“Hermano que tienes muy sanos los ojos
y, no obstante, a ciegas por la vida vas,
para ti en el hueco de mis manos, ¡mira!, traigo luz. ¿La quieres?… Es luz de Verdad.”
Un poema corto de la argentina Vicenta Castro Cambó.
¿De dónde volverá la luz?, usted googlea esta frase y solo le aparecerán noticias vinculadas a los apagones eléctricos, “Restablecidos por completo el suministro de luz en La Gomera”, “El subsecretario de Energía Eléctrica, Santiago Yanotti, confirmó que se está restableciendo el servicio en todo el país” y hasta con veneno, “El Gobierno chavista anuncia cortes de luz de hasta nueve horas diarias en varios Estados por un plan de mantenimiento”. En una conversación con el amigo, el Profesor Gregorio Javier Pérez Almeida, nos decía que la luz, en Venezuela viene del Gurí y que existen distintas fuentes de las cuales Latinoamérica se alimenta, incluyendo la nuclear, pero nos recordaba que la luz que ilumina no a los edificios, las casas y las calles, sino la que es un faro para la historia, proviene de la consciencia popular, “y esa vaina es energía renovable, pero no brota natural, sino socialmente y por eso sólo los liderazgos verdaderos, telúricos como los de Perón, Fidel y Chávez -por nombrar sólo a tres de por aquí- pueden hacer que brote de manera firme y continua”.
En el caso nuestro, el venezolano, nos dice Pérez Almeida, “se les ha puesto duro de matar, no porque sea de hierro, sino porque Chávez caló profundo en la cultura y consciencia política popular al revivir el pensamiento, la doctrina y la gesta heroica de Simón Bolívar, el más grande de América y, lo más importante para estos países, encendió con el combustible bolivariano las llamas del «fuego sagrado» de la unidad nacional y latinoamericanocaribeña en el campo militar, lo que Nicolás ha sabido continuar. Y como los gringos no logran desentrañar nuestra indioafrosincrasiallanerocosteraandina, nos pone en bandeja de plata el contencioso Esequibo y ayer, en simple simulacro, recibió tal apoyo popular que presagia, no, el resultado del Referendo Consultivo del 3 de diciembre, sino el resultado de las elecciones presidenciales del 2024. ¡Vivan Chávez y Maduro!”.
“Los hijos del fascismo no son locos ni odiadores. Los hijos del fascismo tienen un plan”, nos señalan, Ana Berezin y Lila María Feldman, psicoanalistas argentinas, en un artículo titulado “Los Hijos del Fascismo”, publicado en un medio de Argentina, “Página 12”. Un plan que para que se materialice necesita de los votos, en el caso de Milei, lo ha logrado no solo sobre el odio, al peronismo, al kirchnerismo o en nuestro caso, al Chavismo, es especial montado sobre “el hartazgo de que la política”, nos dirá algo, aquellas frases que son lugares comunes entre miles de ciudadanos en Latinoamérica y el mundo, “Estoy cansado de la política”, “Soy anti político”, son conceptos que, para el plan global ultraconservador, resultan rentables y provechosos.
“No es locura ni inteligencia artificial, sino inteligencia y cordura humana, lúcida, orientada en tiempo y espacio y no afectada por delirios ni alucinaciones”, es una buena idea que nos acerca a una mejor comprensión sobre el Plan de una corriente ultraconservadora que se mueve por todo el mundo y que ha puesto su objetivo inmediato sobre Latinoamérica. María Corina Machado no está loca sino bien cuerda. Hace un mes publicábamos bajo el título “Plan Cóndor 3.0, el rearme ideológico de la restauración conservadora”, una reflexión que apuntaba a señalar como a través de grandes tanques de pensamiento esparcidos a lo largo y ancho del mundo, apoyados desde las grandes cadenas de noticias, esas transnacionales de la mentira y la desinformación, “trazan la línea entre el mal y el bien, entre quienes protegen con sangre un modelo de democracia y aquellos que colocan sobre la sociedad nuevas alternativas”. Una de las aristas del plan, es el rearme ideológico para mantener la idea de la “democracia liberal”, amenazada por “castas” le han dado la espalda al ciudadano común. Es un error que se apunte hacia “las nuevas técnicas del neuromarketing político” en el análisis para justificar la miopía previa al desastre.
