Los contornos del mapa electoral argentino en las elecciones internas

Por Dario Di Zacomo (Buenos Aires, Argentina)

Después de año y medio ausente de este espacio, estamos de vuelta, agradezco la paciencia y la oportunidad que me siguen brindando mis camaradas editores de la Revista Pueblo en Armas, militantes de la revolución bolivariana y combatientes de la comunicación alternativa. 

En el presente escrito presentaremos la silueta del mapa electoral que vive la Argentina en este 2023. El cronograma electoral ya está corriendo con la realización de comicios en diferentes provincias y continuará de forma frenética así por el resto del año, pero haremos referencia solamente a lo concerniente a las elecciones nacionales, la disputa por la presidencia.

El proceso eleccionario argentino está constituido por tres momentos: el primero corresponde a las elecciones Primarias, Abiertas, Simultaneas y Obligatorias (PASO), las cuales se realizarán el domingo 13 de agosto y habilitan a las candidatas y candidatos de las diferentes organizaciones y frentes políticos a participar en las elecciones generales del 22 de octubre (segundo momento) y posteriormente el balotaje o segunda vuelta (tercer momento) para el 19 de noviembre con las o los dos que hayan obtenido la mayor votación. Ahora estamos en el momento de las PASO, que como señalamos permite definir quiénes serán las o los aspirantes de cada una de las diferentes fuerzas políticas a los cargos de elección popular, tras haber obtenido también al menos el 1,5% de los votos; de tener un porcentaje menor al señalado, aun cuando sea el o la única postulante de un partido o frente político, no podrá estar en las elecciones generales.

Las PASO (de creación en 2009) no solamente dirimen las candidaturas internas de cada organización, sino que se constituyen en una gran encuesta nacional, con resultados que reflejan la opinión general de las y los votantes para el momento de su realización. Como es lógico, algún margen queda para la reconfiguración de las fuerzas de cara a las elecciones generales, pero en las últimas tres PASO  no ha habido variación en las posiciones obtenidas en ella con relación a las elecciones generales.

Esta característica produce cierta preocupación en el mundo político, al punto que distintas personalidades manifiestan la inconveniencia de las primarias e incluso se habla de suspenderlas o eliminarlas, a pesar que su sentido se fundamenta en un espíritu democrático por el cual las diferentes fuerzas políticas ponen a disposición de las mayorías la posibilidad de elegir a quienes los representarán para la disputa electoral.

Desde hace ya varios meses el ambiente político general está agitado; personalidades del escenario público asoman sus cabezas a ver qué opinión despiertan y hasta donde mueven el amperímetro electoral, aspiraciones van y vienen. El pasado 24 de junio cerró el plazo para la presentación de las postulaciones de las candidaturas a las internas, donde resultó que solamente tres frentes políticos se medirán en su interior, pues la mayoría (de trece en total) solo inscribió una lista de candidato/as para ser ratificados en las PASO y tratar de superar el 1,5%. Justamente quienes tendrán competencia interna son los frentes que agrupan vitales tendencias, así como las de mayor interés para quien escribe, referimos a Juntos por el Cambio (JxC), Unión por la Patria (UP) y Frente de Izquierda y de los Trabajadores (FIT), los cuales trataremos en ese mismo orden, con especial atención en el segundo.

Juntos por el Cambio es una coalición que agrupa a las fuerzas de la derecha argentina. Sus componentes principales son los partidos Propuesta Republicana (PRO) y la Unión Cívica Radical (UCR). Este frente logró el triunfo electoral en 2015 con Mauricio Macri y gobernó la nación hasta 2019 cuando fue derrotado por el peronista Frente de Todos (actual Unidos por la Patria). Ciertamente el PRO ha sido el partido hegemónico de la coalición y quien dicta las cardinales líneas políticas, las cuales se apegan a la ortodoxia neoliberal, pero en el momento actual la UCR (partido histórico cuyos orígenes se remontan a la última década del siglo XIX, además fue gobierno de la nación en diez oportunidades y tuvo un papel fundamental en el retorno a la democracia en 1983 con las presidencias de Raúl Alfonsín) ha cobrado relevancia dentro de la alianza opositora y a diferencia de las anteriores elecciones, hoy forma parte de las fórmulas presidenciales que se medirán en la interna con mejores posiciones en las listas de legisladoras y legisladores. El PRO gobierna desde hace 16 años la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la presenta como su principal estandarte, mientras que la UCR esgrime las gobernaciones de provincias como Corrientes, Jujuy y Mendoza.

