“La batalla de Ayacucho es la obra cumbre de la gloria americana y la obra del General Sucre (…) Ayacucho es la desaparición de nuestros enemigos y la envidia de los americanos. Ayacucho, semejante a Waterloo, que decidió el destino de Europa, ha fijado la suerte de las naciones americanas. Las generaciones venideras esperan la victoria de Ayacucho para bendecirla y contemplarla, sentada en el trono de la libertad, dictando a los americanos el ejercicio de sus derechos, y el imperio sagrado de la naturaleza”.
Libertador Simón Bolívar – Resumen sucinto de la vida del general Sucre, Lima 1825.
“Los venezolanos y venezolanas debatieron “y hubo razones para postular al hermano presidente Nicolás Maduro, porque ha derrotado la oligarquía, no una vez, sino muchas veces, dándole ejemplo a nuestro pueblo. Yo sé que en sus manos no se perderá la Patria, sé que en sus manos no se perderá la Revolución. Por el contrario, cada día iremos por más. El futuro es de la Revolución Bolivariana, con Nicolás Maduro Nosotros Venceremos!!”, fueron las palabras del primer vicepresidente del PSUV, Diosdado Cabello para presentar la candidatura del Presidente de la Republica Bolivariana de Venezuela, Nicolás Maduro, en la era Bicentenaria.
El 5 de julio de 1811, la firma del Acta de la Independencia de Venezuela, llevó a las naciones bajo el coloniaje español desde la Alta California hasta el Estrecho de Magallanes a insurgir en un largo y heróico camino por la emancipación, una nueva época atravesaría al continente americano sellada a más de 4 mil metros de altura, en las montañas de los Andes. Ayacucho, un 9 de diciembre de 1824, el colonialismo español quedaba sepultado.
Doscientos años después, la proclamación de Nicolás Maduro en el Poliedro de Caracas como candidato del chavismo, nos devuelve nuevamente a Ayacucho.
Desde el mismo día en que el Comandante Chávez decidió cabalgar la senda electoral, cada elección es un punto de inflexión en el Proyecto Bolivariano y este 28 de julio no será diferente, nos jugamos a Rosalinda. Se antepone nuevamente el proyecto nacional, independentista, la soberanía al imperio de nuestros tiempos.
Un pasaje del español, el navarro, Fermín Goñi, en su novela de personajes, de paisajes y de sentimientos, “Un día de guerra en Ayacucho”, da cuenta de la grandeza de Ayacucho alrededor de la vida de Antonio José de Sucre y del día a día de una pareja de patriotas (Flora Barrios y Felipe Reyes), el autor hace referencia a un episodio en el que el Libertador Simón Bolívar arenga a la tropa con el “Centinela en Campaña”, en mano, (un manuscrito de la época con el lema “Los soldados de la libertad no preguntan, cuántos son, sino ¿dónde están los enemigos?”), empujaba a los soldados a vencer las dificultades en procura de la victoria: “¡Soldados! Van a completar la obra más grande que el cielo ha encomendado a los hombres: la de salvar al mundo entero de la esclavitud. ¡Soldados! Los enemigos que van a destruir se jactan de 14 años de triunfos. Ellos, pues, serán dignos de medir sus armas con las de ustedes, que han brillado en mil combates. ¡Soldados! El Perú y la América toda guardan de ustedes la paz, hija de la victoria, y aun en la Europa liberal les contempla con encanto porque la libertad del Nuevo Mundo es la esperanza del universo. ¿La Burlaran? No, no. ¡Ustedes son invencibles!”.
La invencibilidad de las fuerzas bolivarianas no se decreta, tal como en Ayacucho esta se consiguió, con sacrificio, lucha y sangre; hoy, solo será producto de nuestra propia capacidad para estar a la altura del momento histórico que demanda el país. Las elecciones parlamentarias del 2015 nos indicaron la vulnerabilidad de las fuerzas Bolivarianas cuando no son acompañadas por la mayoría de la voluntad popular.
