Occidente destila azufre ¡Salvemos Palestina! ¡Salvemos al Mundo!

على هذه الأرض ما يستحق العيش

Fragmento de poema palestino

Fue Samuel Huntington quien a través de su teoría del choque de civilizaciones dijo que el Imperio necesita de hipótesis de conflicto, o sea que la moral se moldeara a los deseos del complejo militar industrial y del gran capital. Se impusieron unas reglas de juego por Occidente que nadie conoce, pero a la que una parte del mundo se subordina y la otra parte, las padece, al infringir uno de los ítems del manual. Reglas impuestas después de la Segunda Guerra Mundial para preservar el naciente poder hegemónico de Occidente con los Estados Unidos al frente y que “coincidían” con la “resolución 181 de la ONU (II), de 1947”, iniciando la larga ocupación de las fuerzas militares de Israel sobre Palestina.

Señalaba Huntington, entre otras cosas, la máxima, “Occidente contra los demás”, “La misma frase «comunidad mundial» se ha convertido en un eufemismo colectivo – que sustituye a «Mundo Libre»– para dar legitimidad mundial a medidas que reflejan los intereses de Estados Unidos y otras potencias occidentales. Los dirigentes occidentales afirman casi de la misma manera que actúan en nombre de «la comunidad mundial». Los israelíes, su ejército y su aviación militar lanzan bombas de fósforo sobre los habitantes de Gaza y bombardean hospitales para proteger a la “Comunidad Mundial” del “terrorismo”, ante la mirada cómplice del conjunto de organismos multilaterales como la ONU (subordinada a los intereses de occidente y bajo el “liderazgo” de los Estados Unidos). Para muestra un botón, la última propuesta de resolución por parte de Rusia interpuesta ante el Consejo de Seguridad de Nacionales Unidas, que solicitaba el “alto al fuego humanitario e inmediato” en la Franja de Gaza, era rechazado por los Estados Unidos y sus aliados; a favor, China, Gabón, Mozambique, Rusia y Emiratos Árabes. En contra, Francia, Japón, Reino Unido y EE.UU. Y la abstención de Brasil, Ecuador, Ghana, Malta, Suiza y Albania. No hay mayor sorpresa, la segunda propuesta de proyecto de resolución introducida nuevamente por Rusia pero esta vez con el acompañamiento de Emiratos Árabe Unidos, tendrá la misma suerte.

Todo esto ocurre bajo el relato occidental de la lucha del bien contra el mal, esculpido desde las grandes corporaciones mediáticas, bajo la línea editorial de la CIA y el Pentágono. Nos quieren vender, el riesgo que enfrenta la democracia en Israel, por ende, sobre las democracias del mundo occidental, a manos del “terrorismo islámico”, en una lucha justa de “terroristas” contra “ciudadanos”. En Venezuela sabemos algo al respecto de esto, no olvidemos aquello de las “hordas chavistas” contra la “sociedad civil”. Es la reconstrucción de las Cruzadas por parte de Occidente en una era globalizada, el predominio de valores y creencias de un mundo sobre otro. La “lucha espiritual del bien contra el mal”, no es un puro relato inocente, es la fuerza que mueven al conjunto de reglas impuestas por Occidente. En una entrevista a la cadena estatal china CCTV, el presidente de Rusia, Wladimir Putin, señalaba: «¿Han visto alguna vez estas reglas? No, porque nadie las ha escrito jamás, y nadie las ha acordado jamás con nadie. ¿Cómo podemos hablar de orden basado en reglas que nadie ha visto?», continuó el presidente. «Si nadie ha visto estas reglas, significa que quienes hablan de esto las elaboran caso por caso de manera que se adapten a sus propios intereses. Esta es la esencia del enfoque colonial».

Esta nueva visión del mundo, por parte de quienes se niegan a ver la realidad multipolar en la que está gravitando la humanidad, impone un nuevo colonialismo, para el cual se emplean diversas formas o vías de dominación que posibiliten su posicionamiento a escala planetaria. No es casual que los Estados Unidos mantengan o impulsen nuevos conflictos en sus diversos frentes a través de sus Comandos Operacionales. Quien infrinja las reglas está expuesto al ojo escrutador de Occidente y corre el riesgo de ser reducido a escombros.

“Estamos hablando de un grupo terrorista que ve el mundo de forma dicotómica. Están los buenos y los malos, están los hijos de la luz y los hijos de la oscuridad. Cuando alguien ve el mundo así no tienen la capacidad de respetar la existencia del otro y suceden este tipo de situaciones”, Roni Kaplan, portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel, ejemplifica muy bien lo que el mundo occidental, que no supera el 20% de la humanidad, quiere vender a sangre y fuego al resto del 80% de los habitantes del planeta. Israel se nos presenta entonces como los nuevos caballeros templarios, “hijos de la luz” que enfrentan al mal para proteger la peregrinación de Occidente hacia un estado de democracia y de libertades en tierra santa.  

En su afán por preservar el mundo unipolar (un mundo cada vez más difuso), de librar a la humanidad del mal, estas fuerzas se reagrupan. En marzo de este año, Joe Biden encabezó la “Cumbre por la Democracia”: “Ante los continuos y alarmantes desafíos a la democracia, los derechos humanos universales y… en todo el mundo, la democracia necesita defensores (…) Y como comunidad global para la democracia, tenemos que defender los valores que nos unen.”. Solo por citar uno de estos cónclaves donde se arman planes globales y se recuerdan las reglas establecidas.

