El guion de Washington.

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Por Miguel Ernesto Salazar

“Pero recuerda, nadie es perfecto y tú lo verás. Más de mil cosas mejores tendrás, pero cariño sincero jamás. Vete olvidando de esto que hoy dejas y que cambiarás por la aventura que tú ya verás. Será tu cárcel y nunca saldrás”.
— Marco Antonio Solís con Los Bukis. Tu cárcel (1986).

“Estamos en la época en la que ver un partido de fútbol completo de 90 minutos a la juventud le da ladilla, donde tienen que ponerle un reloj a un juego de béisbol para que dure menos de lo que históricamente dura. Tenemos que encontrar nuevas formas de comunicación y llegada”.
— Manuel Acosta. 26 de octubre de 2026.

¿ Qué es un guion? El español Antonio Sánchez-Escalonilla, catedrático de Estética y Teoría de las Artes, define el guion literario de la siguiente manera: “Un guion literario solo son 120 páginas. Es frágil, no está determinado y siempre está sujeto a las modificaciones que imponga la realización. Es una primera narración de la historia que aguarda a la segunda y definitiva narración del director”.

Desde el punto de vista mercantilista, el guion es un proyecto comercial donde la viabilidad y la rentabilidad económica prevalecen sobre los aspectos artísticos. Funciona como base para calcular costes y prever su éxito en el mercado, o bien surge como un encargo a medida para satisfacer unas necesidades de la audiencia previamente estudiadas.

Esta misma lógica corporativa, donde el financiamiento dicta el curso de la historia por encima de las necesidades reales, es la que parece haberse trasladado al tablero político. Cuando la política deja de ser un instrumento de genuina transformación social y se diseña como una franquicia patrocinada desde el exterior, el país pasa a ser tratado como un simple mercado rentable.

Es bajo esta premisa comercial que entendemos cómo Venezuela se ha convertido en un gran negocio para algunos sectores de la oposición alineados con Washington y para estos últimos. Para muestra, un botón: ¿recuerdan el Venezuela Aid Live, organizado por Richard Branson, del cual nunca se supo lo recaudado ni la disposición de los recursos? Están los casos ampliamente documentados de Citgo y Monómeros, administrados por el entorno de María Corina Machado y Leopoldo López. Y no dejemos pasar los 364 millones de dólares administrados por Dinorah Figuera con ese parapeto llamado Asamblea Nacional de 2015. “Por la plata baila el mono”, dice el refrán popular.

Los guionistas de Washington y las cartas sobre la mesa

Grandes guionistas han sido protagonistas de exitosos libros, películas o novelas: Quentin Tarantino, Christopher Nolan, Billy Wilder, Gabriel García Márquez, Roberto Gómez Bolaños “Chespirito” y nuestra Delia Fiallo. A este grupo se le suman ahora Marco Rubio y María Corina Machado. Estos dos últimos han logrado construir un guion para Venezuela y Latinoamérica que ha sido financiado por Trump.

Tengamos siempre presente la premisa imperial: “todas las cartas están sobre la mesa”. Los gringos siempre tienen más de un plan en marcha, nunca desestiman uno. Dejar esto latente sin analizarlo es un riesgo. Si nos preguntamos a qué vino realmente MCM dentro de la estrategia de Marco Rubio —que hoy ejecuta el guion del hombre más poderoso de Washington—, debemos entender que su irrupción es solo una de múltiples opciones en la baraja.

El guion estadounidense maneja varios escenarios de manera simultánea. Por un lado, está el plan que quedó evidenciado el 3 de enero, el uso de la fuerza, la decapitación del liderazgo chavista desde la raíz; el paquete del diálogo con la Asamblea de 2015, diseñado para ser la voz de Washington en el Plan de Transición y la forma digerible de vender cualquier cambio.