Hoy pareciera que el Chavismo no tuviese mayor enemigo que su propias disputas internas; el gobernador que no quiere al alcalde del municipio cabecera de capital de estado, el jefe de calle que responde a un factor de poder local del partido y no al resto de la militancia, el burócrata que con sus tiempos administrativos pierde la sensibilidad y el tino de la realidad o el concejal o diputado que se activa ante sus electores solo en tiempos de campaña.
En el 2003, cerca del Poliedro de Caracas, en las instalaciones del Hipódromo de La Rinconada, el Comandante Chávez juramentaba el Comando Ayacucho, “¡sólo unidos nosotros podremos derrotar las amenazas que siguen cerniéndose sobre la República Bolivariana, sobre el pueblo venezolano y sobre el proyecto revolucionario…!”. Invocando a Ayacucho, nuevamente, “La Unidad, Unidad!”, sería el elemento fundamental que sostendría la victoria. Sobre el ovalo de La Rinconada el juramento aquel de Bolívar en el Monte Sacro, ese que ha estado en innumerables batallas en la Venezuela que abraza al siglo XXI daba fe de la fuerza que habría de enfrentarse nuevamente con el imperio de hoy:
“Juro por el Dios de mis padres/Juro por ellos…/Juro por mi honor…/Y juro por mi Patria…/Que no daré descanso a mi brazo…/ Ni reposo a mi alma…/Hasta que hayamos roto definitivamente…/Las cadenas que oprimen a nuestro pueblo…/Por voluntad de los poderosos de siempre…/Tierras y hombres libres…/ Elección popular…/Horror a la oligarquía…/ Y juro igualmente…/ Que a partir de hoy…/ Me incorporo plenamente…/A la Fuerza Electoral Ayacucho…/Para conducir a mi pueblo…/A una nueva batalla…/Y a una nueva victoria…/Contra las fuerzas contrarrevolucionarias…/ Y seguir abriendo el camino…/Hacia la Patria…/De Bolívar…/Hacia la batalla…/ Y hacia la victoria…/Necesario es vencer…/ No podemos optar entre vencer o morir…/Nosotros…/Venceremos…/Lo juro…”.
Recientemente, desde el Zulia, Diosdado Cabello, nuevamente hacia énfasis, el llamado “a la unidad de las fuerzas revolucionarias” y en otra ocasión alertaba sobre la necesidad de “mantener la unidad, a fin de evitar que la aspiración de la oposición de dividir al chavismo (…) ese espíritu unitario es necesario, si no la derecha nos desplaza”. Divide y vencerás reza la máxima de Maquiavelo. Ya nos han querido arrastrar con aquello del “madurismo”, con la único objetivo de alejar al Chavismo de Nicolás Maduro, no solo es la oposición pescando en río revuelto, también son aquellos sectores que coquetean con la derecha y que se abrogan para sí el relevo de Hugo Chávez.
A la oposición venezolana, esa teledirigida desde el Norte, solo le va quedando su camino trillado de siempre: su plan “Hasta El Final”; “son las marchas”, “son las guarimbas”, “son las calles bloqueadas”, “hasta el final es una declaración de lucha”.
El 10 de diciembre de 1824, Antonio José de Sucre, dirigía al Libertador Simón Bolívar una carta, en la cual colocaba sus observaciones al Acta de Capitulación de las fuerzas realistas, pactada y firmada un día antes en el campo de batalla: “El tratado que tengo la honra de elevar a manos de V. E. firmado sobre el campo de batalla en que la sangre del Ejército Libertador aseguró la independencia del Perú, es la garantía de la paz de esta República, y el más brillante resultado de la victoria de Ayacucho”.
La Victoria de Nicolás Maduro será la garantía de paz no solo para Venezuela sino para la región en su conjunto. Seguro estamos que el fervor Bolivariano y Chavista hará capitular a las fuerzas que el Imperio de hoy, financia y manda, en su afán por aniquilar los sueños y esperanzas de los herederos de Ayacucho.
¡Oigan oligarcas, oigan apellidos, el pueblo unido, jamás será vencido!
EL 28 DE JULIO… AYACUCHO.
