceso primario, está destinada al fracaso”.

Otro aspirante de la oposición sin peso, de esos elementos pintorescos de la política venezolana que me recuerda a la simpática María Bolívar, es Nicmer Evans y sobre el tema declaraba recientemente que “No hay condiciones electorales con estos partidos políticos para unas primarias”.

Ambas declaraciones esconden la verdad que aqueja a la oposición venezolana. Una encuesta de opinión pública realizada por el Centro de Estudios Políticos y de Gobierno UCAB realizada por la encuestadora Delphos, expone la crisis, el calvario que se vive en el seno de los sectores de la oposición: 25,5% quizá votaría en unas primarias; 19,2% no está motivado y 29,6% respondió que jamás votaría en las primarias. Es decir, que más de un 40% es indiferente a un proceso de primarias.  La encuesta además revela sobre el tema electoral el escenario que pudiese surgir si la elección del candidato opositor para las presidenciales de 2024 es convocada y organizada por el CNE, los números según la encuestadora bajarían aproximadamente un 5% pero, si, estas fuesen convocadas por lo que denominan la sociedad civil, dígase, un SUMATE, la participación en las primarias aumentarían.

Este último elemento, de la composición de un nuevo CNE que le de garantía a la oposición está cuesta arriba ante la las dificultades que atraviesa actualmente el dialogo en entre oposición y el Chavismo, antes las incongruencia del primero y la falta de tomas de decisiones para ejecutar los acuerdos establecidos a finales del año pasado ante el tutelaje impuesto por Washington a la oposición.

Pero la encuesta no solo refleja las dificultades que tiene la oposición para llevar a cabo las primarias, deja colar otros aspectos que son importante para el análisis de la situación, sus actores y posibles desenlaces. Uno de ellos va relacionado a quién pudiera generar un cambio político; un 57,9% ve a “la ciudadanía” como la fuerza que generaría un cambio, un 41% apuesta a una salida de fuerza a través de los militares, 22,5% dato este interesante, siguen algunos sectores importantes de la oposición creyendo en un desenlace violento para retomar el poder (esto llama la atención, sobre todo si se recuerda que el intento de Golpe de Estado del 2019, el denominado: “La Madrugada de los Plátanos Verdes”, no conto con respaldo de los diversos sectores de la oposición, por lo menos, contingentes de hombres y mujeres de la “sociedad civil” no se lanzaron a la calle para respaldar el golpe y sus dirigentes). Otro aspecto importante que aflora en las respuesta está en que el cambio político está en los “factores internos del gobierno, 11,3%”, por encima de un sector de la oposición fuera del G4, 10% y la oposición representada en la MUD, 7,2%.

En el 2023 la calle, como espacio de disputa del poder, es importante para quienes desde la oposición aspiran a la conquista del poder como para quienes defendemos el proceso revolucionario.

La oposición tiene su tarea dada por Washington, aniquilar la Revolución, y el Chavismo por su parte tiene la responsabilidad de defender lo conquistado por el pueblo apostando a la conciencia y a la movilización popular para garantizar el triunfo en el 2024. Será un largo camino el que nos espera y como diría el poeta Cesar Vallejo: Azulea el camino, ladra el río…