Dos fórmulas se enfrentarán en JxC, una conformada por Horacio Rodríguez Larreta (PRO) quien es el actual Jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, traza su estrategia por medio de un distanciamiento de Mauricio Macri y su fracasada gestión presidencial (2015-2019), al tiempo que se presenta como un político abierto y con disposición al consenso; es cuidadoso en la formulación de propuestas económicas más allá de las generalidades de alcanzar “acuerdo con los sectores productivos”, exhibe su gestión en la ciudad capital como referencia, aun cuando la misma ha sido muy cuestionada por el desequilibrio y descuido en la inversión escolar (infraestructura, apertura de nuevos centros educativos en zona sur de la ciudad, alimentación, acuerdos salariales con las/los docentes, represión laboral, etc), en contraparte exhibe obra pública de ornato y vialidad, a pesar de haber comprometido la distribución espacial de la ciudad a favor de grupos económicos concentrados que se han visto favorecidos con el cambio de uso de espacios públicos. A Rodríguez Larreta lo acompaña para Vicepresidente Gerardo Morales (UCR), actual gobernador de la Provincia de Jujuy, quien es un personaje que cuenta con un historial autoritario que se remonta a su gestión como secretario de Desarrollo Social  del gobierno de Fernando de la Rúa (1999-2001), y para coronar su fama, en semanas pasadas reprimió violentamente las protestas de docentes y pueblo en la provincia de Jujuy, de ello hablaremos al final de este artículo.  

En la otra esquina de la disputa en JxC está Patricia Bullrich (PRO), personaje desencajado y nefasto a cuya derecha solo está la pared, fue ministra de seguridad en la gestión de Macri y constantemente hace alardes de la represión como herramienta de control social; no disimula su anti-peronismo y anti-izquierdismo en general, por el contrario lo exhibe constantemente; a pesar de la campaña su discurso no se modera, ataca la existencia de programas sociales desde el Estado para las poblaciones en situación de vulnerabilidad, presenta propuestas de abierta ortodoxia neoliberal y suela reflejar la opinión sin filtros de los grupos económicos concentrados; su discurso es agresivo y violento. La acompaña como pre candidato a vicepresidente Luis Petri (UCR),  fue diputado por la provincia de Mendoza y aspirante a la gobernación pero perdió en la interna, no hay mucho que decir de él solo el refrán “dime con quién andas y te diré quién eres”.

La coalición de derecha se enfrenta por primera vez a una interna, según las encuestas la elección está muy pareja, a pesar que en la calle suele sentirse más a Rodríguez Larreta como posible triunfador; en todo caso, el resultado presentará al o la candidata con muchas posibilidades de triunfo electoral en octubre y probablemente una confirmación del ya sostenido viraje a la derecha de la sociedad argentina. La principal ventaja que tiene este sector, además de contar con el apoyo de las principales corporaciones mediáticas nacionales e internacionales, es la decepción por la gestión de Alberto Fernández, sobre todo en lo relativo al clima inflacionario que devora los salarios.   

Unidos por la Patria (UP) es el frente peronista. Ante todo debemos dejar claro que el peronismo está constituido por múltiples organizaciones y el Partido Justicialista fundado por Perón, por lo cual vemos conveniente presentar este frente por tendencias y no por organizaciones. La primera de ellas y con el mayor caudal electoral y político-organizativo es el Kischnerismo. Como es sabido su conducción está en Cristina Fernández y constituye una fuerza de izquierda que reivindica su naturaleza nacional-popular y los componentes esenciales del peronismo, léase desarrollo con inclusión social, presencia del Estado como promotor y regulador del desarrollo, impulso a la industrialización para superar la condición reprimarizadora, visión de integración regional como imperativo al desarrollo nacional, antiimperialismo, presencia de las y los trabajadores en las decisiones productivas, autogestión de la producción. Es una corriente heredera de la resistencia a las dictaduras y con influencia del pensamiento anticapitalista, su fortaleza está en la gestión de gobierno transformadora, de lo cual dan cuenta las presidencias de Néstor y Cristina, así como la tarea de intendentas/es y gobernadores de provincia. Su organización más visible durante mucho tiempo fue la Cámpora, que constituye la forma burocrática del kirchnerismo, pero son múltiples las organizaciones territoriales que se inscriben en esta corriente con una gama de experiencias político organizativas y trabajos de desarrollo comunitario. Otra corriente que fluye muy pegada a la mencionada es la de los movimientos sociales, aquí se presentan organizaciones que surgen al calor de múltiples conflictos sociales y se desarrollan a partir de aspectos muy específicos como la economía popular, la producción agroecológica, la vivienda, la desocupación, etc; esta fuerza es muy mayoritaria pero poco influyente en las decisiones electorales o estratégicas. Otro sector es el conformado por el frente Renovador de Sergio Massa y lo que hoy han dado por llamar el “albertismo”; sin duda es una corriente que tira a la derecha, aun cuando despliegan los elementos básicos del discurso peronista; sus concreciones en acción son opacas y rozan frecuentemente los bordes apreciados por los grupos económicos dominantes; sin embargo, es justo decir que tienen un sentido nacionalista y ponderan la inclusión desde el despliegue de políticas focalizadas. También están los gobernadores con estampa de las diferentes corrientes (la mayoría kirchnerista) y forman una fuerza federal cuando actúan unidos. Finalmente sugerimos la corriente sindical-burocrática (pues existe un sindicalismo clasista) que se enfila en la CGT (Central General de Trabajadores) y que a pesar de su gran representatividad e historia combativa se aleja cada vez más de la democracia de las y los trabajadores, estando gobernada por cúpulas burocráticas que actúan movidas por intereses sectoriales más que por los de la clase trabajadora.

