El Nobel de la Paz como arma, el cambalache que premia la guerra.

Como presagió Discépolo desde el barrio porteño de Balvanera en su tango visionario, el mundo sigue siendo un cambalache donde lo noble y lo vil se confunden. Nunca su letra ha sido más actual que ahora, cuando el Comité del Nobel de la Paz decide galardonar a un pitiyanqui, cuyo historial está marcado por llamados explícitos a la intervención militar extranjera contra su propia patria.

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