Por otro lado, tienen la carta de Enrique Márquez, igualmente bautizado por ellos y lanzado estratégicamente bajo los colores azul y rojo, con el objetivo de lograr fragmentar al chavismo en una futura contienda electoral. Y todo ello con el enunciado de voltear la sentencia del TSJ sobre la ausencia forzosa del Presidente de la República, a la luz de la situación excepcional generada por el secuestro de Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cilia Flores. Por cierto, al escribir esta nota ambos cumplirán 300 días de secuestro.

En medio de esto aparece MCM, quien trae consigo a sus agregados de corte fascista instalados previamente en el territorio nacional, no le perdamos la pista al núcleo político-militar de Vente Venezuela, “Los Comanditos” (plenamente operativos). Y a este abanico le quedan dos cartas más, las más extremas: un golpe fascista impuesto por la fuerza o, en última instancia, la presencia física directa de las fuerzas de dominación extranjera. Para ello, el trabajo desde el eje Marriott-Valle Arriba es incansable y de goteo.

Tal como nos aclaraba el catedrático español, lejos de ser definitivo, el guion es un documento abierto que inevitablemente se transformará según las necesidades prácticas de la grabación. Y esto pasó el pasado domingo: la llegada de María Corina Machado a Venezuela y su puesta en escena en la Basílica de Santa Rosa en Barquisimeto, y su posterior avance sobre Caracas con cientos de rosarios colgados al cuello, estaba acompañada del triunfo de Flávio Bolsonaro en Brasil. Pero el triunfo histórico de Lula trastoca el guion. Lula venció a Flávio Bolsonaro (51,8 % frente a 48,2 %). La diferencia fue de 4,4 millones sobre un total de 124 millones de votos, duplicando así la ventaja de 2,1 millones que consiguió contra Jair Bolsonaro en el año 2022.

Ante la ausencia de un liderazgo que aglutine a todos los sectores de la oposición venezolana de cara a una próxima contienda electoral —prevista en el plan de transición de Washington—, a Trump no le ha quedado más que aceptar la línea de Marco Rubio sobre el protagonismo de MCM. Esto sucede a pesar de que la CIA haya dado suficientes argumentos para buscar otras alternativas, conscientes de que el pueblo venezolano le ha pasado factura a los petitorios de intervención militar y sanciones.

Y es que la agencia estadounidense maneja las mismas cuentas que encuestadoras como Hinterlaces: el 93 % de los venezolanos manifiesta estar a favor de que se levanten las sanciones económicas, y ocho de cada diez prefieren que los problemas económicos sean resueltos durante el actual mandato de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez. A esto se suma que el 87 % de los consultados apoya la “Diplomacia de Paz”.

Estos números —de los que Washington, repito, está al tanto— demuestran que la candidata elegida carece de piso político; pero “una cosa piensa el burro y otra el que lo arrea”. Para intentar compensar esa falta de apoyo popular, entra en juego la “rehabilitada” embajada gringa en Caracas. Como ha señalado John M. Barrett, la sede ya tiene a todo su personal laborando —con Cuerpo de Marines y equipos tecnológicos incluidos— para concretar aquel viejo anhelo: articular un frente interno que no solo dispute el poder, sino que simule gobernabilidad.

Pero todo esto puede ser trastocado en tan solo semanas de las elecciones de medio tiempo en Estados Unidos, ante la paliza que sufrirá Trump (día de júbilo en Venezuela) de manos del pueblo estadounidense. Al día de hoy según los reportes de RealClearPolitics, el senado gringo estaría en manos de los demócratas con cuatro senadores más que le darían la mayoría. No afirmamos que el guion será desechado, todo lo contrario. Recuerdo siempre aquellas palabras del gran amigo Néstor González: “malandro se retira disparando”. Trump, ofendido porque los votos no alimentaron su ego, decide que, si él no gana, nadie juega. Lo que puede traducirse en una política exterior de tierra arrasada, la acción bélica hipotética de última hora (sobre Irán por ejemplo) no es una guerra diseñada para ganarse; es simplemente arrojar una granada activa en el escritorio ante una supuesta entrega de las llaves forzadas del Despacho Oval (lo cual no creemos que ocurra pero es un escenario).