No es un problema solo de redes sociales, de algoritmos y demás hierbas, es, en esencia, la ejecución de un plan de los sectores ultraconservadores a escala global que nos está ganando la partida en el campo ideológico. Y que además cuenta con la pérdida del olfato político y una desubicación en el espacio-tiempo de las fuerzas de izquierda, desarraigadas además del Movimiento Popular. “Una izquierda diluida en la búsqueda de un centro y un progresismo que se rinde ante la promesa de la ilustración que coquetea con el otro extremo conservador”, es sobre las masas de trabajadores, los pobres y la juventud, donde se orienta la apuesta de esta banda ultraconservadora, agrupada en espacios como IDEA, “AVANCE”, RED ATLAS, Disenso, Fundación Libertad y demás conclaves del pensamiento ultraconservador. Recordemos, “¡Cuatrocientas fundaciones dedicadas a mellar y torcer la voluntad del trabajador y del pobre!”.
Volvamos nuevamente a las sabias palabras de las psicoanalistas argentinas, pero esta vez desde la mirada de otro trabajo titulado, “No se llama locura, se llama fascismo”: “Se trata, diríamos, de la presentación precisamente elaborada y diseñada con sumo cuidado, del desborde fascista, de su espectacular imagen que atrae y seduce con su poder hipnótico. El fascismo se viste de espectáculo, ello no es nuevo, aunque ahora recurra a la tecnología y la ingeniería más sofisticada. Siempre ha tratado de valerse de los dispositivos que el poder tecno-mediático y médico-científico ofrece. Hoy son las fake news y tik tok y las terapias que difunden y proponen anestesia y adaptación para subjetividades mercantilizadas”.
Y más adelante, en el mismo trabajo de Ana Berezin y Lila María Feldman, sostienen: “El fascismo sabe leer muy bien el momento en el que puede resurgir, el fascismo lee bien y mejor aún actúa con lo que ha leído. Quiere volver a escribir las páginas de los libros de historia, ama como nadie ese título que le calza perfecto: el fin de la historia. El fascismo se alimenta de desamparo, de desesperación y de incertidumbre, en ese terreno sabe crecer firme y fuerte. Allí florece. Allí también siembra y construye su figura necesariamente antagónica: el chivo expiatorio y demonizado al que promete exterminio. Judíos, negros, subversivos, palestinos”. Y casi, a manera de angustia, nos terminan de sentenciar, “No es la locura el peligro, sino la cordura fascista”.
Otro argentino, de nombre Pablo Stefanoni, quien escribió el libro “¿La Rebeldía se volvió de derecha?”, escribía recientemente al superar la hora oscura del ascenso de Milei al poder que el discurso de este logró conectar “con un espíritu de «que se vayan todos», a punto tal que logró convertir aquella consigna, lanzada en el año 2001 contra la hegemonía neoliberal, en el grito de guerra de la nueva derecha”. Y en esto anda este movimiento ultraconservador global. En Argentina, votaron a Milei porque su discurso que se diluyó entre la rabia de la gente ante la situación actual y un nuevo anhelo de esperanza de un sector de la población a la que la izquierda no le decía nada (no le dice). Fue un voto a lo nuevo, aunque esto, como señala Stefanoni, fuese un salto al vacío. Y es que el Plan ultraconservador global busca una narrativa nueva para jalar a los sectores de la sociedad que anteriormente hicimos referencia, aunque en el fondo estén repitiendo los viejos esquemas neoliberales.
Incluso, al escribir este trabajo, el subconsciente me interpela, sabrá la juventud que voto por Milie en Argentina o la que es seducida por Maria Corina o la que sucumbió ante un Bolsonaro o un Bukele o un Trump, lo que es el Fascismo. Y corriendo un poco más la arruga, el ciudadano de a pie sabrá -¿le interesara?- leer o escuchar el llamado de alerta previniendo el peligro que nos asecha con los Mileis en el mundo. Siento que corro el riesgo de escribir para el espejo o para quienes piensan como nosotros y no para aquellos que están siendo asechados por el Plan ultraconservador global.
