NOTAS DISPERSAS DE NUESTRA CIENCIA.

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Descifrando en Rojo y Negro • Doctrina e Ideología

Notas dispersas para nuestra ciencia

Por: Miguel Ernesto Salazar 28 de Mayo, 2026

«Desarmar la IA significa sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva. Es la carrera por el algoritmo más eficaz y por el banco de datos más amplio, para consolidar una ventaja geopolítica o comercial sobre todos los demás.»

— Carta Encíclica Magnifica Humanitas, León XIV (2026)

“Al proponeros la división de los Ciudadanos en activos y pasivos, he pretendido excitar la prosperidad nacional por las dos más grandes palancas de la industria, el trabajo y el saber. Estimulando estos dos poderosos resortes de la sociedad, se alcanza lo más difícil entre los hombres, hacerlos honrados y felices.”

— El Libertador Simón Bolívar, Discurso de Angostura (1819)

1. La ciencia de nuestra nación se encuentra hoy ante una elección decisiva, entregarse a los esquemas individuales del paradigma tecnocrático ajenos a la república o edificar un saber soberano donde la comunidad y el conocimiento habiten juntos, que significa la continuidad del proyecto bolivariano. Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo, haciendo madurar el devenir histórico como un espacio donde se proteja la dignidad de cada persona, se promuevan los saberes populares y se haga posible la felicidad social. Pero en cada día desde el 6 de diciembre de 1998, se cierne el riesgo de que nos impongan desde afuera un modelo deshumanizado y profundamente injusto. Allí donde el pueblo corre el peligro de perder su soberanía cognitiva, debe alzar la mirada hacia el trabajo colectivo, sabiendo que el misterio del desarrollo nacional sólo se esclarece cuando se piensa desde la ciencia articulada con la gente, pues es el pueblo organizado quien hace posibles las cosas.

2. Nuestro proyecto está hecho sobre cimentados de principios patrióticos y en la fuerza de nuestra historia; experimentamos la urgencia de interpretar el tiempo que nos toca vivir, de manera especial después de la intervención militar de los Estados Unidos y el secuestro del presidente Constitucional Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, diputada electa, durante aquel fatídico 3 de enero. En esta fase inédita y extraordinariamente difícil, nos corresponde navegar en medio de la tormenta sin perder la brújula, asumiendo con lucidez y responsabilidad los retos de un momento de especial incertidumbre. La unidad nacional de todos los sectores patriotas del país es indispensable para identificar nuevos caminos hacia el bien común. En este esfuerzo, el Congreso Anfictiónico de Panamá del 21 de junio se presenta ante nosotros como un referente luminoso: allí hay un patrimonio de unión y estrategia que nos interpela y nos acompaña en la experiencia presente; un punto de continuidad de la Revolución para la resistencia nacional con proyección continental.

3. Si en el pasado la dominación se ejercía principalmente por medios tangibles, hoy nos encontramos ante una situación nueva donde la guerra se libra en lo intangible y el objetivo central es la conciencia. Las tecnologías emergentes y la Inteligencia Artificial (IA) en manos de quien domina con la fuerza y aniquila la vida, amenazan con suprimir nuestros cimientos como nación, desapareciendo la percepción real de las cosas para imponer la realidad que el poderoso construye. Ante este paradigma, el plan nacional de ciencia nos plantea una pregunta disruptiva y apremiante: ¿cómo desarmar la IA? Desarmar estos sistemas significa sustraerlos a la lógica del control social y de la mercantilización cognitiva —«sustraerla a la lógica de la competencia armamentística, que hoy ya no es sólo militar sino económica y cognitiva», como bien señala la encíclica del Papa León XIV— e implica desmitificarlos, hacerlos discutibles y subordinarlos al saber popular, de modo que la técnica deje de ser una herramienta de sometimiento y se convierta en un instrumento habitable que respete la cosmovisión y la libertad de nuestro pueblo. Desarmar la IA significa colocar, como escudo protector de la dignidad conquistada, el algoritmo comunal.

4. El camino a través del cual la ciencia nacional ha ido tomando forma responde a un proceso paciente y coherente, tanto en lo teórico como en la práctica. El Comandante Hugo Chávez creó los elementos filosóficos fundamentales para orientar la ciencia en el país, sembrando una visión que vincula indisolublemente el conocimiento con la liberación popular. En continuidad con esta tradición viva, el presidente Nicolás Maduro ha materializado esta filosofía con la creación de más de diez nuevos centros de investigación. Estos espacios no nacen de la abstracción ni de proyectos de escritorio, sino de la necesidad de abordar los «nuevos asuntos» de nuestra realidad económica y social a la luz del pensamiento bolivariano, demostrando que el estudio y el trabajo desvinculados de la realidad de hoy carecen por completo de sentido. De allí la máxima: que florezcan cien Escuelas Técnicas como flores en la pradera.

Territorialización y Sentimiento Nacional de Ciencia

5. El gran desafío estratégico de nuestra época consiste en territorializar la ciencia, haciendo que el plan nacional encarne y dé frutos en cada rincón del país, desde el conuco y la escuela hasta la fábrica. Esto exige un reordenamiento del Estado que encuentre en cada venezolano su puesto en el hacer, superando las estructuras centralizadas. Territorializar significa lograr que los gobernantes locales, gobernadores y alcaldes (como el del Estado La Guaira), asuman el semillero científico como parte esencial e irrenunciable de su programa de gobierno. La meta es clara: ¿cómo lograr centros didácticos en cada territorio? Ello requiere activar las energías creativas de las comunidades y constituir espacios de aprendizaje cercanos a la gente, transformando la diversidad regional en una fortaleza compartida para el desarrollo soberano.

