Un solo destino: la victoria.

¡Proletarios del mundo, uníos!

​»Hoy mi deber era cantarle a la patria, alzar la bandera, sumarme a la plaza».

Silvio Rodríguez. Canción «Hoy mi deber», álbum Unicornio, 1982.

​»En cuanto a la paz y unión que tanto desea el gobierno constitucional de la monarquía, responderé: que la paz es nuestro más ardiente voto, como la unión con la España nuestro más cruel suplicio; porque sin la independencia, la guerra y aun la muerte misma nos es más dulce que la amistad con nuestros destructores».

Simón Bolívar. Carta de Bolívar a Morillo, 1820.

​Amanecer del 1° de mayo. Temprano sintonizo la televisora cubana Cubavisión Internacional (CVI) para presenciar una marcha histórica en defensa de la patria cubana y, me atrevo a señalar, de la humanidad entera. Cuatro frentes de marcha —recordando los frentes guerrilleros que dieron la victoria a los «barbudos» del Moncada”— confluyen en la Tribuna Antiimperialista en el Malecón de La Habana, frente a la sede de la Embajada de los Estados Unidos (antigua Oficina de Intereses) en el barrio del Vedado. Miles de cubanos y cubanas, con la luz del amanecer y desde las 6:00 a. m., han salido a la calle a defender su soberanía y su socialismo.

​Esta mañana, durante toda la transmisión de CVI, me ha acompañado la imagen captada por el lente de @nawseas, tomada el día de ayer durante la llegada de la peregrinación a Caracas para exigir el cese del bloqueo y de las sanciones que golpean al pueblo trabajador, así como la liberación de Cilia y Nicolás, secuestrados desde el 3 de enero en medio de la intervención militar gringa. Con esta imagen que acompaña nuestro reciente trabajo, van también las palabras de comuneros y comuneras de la parroquia San Juan en Caracas, quienes luchan a diario por defender la patria, la paz, la justicia y la equidad desde la organización comunal.

​En una imagen que trasciende el momento y la geografía, el rostro de una niña venezolana se convierte en un espejo conmovedor de la realidad actual. Al sostener con firmeza la bandera tricolor, con sus ocho estrellas y el escudo de armas, esta pequeña encarna la voluntad de un país que se aferra a su soberanía como una identidad innegociable. Detrás de ella, un girasol se eleva como un faro de luz natural, un símbolo de esperanza que busca el sol incluso en las condiciones más adversas. Esta imagen es un retrato sin palabras de una generación en tensión; un pueblo que mantiene la dignidad y la capacidad de soñar en medio de la tormenta histórica.

​Esta mirada, que oscila entre la inocencia de la infancia y la seriedad de quien comprende su entorno, es el testimonio de la Venezuela de hoy. Es un país de contrastes donde la identidad nacional y la esperanza son el motor de la resistencia. La niña y el girasol no son solo una escena capturada por quien entiende el momento que vivimos en cada movilización —donde siempre está presente el «capitán de la dignidad», Diosdado Cabello—, sino también un recordatorio de que la verdadera riqueza de la nación reside en su gente y en la promesa inquebrantable de libertad que llevan consigo hacia el futuro.

​En mi opinión, la historia no es una línea recta, sino un círculo que se ensancha en las esquinas de Caracas, específicamente en la parroquia San Juan, con la que he tenido un acercamiento personal y especial. En sus marchas y contramarchas, el eco de la pólvora de 1820 parece mezclarse con el vapor de los puestos de café. El 3 de enero de 2026 quedó marcado en los anales de la infamia como el día en que la prepotencia del hegemón intentó decapitar la voluntad nacional. En relación con este hecho, San Juan se ha convertido en un microcosmos de la resistencia; allí se siente que la gente no solo vive, sino que «aguanta» con una dignidad que roza lo mítico.

​A las 7:43 a. m., siguiendo la marcha del 1° de mayo en Cuba con la llegada de los cuatro frentes, pienso en la conversación con dos camaradas: es necesario persistir en el rescate de la palabra de Simón Bolívar, esa que el Comandante Chávez levantó y llevó al sentir del pueblo llano. El Libertador sabía que la paz sin independencia es apenas un «cruel suplicio». Hoy, el vecino de San Juan repite ese mismo sentimiento: la muerte es más dulce que la amistad con nuestros destructores. Pero esta lucha no es solitaria ni aislada; es una corriente profunda que recorre el Caribe y une a los pueblos que han decidido ser dueños de su destino.

El llamado del 1° de mayo es una trinchera común. Bajo esa superficie de «como vaya viniendo, vamos viendo», late un núcleo de hierro que se manifiesta hoy con fuerza continental. El espíritu de resistencia de San Juan se funde con el llamado que resuena desde la Cuba que hace suyo el centenario del Comandante Fidel. “Marchemos unidos: trabajadores, campesinos, estudiantes, intelectuales, artistas, deportistas, cubanas y cubanos todos, contra el bloqueo genocida y las groseras amenazas imperiales a nuestro país”, fueron las palabras del primer secretario del Partido Comunista de Cuba y presidente de la República, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, en la víspera de este viernes.

​Esta convocatoria no es ajena al sentir venezolano. “La patria se defiende en calles y plazas, este viernes al amanecer”, nos decía el presidente Díaz-Canel. Y hoy, mientras el pueblo venezolano se mantiene firme, desfila también el pueblo cubano con valor, en defensa de los derechos y principios revolucionarios, formando un bloque regional soberano y antiimperialista.

​Ese también fue el llamado de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC) en la convocatoria a la gran movilización, una consigna que bien podría haber nacido en las comunas de San Juan: “Defender el país desde el surco, las fábricas, las aulas, los centros científicos, termoeléctricas, hospitales, la cultura y el deporte; desde cada trinchera de combate”.

​En este contexto, frente a la intervención extranjera, la respuesta no ha sido el pánico, sino una suerte de «realismo mágico» político. Entre diversas creencias, tanto ateos como religiosos en Caracas han llegado en peregrinación. Mientras el enemigo cree tenernos cercados, la comunidad se organiza y el trabajador sigue luchando. El sacrificio del «Comandante Eterno» y la valentía del «Presidente Obrero» han germinado en una conciencia de soberanía que no conoce fronteras. Estamos ante un escenario donde la diplomacia del horror intenta doblegar a la diplomacia de la dignidad.

​La resistencia en San Juan, al igual que la movilización en las plazas de Cuba y en su Malecón, no es solo una postura política; es un valor heroico heredado de Bolívar y Martí. El momento actual es un monumento de civilización frente a la barbarie imperial.

​Para finalizar, a las 8:26 a. m., mientras la movilización en La Habana aún busca el encuentro de los cuatro frentes en la Tribuna Antiimperialista, esta vez, con el Comandante Raúl Castro al frente, solo queda decir que, aunque la «fiera» intente asfixiarnos, nuestros pueblos tienen claro que la libertad se escribe con sangre, sudor y la terquedad de quien sabe que por su tierra se da todo. ¡Cuba y Venezuela se alzan hoy por los pueblos, contra los odios que al mundo envenenan! En suma, la victoria es, y será siempre, el destino inevitable de los que no saben rendirse.

¡Asere, seguimos resistiendo!

Miguel Ernesto Salazar

Profesor en Geografía e Historia. Militante del Partido Unido Socialista de Venezuela. Miembro del Equipo Editorial de la Revista Pueblo En Armas.