Al reiterar Cristina su imposibilidad de ser candidata a la presidencia debido a la persecución judicial de la que es objeto, varias candidaturas aparecieron sobre la mesa peronista, por un lado Wado De Pedro por el kirchnerismo y los movimientos sociales (incluso la izquierda no peronista que participa del Frente de Todos) y por el “albertismo” Daniel Scioli, cada uno representante de las características mencionadas arriba; en paralelo Sergio Massa, actual ministro de economía y “candidateable” a la presidencia de la nación, había manifestado que solo sería candidato si se alcanzaba un acuerdo unitario en torno a él, lo que presentaba un escenario de una inevitable interna. Días antes de finalizar el plazo de inscripción de candidaturas se hicieron manifiestas las aspiraciones de De Pedro y Scioli, aunque no se conocía quien los acompañaría en la llave como vicepresidente/a, ya circulaban spot en las redes sociales e incluso Scioli realizó un acto de lanzamiento. Ese era el ambiente cuando en la víspera del cierre definitivo se conoció la noticia que UP tendría una fórmula unitaria encabezada por Sergio Massa y como Vice Agustín Rossi. El país peronista no ocultó su sorpresa y desconcierto. Posteriormente de voz de la propia Cristina Fernández se conocieron algunos detalles: el acuerdo fue producto de una lectura de contexto e insistió en la conveniencia de presentarse unidos. La fórmula alcanzada estaba condicionada por el hecho que el presidente Fernández no aceptaría la candidatura de Wado, es decir una opción kirchnerista. La dupla Massa-Rossi fue producto de la negociación entre Cristina y Alberto, con sus respectivos equipos y los actuales candidatos, y ningún otro sector fue consultado o intervino, de forma que los relatos sobre la participación y consulta a la militancia quedaron solapados por la lectura estratégica.

En una mirada de momento la puja por las candidaturas favoreció a Alberto Fernández, pues Massa va más hacia su sector (de hecho Alberto fue parte del Frente Renovador en las elecciones de 2015) que al kirchnerismo, al cual enfrentó frecuentemente. Y, a pesar de que Cristina es el liderazgo movilizador de la militancia peronista, no llegó a arrimar un candidato o candidata de sus filas; sin embargo, parece que el kirchnerismo apuesta a la construcción a largo plazo con intendencias, gobernaciones, legislativo y por supuesto trabajo en territorio, dado que domina las listas legislativas y sólidas candidaturas a gobernaciones de provincia como la de Buenos Aires y las intendencias del cono urbano bonaerense.

Para cerrar este corto relato resultó que la candidatura unitaria de Massa no fue tal, pues el propio sábado 24 antes de vencer el plazo, Juan Grabois referente del Frente Patria Grande, junto a Paula Abal Medina inscribieron su fórmula para disputar la candidatura de Unión por la Patria. Juan Grabois es un importante referente de la corriente venida de los movimientos sociales con un marcado peronismo popular que incluye importantes toques marxistas y del cristianismo de los pobres, es un político de firme postura antiimperialista y nuestromericanista, ha hecho circular un interesante plan para abordar las distintas problemáticas que atraviesa el país, es quizás el único plan de acción presente hoy en la mesa electoral. Sin embargo su candidatura al momento carece del apoyo del aparato justicialista y otros referentes del campo popular no se han manifestado aún por su opción, no cuenta con fuerza electoral aparente, los medios de comunicación  presentan la candidatura de Massa como unitaria, cuando estrictamente no lo es. Probablemente la digna postura de Grabois pase a ser un “blanqueo” de la candidatura de Massa, pues de ser derrotado en las PASO no quedará más opción que acompañar la formula triunfadora.