El guion propio: Qué hacer frente a este escenario

Frente a este escenario dispuesto, ¿qué hacer? El chavismo debe construir su propio guion. Para ello, las lecciones de la segunda vuelta ganada por Lula, el PT y los movimientos sociales en Brasil deben darnos los elementos necesarios para que en Venezuela se cristalice el milagro de frenar a la élite ultraconservadora liderada por la mayor del clan Machado Parisca.

Reducir todo al “ejército digital” de 10 millones de personas en WhatsApp organizadas por el diputado André Janones es un error, sin que ello presuponga restarle valor al algoritmo político, donde últimamente las campañas tienen un carácter completamente híbrido. Esto significa que la línea divisoria entre el entorno físico y el digital ha desaparecido, fusionando ambos mundos para operar de manera simultánea como un único frente de batalla. Que Lula lograra superar su votación en el 97 % de los municipios en los 27 estados no es un capricho fortuito: fue el resultado del viraje de su campaña con el objetivo de convencer. Y allí el PT brasileño jugó su papel, lo que mejor sabe hacer: buscar el voto casa por casa y generar consensos en actores indecisos, e incluso antagónicos.

No subestimar las fuerzas del adversario es una regla en política, más aún cuando estas fuerzas fueron capaces de sacar de una caja de cereales al fulano Edmundo González y colocarlo de cara al mundo como un presidente supuestamente electo. Por cierto, la presencia de MCM en Venezuela dinamita aquella realidad virtual que simuló una situación que muchos compraron.

No subestimar al enemigo es importante, pero más importante es no subestimar nuestras propias fuerzas y capacidades; eso lleva a la inacción. Es necesario no perder el pulso a las comunidades, escuchar a nuestros comuneros y comuneras, los anhelos de los jóvenes y las demandas de nuestros abuelos.

Algunos elementos claves para nuestras fuerzas:

  1. Desglosar con qué se cuenta de forma objetiva: nivel de organización, legitimidad discursiva, apoyo internacional (punto crítico) y herramientas digitales, y seguir promoviendo el descontento en la oposición hacia su liderazgo.
  2. Entender que el enemigo también comete errores: los errores estratégicos y sus fracturas son vitales para recalibrar la propia fuerza. A Trump se le puede derrotar. No olvidemos que Lula es presidente gracias a la movilización y a la lucha popular.
  3. Incorporar nuevas bases: Saber incorporar a nuevas juventudes y sectores sociales inyecta dinamismo y rompe la inercia del pesimismo. La lectura de la pasada Consulta Nacional Popular debe darse para entender qué significó la participación de las Juntas de Condominio y Asociaciones de Vecinos.
  4. Utilizar herramientas científicas de medición: Encuestas cualitativas, análisis de redes, entre otras, sirven para tomar decisiones basadas en datos reales y no en el miedo o la percepción subjetiva. No nos referimos a esas encuestas que se contratan para que nos digan lo que queremos escuchar. Experiencias como GIS XXI deben volver para entender aquello del chavismo como identidad política. Hay que armarse con la luz para vencer la oscurana.

La campaña oficial de MCM iniciará el próximo 14 de enero en Barquisimeto; mientras tanto para que el guion no se quede nuevamente en letra muerta, retomar la calle es lo inmediato: esta aventura terminará siendo una trampa sin salida para la oposición.

¿El Chavismo? Lo nuestro es la calle, la patria es el hombre. Así lo hemos demostrado durante todos estos años. Más organización, más movilización. Y por supuesto, aquello a lo que los gringos le siguen colocando obstáculos, resolver el problema diario del venezolano de a pie, que aquello que gane le alcance para llegar con bien a fin de mes.

“Si la lucha por la libertad se dispersa, no habrá victoria popular en el combate.”
— Alí Primera

COLUMNA «DESCIFRANDO EN ROJO Y NEGRO» • SERVIRALPUEBLO.ORG

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.