La politóloga austriaca Natascha Strobl, realizó un trabajo que lleva por título, “La nueva derecha. Un análisis del conservadurismo radicalizado”, en este libro se expone como la derecha extrema se ha ido transformando en busca de captar una nueva mayoría: “Asumieron la posición gramsciana de que, para conseguir una verdadera transformación política, era preciso cumplir un requisito previo: lograr una aceptación social amplia. En tal sentido, asumieron que la derecha precisaba construir una hegemonía cultural y social, y no solo acceder al poder. Tomaron, asimismo, la noción gramsciana de «bloque histórico» y la utilizaron para sus propias motivaciones”. Este es un análisis que corresponde a los movimientos o partidos de la extrema derecha o del conservadurismo radical de la vieja Europa, pero que ha servido de guía para comprender la expansión global ultracomservadora, en especial hacia lo que han llamado la “IBEROSFERA”.
El triunfo de Milei en Argentina, el empuje de Bukele por ser reelecto contraviniendo el marco constitucional, la disputa a lo interno del MAS en Bolivia con la posibilidad de originar un boquete por donde se cuelen los Camacho Vaca, la certeza en que Chile apruebe una nueva constitución con signos más conservadores que la impuesta por Pinochet, la posibilidad real que Trump retome el poder en los Estados Unidos o la puesta en marcha del “Plan Hasta el Final” de María Corina Machado, con el objetivo de alcanzar Miraflores y aniquilar el Proyecto Bolivariano, colocan a Latinoamérica en una encrucijada.
Debemos entender que estamos en el medio de una lucha ideológica, política, económica e incluso militar de los grandes Estados que defienden la democracia y la libertad occidental y que junto a los Estados Unidos se niegan a ceder el dominio del mundo, ante una civilización cada vez más multiplural. El año 2024 promete convertirse en el año más largo del incipiente Siglo XXI. Que tal como hemos expuesto anteriormente, hay que ponerle atención al tema militar en este Plan de los ultraconservadores con escala global. Tan solo pensemos en el próximo despliegue militar que habrá sobre Latinoamérica y el Caribe; el redespliegue de fuerzas militares en Haití para “pacificar” las tierras de Petión y el despliegue de fuerzas militares estadounidenses en los ejercicios Southern Fires y Southern Vanguard o los ejercicios militares adelantados por el Comando Sur en Guyana. Un proceso de recomposición de las fuerzas ultraconservadoras no va de la mano de los boy scouts o de la mano de la orden religiosa, “La Soberana y Militar Orden Hospitalaria de San Juan de Jerusalén de Rodas y de Malta”.
¿Cómo salen los pueblos de esta encrucijada? ¿De dónde volverá la luz? No tenemos duda, por un lado, la movilización popular con la calle como el escenario para la conquista y la defensa de los derechos políticos, culturales, sociales y económicos. Procesos como el vivido el pasado domingo en Venezuela, donde la movilización popular alrededor de un simulacro electoral, colocó la vara alta de cara al Referéndum Consultivo por El Esequibo, en otro ejercicio de soberanía popular, que convocará a los venezolanos el próximo 3 de diciembre. Y por otro lado, la generación y formación de nuevos cuadros políticos capaces de dirigir, gestionar, gobernar y enfrentar las agresiones diseñadas desde Washington para frenar a los gobiernos sustentados en la fuerza popular. Hombres y mujeres, jóvenes, con capacidades técnicas y políticas que estén para el pueblo, por el pueblo y con el pueblo, en resumen, que tengan como máxima divisa, servir al pueblo. No solo podemos esperar que el pueblo resista las embestidas del Plan ultraconservador, es necesario, que el dirigente, el gobernante, esté a la altura de las circunstancias y en la misma trinchera de quienes enfrentan el día a día.
Hace poco Andrés Manuel López Obrador, en su acostumbrada rueda de prensa, comento su posición sobre el triunfo de Milei, calificándolo de un “autogol”, y señalando que son momentos de definición, “nada de medias tintas”, y continuaba diciendo: “¿Cómo se escurrían? ‘Yo no estoy con ningún partido’. ‘Yo soy de la sociedad civil’. ‘Yo soy independiente’. No, ahora son momentos de definición y eso es muy bueno (…) ¿qué democracia puede haber, si el que va a gobernar ya está pensando en proteger sólo a una minoría? Eso no es la democracia, la democracia es el gobierno del pueblo, para el pueblo y con el pueblo. Por eso son tiempos de definiciones.”.
