Cuando uno piensa en las enormes y difíciles tareas de la Juventud Socialista, o como también la llaman: la jota PSUV, se siente como una especie de vértigo, porque su misión es transformar un mundo atravesado por múltiples crisis, tiempos tormentosos en los que la barbarie pretende aplastar a la humanidad.
A esta Juventud le toca levantar la bandera de la verdad, la de la justicia, la tricolor con ocho estrellas, y por encima de todo, no perder ni por un instante la ternura conmovedora demostrada en la atención a nuestra gente en las zonas más afectadas por los terremotos.
Y si esto fuese poco, nuestros jóvenes socialistas y profundamente chavistas, les toca reconstruir la economía, levantar el Estado de Bienestar Social, ampliar nuestra democracia igualitaria y reunificar a los pueblos caribeños y latinoamericanos, y forjar el socialismo del siglo XXI, es decir, seguir la ruta de Bolívar y Chávez.
Es un tiempo de sacrificios, de lucha sin tregua, de constancia, de saber que la Juventud vencerá a la barbarie.