6. El trabajo para la ciencia nacional debe tener como fundamento un principio patriótico ineludible. No nos guía la búsqueda del lucro individual ni la eficiencia deshumanizante, sino el florecimiento de un sentimiento nacional de ciencia, de saberes y de un ecosistema de saberes populares que abarque desde el niño curioso hasta el abuelo prudente y sabio. Este modelo se fundamenta en el reconocimiento de los conocimientos de nuestro pueblo, validando la sabiduría ancestral y la creatividad colectiva frente a la imposición de visiones imperiales. Cuando la planificación estratégica para la ciencia se asume desde esta cosmovisión mestiza, antiimperialista e integracionista, el saber se convierte en un bien común indisolublemente ligado a la soberanía, la resistencia y la paz.

7. El desarrollo humano e integral de la nación exige una alianza educativa renovada y adaptada a las transiciones técnicas. Un triunfo real en este campo es la formación de jóvenes en distintas disciplinas de la ciencia, tal como ocurre hoy a través de la Universidad Nacional de la Ciencia, cuya existencia es indispensable para garantizar la continuidad del pensamiento bolivariano. Este fomento se potencia mediante el encuentro directo con las Escuelas Técnicas Industriales a través de programas como el de Pequeños Ingenieros, orientados a despertar la curiosidad y el amor por el conocimiento desde la infancia. Para consolidar esta obra, la tarea primordial es enamorar al maestro, dignificar su rol y especializarse en los conocimientos técnicos que el país necesita con urgencia para romper las cadenas de la dependencia tecnológica.

8. El 3 de enero representa el acumulado de 25 años de forcejeo incesante entre dos visiones contrapuestas del mundo: nuestra visión mestiza, colectiva e integracionista, frente a la visión anglosajona-protestante, imperialista e individualista. Es la contradicción fundamental en toda su dimensión: imperialismo-independencia. Este choque histórico nos ha colocado en una situación inédita y en una profunda tragadera de arena sin un vaso de agua cerca. Sin embargo, el desafío político y moral del momento consiste en saber cómo convertimos la fragilidad y la incertidumbre en nuestra gran fortaleza para encontrar la ruta de salida a un proyecto que exponga lo mejor de la humanidad: el Socialismo. La respuesta ante el agotamiento temporal de fuerzas radica en ir al estudio y mantener una estricta coherencia de la idea, del pensamiento, de la palabra y del saber. En 26 años de vida revolucionaria, la ciencia —la nuestra, no cualquiera— es la que debe iluminar nuestro camino de liberación nacional.

9. Frente a las dinámicas de fragmentación que intenta imponer el enemigo, nos planteamos una interrogante fundamental: ¿es el Plan de Ciencia un factor de unidad que aglutine al colectivo nacional? En el seno de la reflexión del país y del mundo que tenemos hoy, el Plan Nacional de Ciencias, Tecnologías y Cultura de Innovación (PNCTI) debe serlo necesariamente. El Plan no puede reducirse a un manual técnico; debe constituirse en el gran eje político y social que unifique las fuerzas productivas, intelectuales y populares de la nación. Al articular las necesidades reales con la investigación, el PNCTI nos ayuda a construir en el hoy hechos de futuro para nuestra patria, trazando un horizonte común de soberanía tecnológica e independencia cognitiva. Un Plan ajustado al momento inédito que nos ha tocado vivir.

10. Navegar este pedazo de la historia y edificar el futuro que estamos construyendo exige una dirección clara y un método riguroso frente a la adversidad. Para orientar las decisiones colectivas en momentos de crisis, asumimos conscientemente tres premisas estables para la actuación, tal como lo ha planteado el camarada Wilmar Castro Soteldo: Mantener la calma para evitar las reacciones impulsivas y las euforias artificiales impuestas por los relatos mediáticos; Analizar la situación, explorando con detalle milimétrico la realidad con espíritu crítico, estudiando los intereses en juego y midiendo las fuerzas propias y ajenas; y ejecutando con perseverancia las decisiones adoptadas, vinculando siempre el estudio y el trabajo con la transformación concreta de la sociedad. “Nervios de acero, calma y cordura, máxima movilización”, es la orden que nos ha dejado Nicolás Maduro para enfrentar el devenir. “Mover la nación con el trabajo y el saber”, la máxima de Simón Bolívar. Ambas cimentan la idea de Chávez hoy: “Ana karina rote, de ahí venimos nosotros, de la resistencia aborigen, de la resistencia india, de la resistencia negra, de los explotados, de los dominados; siempre ha sido larga la batalla”. Mover la nación a través del trabajo y el saber es la única vía real para generar hombres y mujeres honrados, libres y felices, capaces de consolidar el destino compartido de la patria y asegurar la paz de la nación sobre cimientos verdaderamente soberanos.

Nota marginal: Al escribir estas notas, los colombianos y colombianas en el país están ejerciendo su derecho al voto para elegir al próximo presidente colombiano. Aunque la votación en Venezuela sigue el comportamiento de otras en el pasado inclinándose a los proyectos de derecha, estamos seguros que este próximo 31 de mayo, el pueblo colombiano elegirá alternativas de cambio. ¡Que rime y que se pueda! Iván Cepeda en primera vuelta. Bolívar aún tiene que hacer en este continente.

COLUMNA «DESCIFRANDO EN ROJO Y NEGRO» • SERVIRALPUEBLO.ORG

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.