​»Salva a mi hermano primero»

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Descifrando en Rojo y Negro • Formación e Ideología

“Salva a mi hermano primero”

Por Miguel Ernesto Salazar • Junio, 2026
En memoria de las víctimas del doble terremoto del 24 de junio y de todos aquellos que atesoran la vida y la solidaridad plena.

«Los terremotos en Venezuela fueron de una magnitud de 7.2 y 7.5, en cambio la manipulación de los medios y la oposición, ya va superando una magnitud de 7.9…».

— Roberto Malaver. 29 de junio de 2026.

«Tenemos que agradecer la respuesta solidaria e inmediata de pueblos y gobiernos del mundo para apoyar a nuestra Patria. Es tiempo de unión y acción solidaria, organizada y eficaz, para seguir salvando vidas, acompañar a los que sufren y prepararnos para la reconstrucción de las zonas destruidas. Cada rescatista, médico, bombero, funcionario, voluntario, soldado, policía, vecino y pueblo amigo que ayuda está sembrando vida en medio del dolor.»

— Presidente Constitucional Nicolás Maduro Moros. 28 de junio de 2026.

Al escribir esta nota con un nudo en la garganta, entre la impotencia y la tristeza, doy vueltas al texto buscando palabras que tengan sentido, sin estropear más el alma ante el dolor de las miles de víctimas que ha dejado este doble terremoto de magnitudes 7.1 y 7.5.

Dos amigos, desde realidades distintas, ponen en contexto estas líneas. Por un lado, Alexis Jiménez, un militante eterno que perdió su vivienda en La Guaira; para él, sobrevivir no ha sido un descanso, sino la convicción de apoyar a quienes aún luchan entre los escombros. Por el otro, el amigo Goyo, quien desde su trinchera escribía en estos días: «Hemos sufrido no dos, sino tres terremotos: dos telúricos el 24 de junio, y el político del 3 de enero. Como no hay terremoto sin réplicas, las que generan estos tres se entrecruzan, nos enredan la existencia y nos nublan las entendederas, porque sus consecuencias son tanto físicas y materiales como subjetivas e inmateriales. En este enredo estamos».

Entre tanto registro audiovisual y escrito sobre la tragedia, un video da origen a esta nota: el heroísmo de una niña de 11 años, atrapada bajo las estructuras colapsadas junto a su madre y su hermano de 10 (Moisés). A costa de su propia vida, logró salvar la de él. Su último aliento fue un mandato: “Saca a mi hermano primero”.

Tesis Ideológica • El Verdadero Heroísmo

Históricamente, la épica nos ha enseñado que el héroe es el que vence, sobrevive o destruye al enemigo. Por décadas nos vendieron a Superman y a otros seres de ficción como los paladines de la justicia y del futuro. Al sucumbir a ese estereotipo, obviamos lo que está a nuestro lado, el verdadero heroísmo se sitúa en el cuidado del otro. No es esperar a que el mundo cambie en el futuro; es transformar el destino de un ser humano en el único segundo que te queda. Ese instante no es una derrota; es la victoria absoluta de la dignidad sobre el instinto ciego de supervivencia.

Los héroes genuinos tienen rostros, como los integrantes del equipo USAR COL-1 del Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres de Colombia, los integrantes de Protección Civil, Policía Nacional Bolivariana, FANB, integrantes de los grupos de rescate de Venezuela e internacionales que junto a miles de voluntarios sin descanso salvan las vidas de los Moisés o han recuperado los cuerpos que sucumbieron al desplome de edificios como las Danielas que encontraron siempre en el rostro de sus padres, la esperanza en abrazar cada alma.

La refundación comunal contra el egoísmo

En un mundo que constantemente nos empuja a la competencia, al sálvate tú solo y al consumo individual —sumado a la acción de una oposición que solo mira sus propios intereses—, la frase de esa niña es un acto de sabotaje y resistencia contra el egoísmo. Decir «saca primero a mi hermano» es refundar la comunidad en el peor escenario posible. Es la certeza de que nadie se salva solo y de que la vida colectiva es el valor supremo. Es la Unidad Nacional en su estado más puro y desprendido, dar según la capacidad para cubrir la necesidad del prójimo.

Manifiesto • El Deber de la Esperanza

En el contexto actual de nuestro país, golpeado por el sismo político del 3 de enero, estos dos terremotos simultáneos del 24 de junio y el peso intacto de las sanciones de los Estados Unidos y la Unión Europea, la esperanza suele ser asediada por el escepticismo o el desgaste. Sin embargo, este mandato nos la devuelve en su estado más puro y real: la solidaridad popular. Es el apoyo mutuo en la dificultad, el «oficio» de resolver juntos cuando la realidad se pone dura.

La esperanza es un derecho elemental, pero también un deber en tiempos difíciles. No se trata de una fe ciega, sino de la certeza de que cada ser humano, en su cotidianidad, guarda una reserva inquebrantable de dignidad. Esta fe absoluta en los «oficios del hombre», en los postergados, se teje en lo sencillo. Es la convicción de que la realidad, al igual que la poesía, tiene el poder de encenderse para fundar un orden mucho más justo, digno y noble.

Nuestra esperanza —esa que defiende el venezolano palmo a palmo— se ha convertido en una fuerza volcánica y presente. No es una espera pasiva ni un consuelo para el mañana; es la trinchera y el fuego con los que se defiende la vida en el presente. Mientras quede un gramo de solidaridad sobre los escombros del dolor y una voz dispuesta a guiar por la vida al prójimo, el porvenir nos seguirá perteneciendo.

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Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.