La candidatura de Sergio Massa ralentiza las aspiraciones de un cambio social, sin duda es una propuesta con muchas posibilidades electorales, lo cual es fundamental para la coyuntura que debe enfrentar el peronismo en octubre, pero no otorga mayor esperanza en la construcción de una propuesta de gobierno popular que tome como fuente las necesidades de los desprotegidos. En relación a la mirada nuestroamericanista dista por mucho, es probable que no tenga la ambigüedad que ha tenido la política internacional del gobierno de Alberto Fernández en la región, pero es conocido por su “buena relación con sectores empresariales nortemaricanos”; por otra parte, se hace difícil olvidar su papel en las elecciones de 2015 cuando tras quedar fuera del balotaje inclinó a sus seguidores a la candidatura de Mauricio Macri; así como tampoco se puede olvidar su apoyo a Juan Guaidó, lo que habla de su cercanía con los intereses norteamericanos.

Massa pretende acompañar su campaña con gestión desde el ministerio de economía, la cual hasta el momento no ha generado avances importantes o destacados méritos en la redistribución del ingreso, más o menos la cosa sigue por el mismo camino que trazó su antecesor en el cargo, en torno a que el crecimiento solo llega a los grupos concentrados de la economía (alerta que ha realizado Cristina en varias oportunidades). Para limpiar un poco su actuar frente al FMI, ha dicho recientemente que “hay que pagarle al fondo y luego que se vaya”, bueno, es decir cualquier cosa, cuando el problema es justo ese, pagarle al FMI sacrificando la redistribución y el crecimiento interno.

Finalmente está el Frente de Izquierda (FIT) donde se medirán dos confluencias, una que toma el nombre de “Unir y fortalecer la izquierda” que agrupa al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) y a Izquierda Socialista (IS) con la postulación de la diputada Mirian Bregman como precandidata a la presidencia y el exdiputado Nicolás del Caño a la vicepresidencia; mientras que el Partido Obrero (PO) y el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST) en la coalición  “Unidad de Luchadores y la Izquierda” postula a Gabriel Solano quien es actualmente legislador en la ciudad capital, acompañado de la dirigente gremial Vilma Ripoll.

El crecimiento del FIT ha sido poco pero sostenido en los últimos tres comicios, ha logrado aumentar en un diputado su bancada parlamentaria, sin poder alcanzar triunfos en puestos ejecutivos. Por ahora hay escasas posibilidades que pueda canalizar el caudal de votantes que le den entrada en el balotaje, y tampoco se siente que pueda captar votantes descontentos del peronismo, si estos se manifiestan lo harán más posiblemente por medio del abstencionismo o el voto en blanco. Sin embargo, el FIT posee un fuerte trabajo en el norte del país, fundamentalmente en la provincia de Jujuy donde están cerca de convertirse en la segunda fuerza y donde obtuvieron ese diputado más en las pasadas elecciones legislativas de medio término. Para finalizar quiero reivindicar la lucha del pueblo jujeño, donde se mostró perseverancia y arrojo por lograr los objetivos planteados. La crisis que estalló en enfrentamientos contra la ofensiva represiva del gobernador Morales tuvo su origen en el reclamo salarial de las y los docentes y dio visibilidad (aun en pleno quilombo del cierre de acuerdos de las fórmulas para las PASO) al reclamo de las comunidades originarias contra el extractivismo que afecta a la región y la quita de derechos que venía de la mano de la reforma de la constitución provincial, reforma que curiosamente fue aprobada por legisladores pertenecientes al frente justicialista, espacio peronista de Jujuy y heredero del duhaldismo. Por los medios de comunicación hegemónicos se presentó un conflicto entre el kirchnerismo y el gobierno provincial pero la realidad cuenta otra cosa, se trata de organizaciones con autonomía de las corrientes polarizadas y es incluso la izquierda socialista quien tiene mayor influencia en sus expresiones gremiales y de pueblos originarios. El proceso de acumulación al seno de las clases oprimidas argentinas tiene ahora otro referente en la lucha del pueblo de Jujuy.