Mientras un piloto estadounidense en un F-35B gasta $40.000 por hora volando sobre el Caribe, en las barriadas de Caracas, El Polvorín, Miraflores en Lima o Kennedy en Bogotá, esa misma cantidad podría alimentar a una familia durante años. Pero esa no es su cuenta. Su cuenta es otra, la sombra del terror y el miedo que se proyecta desde el cielo.