Insistimos, no se trata de un discurso aislado en mano de quienes defienden la fulana tierra prometida, en su anhelo por “cambiar Oriente Próximo». El relato del bien contra el mal, supera las fronteras, es común en el establishment conservador que está en una permanente ofensiva por preservar su modo de vida. “Democracia y libertad”, son los elementos de fuerza que sustentan el relato. Desde Milei en Argentina, María Corina Machado en Venezuela, Jair Bolsonaro en Brasil, Santiago Abascal en España, solo para citar algunos de los dirigentes ultraconservadores en “Iberoamérica”.  “Hay gente de bien y de mal”, nos dicen, con motosierra en mano o con bombas que no discriminan al combatiente del resto de la población civil.

Recordemos, La Ley del Estado – Nación aprobada por el parlamento de Israel en 2018, que define al “Estado Nación del pueblo Judío”, estableciendo que la capital de Israel es “Jerusalén completa y unida”, todo bajo el mandato divino y que además establece entre sus “principios básicos” que “El pueblo judío tiene un derecho exclusivo e inalienable sobre todas las partes de la Tierra de Israel. El Gobierno promoverá y desarrollará la colonización de todas las partes de la Tierra de Israel: en Galilea, el Néguev, el Golán, Judea y Samaria”. Viene bien la frase de otro filósofo, Slavoj Zizek, invirtiendo una frase de Dostyevski ante la barbarie humana: “Si Dios existe, entonces todo está permitido”. La guerra, la devastación de la Franja de Gaza, la aniquilación del pueblo palestino, su confinamiento a guetos, el uso de las bombas de fósforo, bombardeo de hospitales, de familias enteras y todo empleo de mecanismo que permitan defender la tierra prometida, en la lucha del bien contra el mal. 

Pero qué es el colonialismo, si no el derecho divino que asiste al conquistador, al que ocupa un territorio y establece el dominio de su cultural, moral y valores sobre el resto. Qué es la ocupación de Israel de las tierras palestinas, sino el mandato del derecho divino. La expansión de la “civilización”, del progreso técnico y social de Occidente, que en la actualidad adquiere una nueva dimensión, el neocolonialismo, un concepto propio del avance conservador en el mundo. Para neocolonizar, que mejor hacerlo que sobre la tierra arrasada. Es una historia que se repite, ayer fue América, África, el Indo – Pacifico y hoy, es Palestina.

Basta con recordar lo dicho por el Rey Felipe VI de España ante los puertorriqueños en un acto con motivo de los 500 años de la fundación de San José de Puerto Rico para entender a lo que nos estamos refiriendo: “La conquista española impulsó construcciones y edificaciones que hoy, más de 500 años después, siguen albergando instituciones públicas».

Como expresaría un puertorriqueño ante la intervención del monarca: “Felipe habló como si en el trascurso de 500 años desde la fundación de San José no hubiera habido otras interpretaciones de la historia, más allá de la oficial”.

Ante el genocidio contra el pueblo de Palestina, se impone una nueva cultura de la paz entre las naciones y pueblos del mundo que construyen un planeta multicolor en defensa de los principios del Derecho Internacional. Recordando las palabras del Comandante Fidel Castro ante la Cumbre de Países No Alineados: “No somos simples espectadores. Este mundo es también nuestro mundo. Nadie puede sustituir nuestra acción unida, nadie tomará la palabra por nosotros. Solo nosotros, y solo unidos, podemos rechazar el injusto orden político y económico mundial que se pretende imponer a nuestros pueblos”. América Latina y el Caribe no pueden ser simples espectadores. Reivindicar a la región como una zona de paz (II Cumbre de la CELAC La Habana, Cuba, el 28 y 29 de enero de 2014), que sea capaz de ofrecerse como un espacio para que la búsqueda de una solución política al conflicto entre Israel y Palestina que pasa necesariamente, por hacerle justicia al pueblo palestino. Urge la convocatoria de una Cumbre Extraordinaria de la CELAC para tratar el tema palestino, cuyo epicentro pudiese ser Colombia. Paz Total debe ser una visión regional que sirva de faro para iluminar el resto del mundo. El Diálogo entre el Estado colombiano con la Insurgencia o los acuerdos firmados en Barbados entre el Gobierno venezolano y sectores de la oposición, son acciones que invitan a repensar el mundo, la voluntad de resistencia del pueblo palestino no es un crimen, sino el más profundo amor por su tierra.

Desde América Latina y el Caribe debe alzarse las banderas por la reconstrucción de la ONU. Implosionar las estructuras del organismo multilateral es una cuestión de sobrevivencia de la especie humana. Exorcizar el seno de la ONU, su Consejo de Derechos Humanos es inoperante, es la esperanza para la paz mundial. En este contexto, una Cumbre de la CELAC sobre Palestina debería considerar que los países que la conformen, abandonen dicho Consejo y todas aquellas misiones de observación y ONG consultivas. La ONU sigue en manos del diablo, sigue destilando azufre en cada pasillo, que la palabra del Comandante Chávez no se pierda entre la desesperanza, “Hagamos todo lo que podamos, (…) para que esta hora difícil que vivimos, se transforme en la hora de los pueblos, en la hora de la justicia, único camino a la paz verdadera. Repito como terminé diciendo hace un año: salvemos al mundo”.

Con Palestina nos quieren imponer la verdad oficial. Pero hay otra verdad que se niega a claudicar a la barbarie humana, las voces que mantienen la resistencia y la esperanza por la vida en alto:

Cuando tengamos sed, “…exprimiremos las piedras. Comeremos tierra cuando tengamos hambre. Pero no nos vamos ni escatimamos como avaros nuestra sangre fragante. Aquí tenemos un pasado, un presente, un futuro. Aquí permaneceremos.”

Tawfiq Zayyad

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.